Elecciones 2021: ganó la libertad

Elecciones 2021: ganó la libertad

Foto: Internet

En estas elecciones de 2021: ganó la libertad. 

 

Ganó la libertad de poder ofender, en público o en privado, al presidente de la República, llamándolo con cualquier adjetivo que se  les ocurra a los opositores, lo que nunca había pasado. 

Ganó la libertad de salir a las urnas masivamente para registrar una de las votaciones más altas en la historia de las elecciones intermediarias, lo que nunca había ocurrido. 

Ganó la libertad de acudir a las casillas sin que se presentaran grandes irregularidades, al grado de que de acuerdo con los primeros reportes de José Agustín Ortiz Pinchetti, titular de Fiscalía Especializada en materia de Delitos Electorales (Fisel), a las seis de la tarde solo se habían presentado 12 denuncias, lo que ocurre a pesar de que los poderes fácticos se encuentran desatados. 

Ganó la libertad de que en la mayoría de los estados en donde hubo comicios para gobernador y se registró una competencia cerrada, los punteros se declararan ganadores, aún sin que se contaran los sufragios, como ya había ocurrido en ocasiones anteriores. 

Ganó la libertad de que los trabajadores salieran a votar por los candidatos de su preferencia, a pesar de las presiones de sus patrones para que votaran por sus candidatos o en contra de sus intereses, lo que nunca había ocurrido, pues en estas elecciones por primera vez hubo una participación activa de cientos de empresarios.  

Ganó la libertad de que miles de militantes y simpatizantes de la oposición puedan seguir criticando en las redes sociales, a veces sin pudor ni rigor alguno, a los funcionarios federales y sobre todo a los más cercanos a la Presidencia de la República, lo que nunca había ocurrido. 

Ganó la libertad de que tres partidos (con intereses a veces políticamente irreconciliables) se unieran en muchos lugares del país con el único fin de luchar electoralmente contra el gobierno federal y los Poderes Ejecutivo y Legislativo, lo que nunca había ocurrido. 

Ganó la libertad de que los medios de comunicación puedan abiertamente publicar o difundir en sus espacios críticas contra el Gobierno Federal, como nunca había ocurrido.  

Ganó la libertad de que organismos no gubernamentales puedan difundir, a través de los medios y de las redes sociales, verdades a medias en contra de los poderes  ejecutivo y legislativo, sin que sean reprendidos, como nunca había sucedido en la historia. 

Ganó la libertad de que las minorías se expresen abiertamente como tales, sin que una minoría se apropie la representatividad de la sociedad como si fuera mayoría, como nunca había ocurrido. 

Ganó la libertad de que los subordinados puedan externar sus diferencias, aunque disientan de sus jefes, sin temor a represalias porque así lo permiten las nuevas leyes en la materia,  como nunca se había presentado en la historia. 

Ganó la libertad de que los periodistas pueden diferir de la línea editorial de los medios que lo contraten porque así ha quedado ya expresado en las dos primeras leyes promulgadas en materia de cláusula de consciencia, como no había sucedido. 

Ganó la libertad de disentir abiertamente en público o en redes sociales, derrumbándose los muros en los que se guardaban las opiniones contrarias por temor a represalias, como nunca había ocurrido. 

Ganó la libertad de publicar y difundir incluso noticias falsas, sin que el gobierno arremeta contra quienes las externan y teniéndose como único juez al público lector o a la propia sociedad en su conjunto. 

Ganó la libertad de miles de ciudadanos que este domingo salieron jubilosos a votar y que superaron el abstencionismo al rebasar al abstencionismo. 

Y sí gano Morena, con sus aliados, la mayoría relativa de la Cámara de Diputados, al lograr, según los datos dados a conocer anoche por el INE, aunque de manera preliminar, entre 260 y 290 legisladores. 

Ganó Morena y ganaron las libertades. 

Dice el filósofo del metro: la derrota es para las minorías que se creyeron mayorías. 

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