Turismo internacional, una amenaza para la salud

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Así como los viajeros planean qué tipo de maleta comprar, la ropa que llevarán y cuánto gastarán, también es importante pensar en su salud y, por lo menos, solicitar recomendaciones sobre qué vacunas aplicarse o el tipo de seguro de gastos médicos que podrían adquirir.

Cada año, unos mil millones de turistas internacionales viajan a diferentes destinos alrededor del mundo. De ellos, el 10 por ciento podría necesitar hospitalización, el uno por ciento atención médica especializada, y una cifra mínima podría fallecer por algún riesgo de salud durante su travesía, señaló Jorge Baruch Díaz Ramírez, responsable de la Clínica de Atención Preventiva del Viajero (CAPV) de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM.

La apertura de nuevos destinos, como parte del proceso de globalización, ha dado paso a una creciente comercialización en el planeta y, por ende, en el turismo internacional; este proceso representa algunos riesgos para la salud.

 

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La movilidad de las personas de un extremo a otro de la Tierra en menos de 24 horas expone a extranjeros y locales a enfermedades ajenas a su epidemiología natural; ahí cobra relevancia la medicina del viajero, importante para reducir los riesgos de salud vinculados a esos trayectos y para disminuir la capacidad de los turistas de transmitir o adquirir afecciones peligrosas en los territorios destino, dijo.

La CAPV –establecida en la terminal 2, puerta 5 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) Benito Juárez– presta sus servicios desde agosto de 2011, y están dirigidos básicamente a viajeros que salen al extranjero, que para recibir atención deben programar su cita con tres o cuatro semanas de anticipación; el objetivo: reducir riesgos de salud al salir del país. También atiende a cualquier viajero que requiera de sus servicios, siempre y cuando tenga espacio disponible.

Aplica vacunas de hepatitis A y B, fiebre amarilla, sarampión, rubéola, difteria, tétanos, tosferina, fiebre tifoidea, influenza estacional y pandémica, entre otras de importancia.

Jorge Baruch Díaz aclaró que la inoculación no genera inmunidad instantánea. Su proceso podría tardar de tres a 15 días, incluso hasta tres meses, por lo que se recomienda administrarlas con antelación y consultar, a través de Internet, las recomendaciones de la CAPV referentes al itinerario y reducción de riesgos.

Además, la clínica ofrece consultas médicas preventivas, asesoría y seguimiento durante el viaje, tratamientos contra la malaria e información sobre ejercicios para reducir riesgos por trombosis venosa (síndrome de la clase turista). Los medicamentos que ahí se aplican sólo existen en ese espacio hospitalario.

Por tratarse de una unidad mixta de servicio, investigación y docencia, su función es ofrecer atención a la población en general, a un costo competitivo a nivel internacional (casi la mitad del precio de otros países).

Los recursos obtenidos permiten, además de generar ingresos para adquirir más vacunas e insumos médicos, “extender el servicio a grupos vulnerables, como los mexicanos que cada semana son deportados por el gobierno de Estados Unidos”, subrayó el universitario.

Derivado del convenio con el AICM y la interacción con el Instituto Nacional de Migración y la Secretaría de Relaciones Exteriores, podemos atenderlos, remarcó.

Tres días a la semana llegan a la terminal 2 aproximadamente 400 o 500 mexicanos deportados. La clínica colabora con atención médica, logística y proyectos de investigación para mejorar la salud mental de estas personas; además, con protocolos de atención a distancia para mexicanos expatriados en diferentes puntos del mundo, que requieren atención u orientación médica especializada.

Estos proyectos, además de capacitar a capital humano en el área, permiten fortalecer la medicina del viajero a nivel nacional, así como algunos nichos de la medicina que están descuidados.

“Somos parte del Programa de Investigación en Migración y Salud (PIMSA), iniciativa binacional con la que nos proponemos detectar la prevalencia de depresión de los repatriados, y compararla con el decaimiento anímico de los mexicanos que se encuentran en Estados Unidos en calidad de indocumentados.

“Uno de nuestros hallazgos indica que el proceso de deportación contribuye al aumento de los niveles de desesperanza, lo que podría influir a la aparición, en corto tiempo, de ideas suicidas entre esta población. Entonces debemos generar redes de apoyo psicológicas en torno a su salud mental”, subrayó.

 

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