Suicidio: tercera causa de muerte en jóvenes entre 20 y 25 años

  • Suicidio: tercera causa de muerte en jóvenes entre 20 y 25 años

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El suicidio es un problema de salud pública que debemos considerar muy importante, ya que éste muy a menudo ha sido descuidado, porque se ha visto rodeado de estigmas, mitos y tabúes. En cada caso de inmolación no sólo se ve implicado el hecho en sí, pues es una tragedia que afecta de manera exponencial no sólo a los individuos, sino a sus familias y entornos.

Cada año más de 700, 000 personas en el mundo  se quitan la vida tras numerosos intentos de suicidio, esto nos da una muerte cada 40 segundos. Se considera que desde que la Organización Mundial de Salud (OMS)  declaró al COVID 19 como una pandemia en marzo del 2020, fue en aumento la cantidad de personas que experimentaron pérdida, sufrimiento y estrés.

El Psicólogo Miguel Ángel Macías Poceros afirma en entrevista, que durante esta pandemia se han incrementado las afectaciones emocionales en las personas debido a la pérdida de  un  ser querido impactando  su día a día, debido  a que no saben cómo  manejar  su duelo, provocando en muchos ideas suicidas y posiblemente hasta suicidios consumados.

 

 

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Es de suma importancia centrarse en la prevención del suicidio, creando vínculos sociales, promoviendo la toma de conciencia y tratando de ofrecer una esperanza. Es indudable que acercarse a los seres queridos por su salud mental y bienestar, podría salvarles la vida.

En marzo del 2021, en el tercer informe regional sobre la mortalidad por suicidio, se reconoce que este problema sigue siendo una prioridad de salud pública en la región de las Américas, considerando que el suicidio puede ser prevenible si se atiende oportunamente.

La OMS lanzó una guía de implementación llamada LIVE LIFE (vivir la vida, en inglés y francés) en junio del 2021, como una forma de prevenir el suicidio en todo el mundo, con un enfoque multisectorial para involucrar a la sociedad y partes interesadas en un esfuerzo de colaboración.

En la región de las Américas se notificó  un promedio de 81.746 muertes por suicidio entre el 2010 y 2014, de América del Norte y el Caribe no hispano superior a la tasa regional, alrededor del 79 por ciento ocurre en hombres, siendo tres veces más que el suicidio en mujeres.

El suicidio es la tercera causa de muerte entre los jóvenes de 20 a 24 años en las américas; las personas de 25 a 59 años tienen la tasa más alta de la región, seguidas por los de 70 años. Lo que hace que sea la quinta causa más importante de AVAD (años de vida ajustados por discapacidad) en las Américas.

Para abordar la complejidad de las ideas suicidas, se debe comenzar a identificar los factores de riesgo y de protección, quienes  abarcan, desde los sistemas sanitarios y la sociedad, hasta niveles comunitarios, relacionales e individuales. Entre ellos se encuentran las barreras de acceso a la atención de salud, las catástrofes, guerras y conflictos o intentos de suicidio.

Todos estos factores suelen actuar de forma acumulativa que va aumentando provocando la vulnerabilidad de la conducta suicida. Aunque la relación entre suicidio y trastornos mentales está bien establecida, existen otros factores que pueden incitar a realizar este acto de forma impulsiva en momentos de crisis, como una pérdida económica, de  un ser querido, vivir un abuso, etc.

Afirma el psicólogo Poceros que hay tres aspectos generales que pueden ayudar a clarificar desde dónde se conciben determinadas ideas suicidas, la primera tiene pensamiento altruista suicida,  donde el individuo está convencido de que  su muerte va a beneficiar a los que le rodean, en la mayoría de los casos a su familia. Un ejemplo sería el de un  esquizofrénico que tenía una hija, y siempre soñaba que le hacía daño al igual que también lo hacía a  su esposa, motivo suficiente para decidir acabar con su vida antes que lastimar a sus seres queridos. También puede ser alguien que  sienta que no cumple con las necesidades y expectativas de su pareja e hijos y esto lo lleva a pensar que están mejor sin él, pero existen muchas más y variadas circunstancias para llevarlo a cabo.

Otro aspecto es el suicidio por egoísmo consiste particularmente en pensar que el mundo no le alcanza, no le es suficiente, no lo merece, frases como no tolero ni soporto a nadie, todos me son repulsivos o distantes,  una situación donde siente que no pertenece a ninguna esfera social, lo que ponen en su mente no era lastimar a los demás, sino así mismo porque el mundo le era incómodo, aunque este tipo es el menos común.

El que prevalece es aquel que tiene una forma de pensamiento más frecuente, es el  que  se refiere al estado de ánimo mismo que va mermando de tal forma que  cae en la desesperanza y esta es la que se considera  uno de los factores que  mantiene vivos a los seres humanos, aun  considerados saludables, puntualiza el académico.

Aunque la relación entre suicidio y los trastornos mentales está bien establecida, muchos de estos actos, también pueden producirse de manera impulsiva en momentos de crisis, ya sea pérdida económica, de un familiar o de la autoestima. Algunos factores de protección son las relaciones sólidas, las creencias religiosas o espirituales y las estrategias  de afrontamiento y prácticas de bienestar positivo.

Comenta el psicólogo Miguel que este desaliento y fracaso de las perspectivas, lleva a la frustración y graves estados anímicos, nueve de cada diez hombres refieren  que la parte de la derrota les hace sentir que han fallado a la familia, a la pareja,  a sí mismo, lo que conlleva a pensar que merecen un castigo, y este puede ser el terminar con su vida.

