El síndrome de Estocolmo no es exclusivo del secuestro y la agresión

  • El síndrome de Estocolmo no es exclusivo del secuestro y la agresión

    Foto: lamenteesmaravillosa.com

El síndrome de Estocolmo no es exclusivo de una situación relacionada con el secuestro o la agresión, también es una condición que permea en  las relaciones de pareja  y que, incluso puede verse agravado por la situación de la pandemia, o ser un factor que provoque el feminicidio. Así lo mencionó en entrevista, Miguel Ángel Macías Poceros, psicólogo de la FES Iztacala,  adscrito a la carrera de psicología en dicha facultad, con más de 18 años de experiencia en el campo clínico.

Afirma el académico de la UNAM, que el síndrome de  Estocolmo no sólo se presenta cuando  se es secuestrado o tomado como rehén, existe también en la pareja, lo vemos cuando se   busca reivindicar  en el error de,  me someto y busco cómo comprobar que ya cambié, pero es una forma de complacencia y en la expectativa del otro de quien ha sufrido la violencia o el lugar de víctima también es movido a una fantasía reivindicativa; tú demuéstrame que hay alguien que pueda cambiar o hacer algo diferente por mí, tú demuéstrame que valgo la pena, una demostración de reivindicación que yo puedo ser bueno y que tú, de alguna otra forma, cumpliste ese vínculo. Se debe reconocer que se ha romantizado la violencia y es por eso que la pareja no lo detecta y se permite vivir en la creencia de que esta con una persona, “no tan mala”.

El especialista quien también da  atención a casos de emergencias de pacientes con  ansiedad y estrés, considera que eso ha ayudado a que aumente la cifra de feminicidios, misma que es la segunda causa de muerte de las mujeres, tema que es muy grave y, aunque haya nuevos canales de comunicación y de redes de apoyo para concientizar a la mujer, no puede funcionar como tal, debido a que no han sido educadas ni tienen las bases que puedan ayudarlas.

 

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El ponente de la  dirección general de incorporación revalidación de estudios de la máxima casa (UNAM), explica que “esta situación  del Síndrome de  Estocolmo en la pareja  provoca  un anclaje con pensamientos cómo: por todo lo que la persona ha  invertido,  los años, las cosas que ha hecho por quién comparte con ella, y aunque su pareja tenga comportamientos violentos o agresivos, el simple hecho que sienta que ha invertido muchas cosas, provoque el pensamiento de no querer echarlo por la borda, ya que en dosis pequeñas ha recibido unos cuantos buenos tratos, lo que hace que justifique sus acciones diciendo, no todo ha sido tan malo, como para terminar la relación”.

Asegura que esto se alimenta con la fantasía de la reivindicación, y cuando llegan a terminar no se sueltan porque no están preparados y siguen anclados en sus comportamientos codependientes. Considera que  esto es muy delicado, porque, culturalmente, pareciera que tenemos un gusto por las víctimas “muy cañón”, y eso también se ha puesto en el género si te das cuenta en el prototipo de las princesas de los cuentos,  es el hombre el que rescata,  el que se espera sea  el proveedor, pero realmente no hay una condición de equidad, se espera que el hombre es el que proteja, dónde queda el lugar de las mujeres  en el de víctima, en el de rescate  eso se tiene tan interiorizado que a veces no nos damos cuenta, afirma Poceros.

También se considera que existe el Síndrome de Estocolmo cuando el niño que ha sido violentado y/ o incluso abusado sexualmente  en la infancia poniéndolo como una  víctima. Esto surge cuando el niño siente que hay un remanso con la agresión, es decir, se siente considerado por el agresor y eso hace que minimice la experiencia con el mismo. Es como un doble lazo por una parte siente que no está bien, lo sufre pero, lo compensa esperando que se reivindiquen, o esperando que haya afecto. Afirma también el psicólogo.

Miguel Ángel Macías,  quien imparte cursos de manejo del estrés en tiempos de pandemia y  que  brinda sesiones y atención  de desarrollo humano en odontopediatría, voluntariado  en apoyo de  médicos  Covid y a sus familia junto con consultas psicológicas. Considera que  la pandemia vuelve más propenso el síndrome de Estocolmo: “Creo que hay modificaciones como una forma de evolución porque se está directamente con los agresores, factores que producen todavía más ese estrés y esa condición, por ejemplo. Me doy cuenta de que no sólo hay más mujeres violentadas, sino que también hay más niños agredidos por sus mamás  y que, normalmente, en los roles laborales  he escuchado más papás que tienen que salir de casa intensificando la dialéctica de la violencia; el papá llega y violenta a la mamá y la mamá luego violenta a los niños, al mayor le carga  más responsabilidades y el hijo mayor va a sobre el menor, entonces sí creo que haya como una modificación incluso hasta una evolución neurótica por la supervivencia, es decir, las pantallas neuróticas, la distorsión de la realidad crecen mucho más para garantizar como una resistencia en la violencia hasta las situaciones de frustración, entonces, claro que sí hay una  evolución del síndrome de Estocolmo en estos tiempos pandémicos”.

Una de las principales justificaciones en la acción, dice el especialista: Donde yo causé el enojo de mi papá o mi esposo, yo tuve la culpa, no tuve a bien decirle las cosas, o con respecto de los hombres, buscan actuar de una manera en que no provoquen la ira de sus esposas, aunque esto no lo hagan porque quieren, sino por no generar una discusión, o de los hijos hacía sus padres para no perder su cariño.

