Violencia y agresión. Dos actitudes diferentes que vulneran a las mujeres

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Violencia y agresión son palabras que vienen a perjudicar nuestra sociedad, y que marcan la inseguridad que viven mujeres y hombres, hechos que generan apegos vinculados que violentan a las féminas, pero que han dejado una huella con un tinte especial en el sexo femenino; tales como miedo, impotencia, agresión verbal,  complacencia y como el más agravado, el feminicidio.

La violencia tiene que ver más con aquella que es aprendida, ya que es una construcción social; mientras que la agresión tiende más a una naturalidad propia del ser humano y es transformadora. Gracias al ímpetu es que se tiene un impulso hacia la vida, por ejemplo: Lograr una meta biológica. Menciona el psicólogo Miguel Ángel Macías Poceros catedrático de la UNAM.

La agresión se emplea cuando se transforma el combustible a tener un impulso vital, refiriéndonos a dicha energía, que sirve como gasolina para la violencia, por eso se entienden como sinónimos porque se parte de la idea que una persona que tiene iniciativa o impulso ya es violenta. Afirma Poceros.

 

 

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Por otra parte, la violencia se retroalimenta generando una situación, ya sea de poder no solamente sobre el otro, sino como una forma de control y comunicación

Se considera que se convierte en una manera de comunicarnos con el otro, esto provoca el no querer soltar aquello que queremos, tenemos derecho y se puede legitimar. Me parece una reflexión apropiada ya que son condiciones que son  causadas en nosotros por las características sociales y culturales que nos han permeado por décadas.

Por lo anterior afirma el académico con más de 18 años de experiencia en el ámbito clínico que: es un error confundir la violencia con la agresión porque la primera surge como una situación de dominio que se puede tener con el otro; es también lo que lo vuelve el móvil, teniendo esta como regla no muy básica, pero presente y habitual.

De la gran variedad de las relaciones humanas que existen las que se legitiman con mayor facilidad son las de violencia, a nivel histórico las guerras y las muertes siempre tienen una justificación por muy irracional que pueda parecer y, entonces, hay una orientación a asumir que lo que se ésta percibiendo o haciendo como una realidad, es una forma de violencia clara y que además tiene sentido. Es un tema delicado y complejo.

Estoy mencionando como unas generalidades, porque es un tema sumamente delicado, incluso para hablar de violencia en la pareja tenemos que hablar de violencia en la familia. Comenta el psicólogo quién da cursos del manejo del estrés.

“México, en particular refiriéndome a nuestra cultura, es un país que justifica la violencia como una forma de educación desde la nalgada a tiempo, desde el hecho de castigar, que no es otra cosa que generar una cuestión de dominio de poder y eso es algo sumamente natural ‘tú me gritas’, ah, ‘entonces yo te rompo tu juguete’, o ‘ya no te dejo ver la televisión’, por eso parecería que una forma de castigo no está bien vinculada. Lo que se normaliza se nos hace familiar”.

Estamos educando en discriminación – comenta Macías Pocero- demostrado entre hombres como una expresión afectiva, teniendo que aclarar cuando muestra su aprecio hacía algún hombre, ¿para qué lo declara?, ¿cómo para qué denotarlo todavía más?, ¡ah! pues porque ya tenemos interiorizado el rechazo y la discriminación se clasifica, se moraliza la expresión, mientras que a las niñas se les educa de una forma orientada a la complacencia, incluso a la conducta  equilibrada, ¿no?, siempre las niñas tienden a ser más dóciles, o más fáciles de educar.

Macías describe que en el caso de las relaciones de pareja hay una voluntad para apegarse con el otro, porque en esa voluntad juegan sus carencias. Por ejemplo, en una charla preguntaban ¿por qué, había autores o académicos que decían que en nuestra cultura, la gran mayoría de las relaciones se unen por neurosis?

Se puede obtener una respuesta en manos del psicólogo Sigmund Freud quién nos  dice que la neurosis: “es una afección producto de la represión de los impulsos sexuales hacia el objeto de amor materno y los deseos de parricidio del padre De ahí que el sepultamiento inacabado o no exitoso del complejo de Edipo sea la base nodular de las neurosis”.

Para la academia del psicoanálisis: “La neurosis es una afección sin base orgánica que se caracteriza por conflictos (cuyas raíces remiten a la primera infancia) entre distintas instancias del aparato psíquico. Más específicamente, entre el “Yo” (instancia oficial, formal dedicada al vínculo con la realidad y el mundo exterior) y el “Ello” (instancia intrapsíquica que condensa y nuclea las pulsiones inconscientes). En resumen, se trata de un conflicto de la persona con sus propios deseos”.

Podemos ver que: “Esta afección es el producto del proceso represivo, o en otras palabras, del rechazo y exclusión de deseos, ideas, pensamientos o imágenes inadmisibles a la consciencia y que no han tenido acceso ni elaboración suficiente por ella. ¿Y por qué resulta una representación inadmisible para la conciencia? Sencillamente, porque va a contramano de las exigencias morales, ideales y  valorativas que el proceso de socialización impone al individuo”.

Viendo ya los porqués, se considera que las relaciones tienden a unirse de manera neurótica, expresa Miguel que: “para muchos no se considera relación neurótica, más bien ellos están totalmente convencidos de que, “sí es amor”, “estos mismos autores sostienen que es una carencia, un aspecto neurótico el que a veces nos llega a unir”.

Cada sociedad genera estereotipos de violencia y agresión que definen el comportamiento de los individuos, estos van de acuerdo a como se determina en la misma. Teniendo manifestaciones creadas de nuestras propias violencias, nos preguntamos, ¿cómo es posible?, que no se esté dando la atención, los medios y/o recursos necesarios para saber las repercusiones que generan y puedan ser identificados, tratados y evitados.

Como una consecuencia de vivir en la violencia y agresión se genera, Afirma el especialista, que el aspecto neurótico, no necesariamente es un semblante  violento, es nuestra carencia afectiva, por ejemplo, me doy cuenta que soy indeciso y de repente me encuentro a alguien que me dice qué hacer, de una manera respetuosa o tierna, es muy probable que yo genere un apego a esa persona ya sea una amiga, familiar o pareja, ahí ya hay una relación neurótica, porque me doy cuenta que tú tienes poder de mando y determinación, si yo soy indeciso por supuesto que voy a estar buscando el apego.

Es importante aprender a analizarnos y a buscar ayuda profesional cuando nuestros apegos y emociones nos atan y vienen vulnerándonos detienen nuestro crecimiento personal y social, éstos deben ser trabajados para vivir si no como en un cuento de hadas, por lo menos en el entendido de que tenemos nuestras libertades y podemos tener el control de nuestras emociones, disminuir nuestros apegos, trabajar nuestras carencias, hará una mejor versión de nosotros.

Concluimos que la violencia y la agresión, dos acciones diferentes pero que juntas son un gran problema para la salud emocional, son una situación que vulnera a las mujeres, física y emocionalmente, además de que las pone en riesgo de ser asesinadas, y como había mencionado el catedrático Ángel Poceros, el feminicidio es la segunda causa de muertes de mujeres en México, así que dejamos la pregunta, ¿qué necesitamos para cambiar este presente?

 

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