De estrella del baloncesto a monja de clausura

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    Foto: Internet

ACI Prensa
19-08-2019

Hace 28 años Shelly Pennefather era una joven promesa del baloncesto con miras a firmar un contrato por 200 mil dólares anuales; sin embargo, siguió su llamado a la vida de clausura y ahora su vida ha sido destacada por ESPN, una de las principales cadenas televisivas de deportes del mundo.

Sin embargo, durante la segunda temporada Shelly pensó que lo mejor era transferirse; pero su compañera de equipo Lisa Gedaka le preguntó si no había considerado que “tal vez es la voluntad de Dios estar con nosotros aquí en Villanova”.

Shelly se quedó y los éxitos siguieron llegando, pues acumuló 2.408 puntos y rompió el récord histórico de Villanova para mujeres y hombres. Esta marca sigue vigente. Además en 1987 ganó el Trofeo Wade, que se otorga a la mejor jugadora de baloncesto universitario femenino, y luego de graduarse firmó con el Nippon Express de Japón, país en donde ya no volvería a ser la misma.

 

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“El ritmo en Japón fue mucho más lento (el Express jugó solo 14 juegos en el lapso de cuatro meses), lo cual afectó a Pennefather. Lejos de sus compañeros de la universidad y del caos diario de su numerosa familia, sintió nostalgia y estaba sola en una ciudad lejana. Su equipo comenzó perdiendo 0-5. Si terminaban al final de la división, ella necesitaría quedarse en Japón durante otros dos meses para jugar”, relata ESPN.

Es así que en su deseo por volver a casa hizo una promesa: si su equipo terminaba dentro de los seis primeros lugares –lo que le permitiría regresar por esos dos meses- pasaría ese tiempo trabajando como voluntaria.

Su equipo terminó tercero y al regresar a Estados Unidos cumplió su promesa trabajando en el comedor de beneficencia de las Hermanas Misioneras de la Caridad en Norristown, Pensilvania, una obra misional que la conmovió tanto que regresó cada verano después de su primera experiencia.

Al regresar a Japón para la siguiente temporada, Shelly se sentía aún más fuera de lugar, por lo que se mantenía ocupada leyendo libros, aprendiendo japonés o enseñando inglés. Sin embargo, aún sentía un profundo vacío. “Se vio obligada a entrar en soledad. No había nadie más, solo ella y Dios”, expresó John Heisler, un amigo de la infancia.

En una ocasión la invitaron a un retiro y le pidieron leer el versículo de Juan 6, 56, que dice: “Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”.

De acuerdo con la religiosa, eso cambió su vida. Sintió que Dios estaba allí, a 20 pies delante de ella. Continuó leyendo, y cuando cerró la Biblia, hizo una oración silenciosa. Al día siguiente entró a la iglesia y arrodillada frente al tabernáculo se dio cuenta de que ya no estaba sola. Vio que “providencialmente nuestro Señor simplemente me llevó y me puso allí en ese lugar donde podría desarrollarme”, dijo la hermana. “Sentí que me estaba pidiendo que atendiera su llamado, que es lo más difícil que he hecho. Pero estoy agradecida de haberlo hecho, y aquí estoy. Encarcelada”, expresó.

La hermana Rose Marie afirma que ama la vida que eligió. “Desearía que todos pudieran vivirlo un poco para verlo. Es tan tranquilo. Siento que no estoy subestimando la vida. La estoy viviendo al máximo”, expresó.

Quiso compartir su decisión

Shelly quería dar la noticia a sus amigos más cercanos. Por ello, viajó a Nueva Jersey y Pensilvania para contarles a Lisa Gedaka y a Lynn Tighe.

“Lynn, nunca elegiría esto para mí. Nunca dejaría a mi familia y mis amigos. Pero esto es lo que estoy llamada a hacer. Lo sé. Dios me está llamando. Y lo voy a hacer”, dijo.

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