Afirma  Ángel que existe una diferencia entre el síndrome en un secuestro y en la pareja, la segunda no se ve como cuando es un captor y es amar a mi captor, pero si se ven condiciones muy semejantes. Tu eres mi pareja y quiero estar bien contigo, no hubo captura pero es una situación donde digas de acuerdo a…, yo hago algo porque somos pareja y para que no te enojes, la condiciones que nos están generando en ese momento no son necesariamente las condiciones para que florezca una relación sana a nivel psicoafectivo, sino que ya se mueven en una cuestión donde se evaden problemas, “yo mejor le digo que si para que no se enoje”.

“Defino entonces que síndrome de Estocolmo en secuestro es donde uno está en la situación de emergencia. Yo sé que mi vida se mueve en un incierto porque he sido capturado, los que viven secuestro exprés no denuncian, porque de alguna forma uno de los secuestradores fue amable, y entonces,  es una percepción de bondad dentro de un acto totalmente malvado. Yo estoy aquí capturado, no sé si voy a vivir, no sé qué me van a hacer, obviamente como mujeres la preocupación es, el que me maten, es que me abusen o violen, entonces mi seguridad física social vital está en manos del otro y cuando éste muestra indicios de amabilidad, generamos una gratitud, misma que se manifiesta a través del apego y hasta terminas dándole las gracias”, asegura el académico.

Cuando esto se presenta de súbito, las cuestiones se salen de la circunstancia y muchas veces el síndrome de Estocolmo continúa: “es que hubo un captor muy chido  yo creo que si no hubiera estado ese compa, el otro si me mata”, siendo que es un juego psicológico trabajado y es un teatro ya muy armado y el impacto se conoce, muchas veces lo hemos visto en las películas con el policía bueno y el malo; es una condición similar.

Si tratamos de buscar un paralelismo con el síndrome de Estocolmo hay una construcción gradual, y por aquello que yo creo sé de mi vida que se vive como una gratitud ante la tuya; “es que la verdad yo era un despapaye hasta que te conocí”. Mientras más gratitud haya, más puede generarse una codependencia o puede irse construyendo en una dependencia muy evidente, de ahí que también resulte muy complejo en cómo damos un lugar o una circunstancia a cada cosa.

En el síndrome de Estocolmo, tú no tienes de otra, todo depende del otro que te absorba en las relaciones de pareja. El ejercicio de dominar después se vuelve como una gratificación, por ejemplo, en el control económico que se da en muchas parejas, no se hace nada que yo no decida, pero después te saco a respirar con detalles, ¿no? A qué restaurante quieres ir a comer; mira, te compre algo, y entonces qué pasa, empiezan a decir, sí es como muy enojón y muy celoso, pero tiene unos detalles muy bonitos, y así compensamos.

Aquí es donde se da la gratitud de quien está en esa condición de sumisión, pues hace más fuerte el apego con el agresor, por eso no necesita ni siquiera haber golpes, porque es sutil, y ahí es donde viene el pensamiento de compensación. Cuando yo digo: al menos no me pega; ay mi marido se pone medio loco; sí grita; si me cela, pero nunca me ha puesto una mano encima, entonces vale la pena seguir, por eso, a pesar de que está la idea de que “a la primera, vete”, etc. Hay mucha gente que no se mueve porque es difícil comprenderlo, es un cambio multicultural, es una reeducación como más de edades tempranas, diálogo no solamente de difusión, porque cuando vemos estas ideas puestas en las redes sociales, por ejemplo, no tenemos un análisis complejo, está la información y hasta a veces se malentiende, y, lamentablemente, para muchas mujeres es la oportunidad para desquitarse y también ser violentas, puntualiza Poceros.

Miguel Macías Concluye que los factores principales que hacen que se queden las mujeres en este apego considerado síndrome de Estocolmo son:

La percepción de inversión, yo he hecho todo esto por ti y espero una compensación, invertí tiempo, emoción, salud etc., yo hice por ti cosas que no había hecho por nadie.

La reivindicación, incluso a través de la conducta del otro reivindica mi valía, tú demuéstrame que valgo la pena como para que alguien pueda cambiar por mí, qué no valgo la pena. Es la reivindicación del otro para rescatarme a mí creencia, que mi sacrificio valga la pena, por eso también es este aprendizaje  en la condición de víctimas.

El apego que se va generando, que nos habitúa, mira gran parte de nuestra experiencia que se vuelve cómoda por la familiarización, nos acostumbramos fácilmente a algo, no solo la rutina, nos apegamos con gran facilidad a muchas cosas y ese apego se vuelve cómodo, no como si fuera un reposet así de agradable, puede ser de vidrio y le agarras el modo, cuando ya no lastiman los cristales es porque se coloca en diferente posición o ya hizo callo.

Y este fenómeno puede darse en ambos roles, no es exclusivo de la mujer, se da en relaciones de noviazgo o matrimonio, entre otros.

Resaltamos entonces que hablamos de comunicaciones y relaciones violentas, por lo tanto es imprescindible transformar nuestra manera de educar y de acompañarnos,  de manera pluricultural.

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