Comercio sexual, prostitución o trata, un paradigma de vertientes que viven muchas mujeres

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La Doctora en antropología y etnóloga   Marta Lamas compartió un estudio sobre las trabajadoras sexuales, desde  su postura feminista,  ante las personas que pretenden erradicar toda forma de comercio sexual y que desde su punto de vista está contra los derechos laborales de quienes se dedican a esta actividad.

Expone que, hay dos posturas con respecto de este tema. Hay quienes consideran que en este campo  existe la  explotación sexual, donde  se  denigra y violenta  a la mujer, y como consecuencia se propone  y se invita a  abolirla. Existen quienes piensan que es un trabajo que necesita ser regulado y que deben examinarse los derechos laborales de quienes se reconozcan como trabajadoras sexuales. Debe existir una organización gremial, que sea elaborada por las mismas sexoservidoras para que tengan mayor seguridad.

Quienes tienen esta línea laboral por lo general o casi siempre, no se les escucha en sus demandas, necesidades o situaciones complicadas por su misma actividad, debido a que culturalmente es un sector estigmatizado y devaluado. Viven discriminación y oídos sordos ante sus reclamos políticos y anhelos de justicia. Existen sólo espaldas y puertas cerradas.

 

 

 

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En la última década se han incrementado los calificativos a su persona, como prostituta o puta y, al mismo tiempo, creen que pueden salvarlas diciendo que son víctimas y quieren redimirlas. Mientras que ellas sólo quieren ser reconocidas como trabajadoras sexuales, mostrando ese aspecto simbólico de su lucha política.

Actualmente es palpable el crecimiento de esta ocupación y lo próspero que es para muchas personas, lo que hace que los economistas se interesen en publicar trabajos poco conocidos del mercado sexual. Donde no solo se expresa un fenómeno económico, sino una cultura transformada de la mano con la liberación de las costumbres sexuales, esto ha favorecido la expansión de industrias sexuales como shows de sexo en vivo, masajes eróticos, table dance y strippers. También los servicios de acompañamiento (scorts), sexo telefónico y turismo sexual, (Berstein 2007).

Determina que,  a pesar de  los impactos en la creencia de que están asociadas al sida y la droga, la industria mundial genera millones de empleos atrayendo igual a millones de clientes. Dentro de  estas empresas existen,  quienes se dedican al negocio de la trata.

Las feministas  que han reflexionado sobre el comercio sexual, se han dividido, ya que, una parte está de acuerdo y considera que es un trabajo de libre decisión  y la otra que considera esta actividad como explotación y coerción. También hay un grupo de mujeres que considera que éstas no deciden escoger este trabajo, que son engañadas y orilladas por traumas infantiles de abuso sexual, o que muchas lo hacen porque genera una alta economía a sus bolsillos.

Se considera que muchas mujeres por el desempleo, y la falta de oportunidades, ven como una salida este negocio, que les va ofreciendo flexibilidad y mayores ingresos a los que podría conseguir en un trabajo diferente.

La Organización Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer reveló que en la Ciudad de México se han duplicado las trabajadoras sexuales, de 7,700 que eran antes de la crisis  económica que se ha ido viviendo, pasó a 15 200 en la actualidad. La mayoría retoma por los pocos recursos que tienen. El desempleo de la pareja y la necesidad las hace regresar. La pandemia agudizó esta falta de empleos lo que desembocó en un incremento en el comercio sexual.

“En nuestro país, prostitución y trabajo sexual son sinónimos, y el matiz entre ambos es de orden simbólico: hablar de prostitución valida el estigma, mientras que hablar de trabajo sexual introduce un giro político y de derechos”, puntualiza la etnóloga.

Expresó la especialista que  el lenocinio y la explotación sexual existen y, no necesariamente puede considerarse que es la trata, sino el aprovechamiento económico. La palabra trata denota captación, traslado, retención de una persona contra su voluntad sin que pueda liberarse de la zona en que está siendo obligada a trabajar, ya sea por amenazas o deudas. Otros factores que pueden ser promotores son el engaño, la coerción y la subordinación. En cuanto al concepto “trafico” referente al cruce de fronteras, con el consentimiento de los migrantes, con la característica de la ilegalidad, vemos que hoy también se le considera trata.

En 2014 se les reconoció como trabajadoras no asalariadas por una jueza federal que ordenó a la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo del Gobierno de la Ciudad de México, otorgar a las sexoservidoras callejeras. Y esta resolución ha  demostrado ser una excelente estrategia para combatir la trata.

La Coalition Against Trafficking in women (CATW) es una institución que lucha contra la trata, y sus pretensiones son, la eliminación del comercio sexual, argumentando que la prostitución estimula el tráfico.

La Global Alliance   Against Trafficking in Women (GAATW) distingue entre trabajo y tráfico de personas, como una estrategia de prevención y combate a la trata de trabajadoras sexuales, a través de la regulación de sus derechos.

“No hay que idealizar en automático, ni condenar a priori el trabajo sexual;  hay que  investigarlo,  documentar sus varias expresiones y reflexionar acerca de las opciones –o ausencia de ellas- que hacen que  esta forma de subsistencia sea elegida por cientos de miles de personas en nuestro país. E insisto, lo fundamental es escuchar lo que dicen las propias trabajadoras sexuales y debatir públicamente acerca de las nuevas formas que toma el trabajo sexual, visualizando que éstas no siempre implican degradación y/o violencia, sino al contrario, que con frecuencia suponen una oportunidad para hacerse de un capital, sostener mejor a la familia y lograr una cierta autonomía”, concluyó la doctora Marta.

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