Un año sin Fidel

Un año sin Fidel

Foto: Internet

27-11-2017

Lo más notable del recién pasado 26 de noviembre en Cuba es la discreción con la que hizo tributo al primer año del fallecimiento de Fidel Castro, tomando en consideración que fue el líder máximo de la Revolución cubana durante más de 50 años, hasta el día de su muerte.  En cualquier otro país  la ocasión hubiera llamado a grandes concentraciones multitudinarias, seminarios internacionales, sendos discursos junto a la tumba del prócer. La prueba de que el Estado cubano es capaz de glorificar en extremis a un personaje es lo que ha hecho en los últimos años con el pensamiento y las acciones de José Martí, que incluye la colocación de estatuas del personaje en la plaza de cada pueblo de la isla, también en cada escuela y sobre las grandes avenidas de las zonas urbanas importantes de la nación caribeña. El cuerpo diplomático acreditado en la Isla se rinde ante la imagen de Martí todos los años, colocando ofrendas florales ante su tumba en la Plaza de la Revolución.

Pero quizá el detalle más relevante de todo el momento histórico es el hecho de que en lo poco que se hizo en torno a la memoria de Fidel en Cuba, nunca apareció Raúl Castro, su hermano, también un líder de la Revolución, y actual Presidente de la República. La explicación que se ofrece sobre esta discreción tan llamativa es que Fidel pidió no fuera glorificado después de muerto, a pesar de ser una petición tan fuera de carácter. De ahí que su tumba sea tan modesta-es una piedra-junto al mausoleo imponente del fundador del impero Bacardí, también contrastando con la tumba del Che Guevara, en Santa Clara. Es de destacarse que Fidel ha sido más festejado y recordado en el exterior, en países como Venezuela, Bolivia, Brasil, Sud África, Irán y Corea del Norte, más que en la propia Cuba. ¿Cómo explicar esta aparente displicencia oficialista cubana ante la muerte, tan reciente, de su líder histórico?

Una hipótesis que podría explorarse es que, a su muerte, Fidel y Raúl estaban experimentando una profunda, y decisiva, diferencia política acerca de lo que significaba el acuerdo logrado con Estados Unidos. Raúl habría pactado, teniendo a su hijo como negociador, un acuerdo con Obama sobre la normalización de las relaciones entre ambas naciones que Fidel nunca pudo, o supo, pactar. Fidel se opuso al acuerdo por considerarlo claudicante ante el imperio estadounidense. El último acto público en la vida de Fidel fue su presencia en la reunión del Comité Central del Partido Comunista cubano a principios de 2016 donde propuso un resolutivo que, en la práctica, rechazaba toda negociación con Estados Unidos y repudiaba a su hermano. Ahí se frenó todo el proceso de acercamiento entre Cuba y Estados Unidos. El problema con ese resolutivo heroico de Fidel es que no le ofrecía ninguna solución al pueblo cubano a la crisis económica que vive la isla. Simplemente ofrecía más sacrificios hasta la victoria, siempre. En esa reunión pesó más la autoridad política de Fidel que la investidura oficial de Raúl. Después de dejar a Cuba con palabras heroicas pero sin soluciones reales-excepto más de lo mismo-a Fidel se le ocurrió morir. Estas circunstancias pudieran ayudar a explicar la frialdad oficialista cubana a la memoria de Fidel a un año de su muerte.

@rpascoep

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Ricardo Pascoe