Los adolescentes comienzan a dar indicios cuando éstos se borran de las redes sociales con la finalidad de anularse, es como si de alguna manera quisieran desaparecer del mundo, esto puede suceder con manifestaciones depresivas, hay que estar atentos porque pueden existir entonces semillas  de acumulación depresiva, estados ansiosos y frustraciones, pérdida del sentido a la vida llevándolos a ideas suicidas. Se piensa que quien quiere acabar con su vida lo hace de la noche a la mañana y no es así, vienen de caer en una desesperanza misma que no pueden volver a construir. Es importante también determinar dónde están  sus construcciones, si  los que están sufriendo o de alguien más, puntualiza Poceros.

Por lo que mitigar los factores de riesgo para evitar en la medida de lo posible estos actos y potenciar los factores de protección para fomentar la resiliencia, harán posible una disminución eficaz en las tasas de suicidio. El suicidio impulsivo puede prevenirse restringiendo el acceso a los medios letales, sin embargo, se observa  que este tema no ha sido abordado de manera adecuada en el mundo debido a la falta de conciencia, empatía y preocupación de que es un problema de salud pública. El reto es real y hay que tomar medidas, opina la OPS (Organización Panamericana de la Salud).

Puntualiza el académico que existe miedo ante una idea suicida, siendo un tema complejo, pues no se considera destructiva, en ella existe un peso social, se  suma la vergüenza, negación y rechazo, incluso antes que el dolor, Muchas veces este hecho se presenta más como un “fue asesinado”  y no como lo que es, alguien que se quitó la vida, misma que pudo ser ideada, no sólo en sus  mentes, sino en sus actividades,  dando indicios de que algo va mal, de una manera pasiva como dejar de comer, dejar de fumar o hacerlo en exceso, no dormir, aislarse o salir a la calle más tarde, dejar de cuidarse, no bañarse, alejar a sus amistades.

Lo que debe entenderse es que hay que tratarse como lo que es, una enfermedad que se involucra más en lo anímico, dejar de decir frases como “échale ganas, hazlo por tus hijos, por nosotros, o por mí”, esto es un error porque se piensa que el anclaje  y sentido de vida de una persona es para alguien o para algo, y sólo debe ser para quien lo sufre.

Se debe respetar, acompañar y evitar las respuestas bloqueadoras, cómo dar ejemplos de situaciones que vivimos nosotros y que creemos son igual de dolorosas que las que ellos están viviendo, no contradecir, no ser directivos ni impositivos. Se sabe que un consejo no pedido es una invasión y una ayuda no solicitada es una agresión, frases como “en el momento en que pensaste suicidarte, imagino fue un momento de mucha desesperación”. Se debe evitar la sobreprotección y la sobre exigencia, ya que pueden ser factores que invitan a tomar un decisión que los vulneren.

Reconocer que no se deben cumplir las expectativas del otro o del entorno. Los hombres se suicidan más que las mujeres, 8 de cada 10 lo hacen, y  la invitación está en  no saber ni poder liberar las emociones por los estereotipos y modelos que impactan en ellos y por los que han sido educados.

En la depresión, no sólo es perder, sino también es ganar neurosis, pensamientos disfuncionales, donde lo peligroso es, qué tanto se vuelven un objetivo, una certeza, ya que pudo haberse dado apoyo, medicamento y aun así haber cometido suicidio; todo se basa en la determinación y claridad con que tenían sus objetivos.

El 70 por ciento de la población que acude a un servicio de salud pública llega a presentar depresión moderada a severa, situación que no es aceptada pues es una vergüenza sobre todo para los hombres, ya que lo consideran propio de la mujer, es que no aceptan esta condición y lo relacionan al estrés y frustración.

Se considera que la depresión es transgresora, violenta e impulsiva, porque si sólo fuera tristeza la gente no se suicidaría, ni habría crímenes pasionales o desates posesivos.

Los niños también se suicidan, por ejemplo niño de 8 años se cortaba las pestañas, se laceraba, gritaba pidiendo ayuda, tenía conductas de riesgo, estaba desesperado, con un padre adicto y una madre preocupada por el esposo, junto con  un abusador, que lo mantenían en una depresión severa, afortunadamente tuvo el apoyo de terapia, su abuela y tía, lo que no sucede regularmente para muchos niños en su condición. Considera Poceros  que la depresión infantil está yendo  al alza, siendo una situación grave que debe tratarse, es momento de empezar  a concientizar y recapitular el acompañamiento con nuestros hijos.

Es hacerse  presente con el deseo de estarlo, sin protocolo, estando con él donde él quiera estar, y no donde el otro quiera, nunca aseverar que se sabe lo que está sintiendo, frases como “me ha parecido verte un poco más ausente y callado, me llama la atención y me gustaría saber si yo puedo hacer algo por ti” permitiendo que el otro se exprese de manera libre y sin presión.

Es un “puedo ayudarte”,  no es dar consejos, ni decir “las cosas van a estar bien”, porque precisamente porque no lo están es que sufren depresión; la persona está desesperada, en todo caso es un “yo estoy aquí y podemos buscar ayuda juntos”, concluye el psicólogo.

Por aquí una liga para atención psicológica y ayuda, para quien quiera apoyar a alguien o para quien quiera recibir la ayuda.

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