Mediocridad priista

Mediocridad priista

Foto: Internet

23-03-2018

 

Las presentaciones televisivas del presidente del PRI, Enrique Ochoa Reza, y del coordinador de la campaña del candidato presidencial del PRI, Aurelio Nuño, para condenar e insultar al candidato presidencial de Por México al Frente, Ricardo Anaya, han demostrado no sólo su bajeza moral, sino una extraordinaria y sorprendente (para mi) mediocridad intelectual. Con sus nombramientos, pensé que representarían un PRI distinto al del viejo y vetusto PRI de López Mateos y Díaz Ordaz (sí, ese PRI que tanto admira y desea imitar Andrés Manuel López Obrador). Cuál ha sido mi sorpresa descubrirlos inmersos en una campaña electoral contra el segundo lugar, no el primero, y llevando su partido a la bancarrota política y electoral. Un sinsentido e insensatez al cual, al parecer, le han dado lo que consideran que tiene todo el sentido del mundo. Da la impresión de que se están preparando, consciente- o inconscientemente, para una repetición de un 2006, pero en peores condiciones.

Durante unos días pensé que habían visto la luz y que bajarían de intensidad sus ataques al segundo lugar, buscando colocarse en otro sitio, más digno y más redituable políticamente. Pero no, no fue así. Me equivoqué. En diversos foros han seguido sus ataques a Anaya, incluso invirtiendo en encuestas públicas para mostrar a sus detractores internos que ese camino es el correcto, como la publicada por El Financiero hace unos días. Recientemente tocó presenciar una de esas presentaciones y me dejó boquiabierto. El nivel de descontrol analítico que permite hacer afirmaciones atrabiliarias fue la característica central de la presentación.

En primer lugar, el tiempo dedicado a atacar a Anaya, una y otra vez, y otra también, colocó el tema completamente fuera de la realidad. Era imposible saber si el odio acumulado era tal por algún agravio personal o por un amor despechado, pero era obviamente algo fuera de todo raciocinio. Palabras soeces no eran suficientes para denigrar a la personalidad, a la persona y el proyecto del candidato presidencial del Frente. Ningún otro candidato había recibido tal cantidad de infundios. Aparte de todo, simplemente perverso el ambiente que había creado el declarante.

En segundo lugar, y en contradicción con lo anterior, afirmaba que el candidato presidencial del PRI, José Antonio Meade, iba muy adelante del candidato de Por México Al Frente en las preferencias electorales, según sus encuestas internas y privadas. Surgió la duda obvia: ¿sí va tan bien el candidato Meade, por qué gasta tantos recursos en atacar al tercer lugar? Se pensaría lógico que estando en un cómodo segundo lugar, el objeto de sus ataques sería el primer lugar, no el tercero. Pero como no es así, deja lucirse una táctica discursiva basada en tratar de convencer al público con una falsedad. La audiencia donde yo estaba ni le creyó ni se conmovió. Más bien detectó inmediatamente un intento por engañar para convencer. Pésima táctica, porque hace pensar al oyente que el declarante cree que engaña a todos, situación en la que se encuentra él mismo.

Por último, el acto de fe: créanme, que les brindo buenas noticias. El candidato Meade es el mejor…porque yo lo digo. Pero ese “yo” ya había perdido toda su credibilidad. Y hoy los electores no estamos para actos de fe, de parte de ninguno de los candidatos. O prueban lo que dicen o sus palabras quedarán cuestionadas y sin credibilidad.         

@rpascoep

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Ricardo Pascoe