Con una Copa en la Mano, te desvías y pierdes toda tú Vida

  • Con una Copa en la Mano, te desvías y pierdes toda tú Vida

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Originaria de Chiapas, Pilar «N» comparte con nuestros lectores sus experiencias en el nebuloso mundo del alcohol.

 “Cuando era pequeña como de 4 años, recuerdo vendían “taberna” una bebida que sale de la palmera de coco, partían su tronco y salía un líquido espeso, es la sabia, me dieron un carrizo o popote, me dijeron mis tíos que sorbiera, así lo hice, después caí al piso sin poderme levantar, su efecto causa parálisis en la extremidades y eso me dio miedo, porque todos se reían al verme tirada en el piso. Hasta la prepa intenté beber de nuevo, pero me emborrachaba muy fácil y no me gustaba, comenzaba a reír sin control. Siempre estuve cerca del alcohol, en la familia todos bebían y daba probadas para sentir un poco el efecto.

Siempre quise estudiar y salí de un pueblito, llegué a la capital Tuxtla Gutiérrez, no quería beber, porque me ponía muy mal, no era atractiva, ya en la universidad tuve novios, más la escuela era primordial e hice todo para terminar la carrera de ingeniería. Contraje matrimonio, pero no funcionó, tan sólo unos meses y todo acabó, entré en depresión, me dolió mucho; me aconsejaron que bebiera para olvidar, entonces me di cuenta que me sentía bien cómoda y sí lograba mitigar el dolor de la separación, ahí empecé otra carrera en picada hacia la autodestrucción. Tomé sólo dos años, pero fue suficiente para perder todo lo valioso de la vida pues ya tenía muchos problemas con mi manera de beber.

 

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Al principio de mi alcoholismo, salía a los bares cada mes, trabajaba y no tenía a quien rendirle cuentas, comencé a beber en mayores cantidades pues ya toleraba el alcohol, como no me emborrachaba con una botella, bebía dos días seguidos para perderme, era lo único que quería.

 Cuando ya no podía sostenerme económicamente pues todo lo gastaba en alcohol, me fui vivir con mis padres, pero se dieron cuenta que estaba fuera de control, porque salía desde el viernes al lunes; llegó un punto en que mi mamá habló conmigo, pero no hacia caso yo mentía para salirme de la casa, ella lloraba mucho porque llegaba borracha, casi cayéndome, a veces, no sabía ni cómo encontraba la casa, cuando me daba cuenta estaba parada frente a la puerta.

Llegué al punto donde no me importaba lo que decían mis padres, me corrieron de la casa, bebía casi toda la semana, me despidieron del trabajo. Fue horrible, dejé la casa de mis padres ya sin freno.

Un día recobré la conciencia y vi que tenía el pie fracturado, no supe cómo pasó, no recuerdo nada y así abandoné la casa; tenía un  novio, me sentía en plena libertad, pues no había obstáculos para embriagarnos a nuestras anchas, pero la misma inercia de tu vida en el alcoholismo hace que vayas cayendo sin darte cuenta, con mi novio bebíamos diario pero era una relación de dos enfermos alcohólicos locos, nos golpeábamos, nos humillábamos mutuamente y nos buscábamos para seguir bebiendo.

En ese entonces ya no tenia deseos de salir, o mejorar, el único objetivo era mantenerme ebria donde se pudiera, sólo era estar borracha todo el tiempo, un día mi novio me abandona y sigo en el vicio sola, aunque muy dentro de mí, sabía que ya no podía seguir en tal estado decadente.

Decidí buscar a mi hermana, con al afán de dejar la bebida, buscaba ayuda y fui al gimnasio hacer ejercicio, estuve en la iglesia, hasta pedí ayuda espiritista, pero nada me ayudó, porque saliendo de los lugares iba directo a embriagarme, bebía sola en el departamento de mi hermana, sólo dedicaba el tiempo a embrutecerme.  Fui a terapias, empecé a sentir un cambio, viví una experiencia espiritual y así pude llegar AA porque antes no creía fuera alcohólica, cuando llegué al grupo supe que era mi lugar, aunque no reconocía mi adicción al alcohol que me estaba acabando. Consideramos que en el caso de las mujeres es muy difícil dejar la bebida, porque no reconocemos lo que somos.

Con una copa en la mano te desvías y pierdes toda tu vida, comencé a trabajar con el programa, pero no fue fácil, te enfrentas a la sociedad que tiene tantos prejuicios porque eso impide que te ayuden, en mi caso mis padres me ayudaron, mientras que mis primos decían que AA era para teporochos y yo era eso.

Agradezco a dios que me ayudara para llegar a un grupo, perdí la confianza de mi familia, aunque no estuve deambulando en la calle, pero si me perdía en la casa.

Hoy mi vida es diferente, aunque tengo problemas nunca he pensado en volver a beber, me he sostenido, ha sido maravilloso porque puedo enfrentar la vida sin tener que volver a mi muleta que fue el alcohol.

Actualmente soy coordinadora de una plaza de Chiapas, quiero ayudar a las mujeres que llegan al grupo porque están llegando cada vez más niñas y eso es preocupante.

No es la cantidad de años, ni la cantidad de vino, lo que te hace alcohólico, por alguna circunstancia reaccionas al alcohol, cuando inicias con otra copa y otra copa, ya estas dentro, si cuando bebes tienes poco control del consumo de la bebida, porque te vas de largo hasta embrutecerte, ya tienes problemas, o quieres dejar de beber y no puedes, ya te encuentras en el camino del alcoholismo y es cuestión de tiempo para desarrollar el alcoholismo crónico; cuando hay problemas de dinero, solo vives para beber tus días pueden estar contados.

Es un limite muy pequeño, si sospechas que eres alcohólico, puedes ir AA porque puede ser preventivo.

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