Reconocimiento al INE

Reconocimiento al INE

Foto: Internet

23-07-2018

El proceso político y jurídico para contar con órganos electorales confiables y legítimos ha sido largo y arduo. Desde 1988, cuando se cambiaron los resultados de la elección presidencial para asegurar que el PRI pudiera mantener a Presidencia, la turbulencia en torno a la integración y funcionamiento de los órganos electorales creció imparablemente. El primer paso fue la separación legal del órgano electoral del gobierno. El segundo paso consistió en la elección de consejeros electorales en el Congreso de la Nación, y ya no como decisión del gobierno en turno. El tercer paso independizó al órgano electoral de los partidos políticos, convirtiéndolo en un órgano autónomo. El cuarto paso fue dotarle al órgano electoral de suficientes instrumentos legales de supervisión y fiscalización para imponerles a los partidos políticos y candidatos controles efectivos para asegurar su cumplimiento de la ley.

En el año 2000 el órgano electoral vivió su primera gran prueba, al reconocer que el PAN, y no el PRI, había ganado la Presidencia del país. Aseguró una transición relativamente apacible, aunque el PRI fue multado por haber recurrido a fondos ilegales de PEMEX, en un caso conocido como el Pemexgate. El mismo órgano electoral multó al PAN por la triangulación de fondos a través de los Amigos de Fox, un instrumento ilegal creado y manejado por Lino Korrodi, hoy asesor de Andrés Manuel López Obrador.

La segunda gran prueba del órgano electoral ocurrió durante las elecciones presidenciales de este año, al entregar la estafeta presidencial a López Obrador, también sin grandes sobresaltos y con sus contrincantes reconociendo su victoria. Es decir, en las elecciones competidas y con implicaciones que iban más allá de una tradicional alternancia entre partidos, el órgano electoral siempre estuvo a la altura de las circunstancias, con legitimidad y conductas apegadas a derecho.

La gran crisis del órgano electoral aconteció en 2006, cuando López Obrador se negó a reconocer su derrota y exigió la destitución de sus integrantes, acusándolos de complicidad con intereses políticos de otros partidos. Logró que se destituyera al órgano electoral y la sustitución de sus integrantes, colocando algunos de los suyos dentro del Consejo General. En 2012, y a pesar de no haber ganado la elección, tampoco reconoció al ganador.

La elección de 2018 transcurrió en paz y tranquilidad, a pesar de su gran complejidad y extensión cuantitativa y cualitativa. Las etapas legales se cumplieron a cabalidad, los distintos retos se enfrentaron con éxito y el resultado convenció, aunque no necesariamente les gustó a todos. Hoy está a debate la fiscalización, básicamente porque los partidos no se dieron cuenta de que el órgano electoral ya puede, por primera vez, trascender el secreto bancario e investigar a detalle los movimientos de fondos que realizan todos los partidos y candidatos o personas físicas que tengan alguna relación significativa con las elecciones y con los métodos de financiamiento de los partidos. Para sorpresa de algunos, esta facultad le permite al órgano electoral enterarse de lo que hacen partidos y candidatos con su dinero, especialmente cuando existe alguna duda fundada acerca del origen y el uso de recursos. Este instrumento es particularmente importante en tiempos cuando el narcotráfico quiere influir en elecciones con grandes cantidades de dinero en efectivo.

El INE merece el reconocimiento de toda la sociedad por su seriedad, legitimidad y conducta incuestionable en este proceso electoral.         

@rpascoep

Notas Relacionadas

En el filo

Ricardo Pascoe