El método Castro/Trump

El método Castro/Trump

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28-08-2017

El estilo de gobernar de Donald Trump es espectacular. Busca confundir a sus opositores con frases estridentes y amenazantes. Obviamente son los recursos de presión aprendidos por él durante años de negociar sus planes de inversiones en bienes raíces, casinos y demás. Seguramente le sirvieron para alcanzar sus objetivos, aunque también es el empresario que juega a ganar declarándose en quiebra. Este último truco lo ha empleado en múltiples ocasiones, convirtiéndolo en uno de los billonarios con más quiebras de sus negocios en la historia del capitalismo estadounidense contemporáneo.

Básicamente hace lo que hemos visto: amenazar, ofender e insultar para quebrar la moral de su contrincante, elevando la apuesta y dispuesto a llevar las cosas a extremos que para otros resulta intolerable. Esta dispuesto a tirar a la basura lo que otros consideran venerable. Aventó al basurero de la historia el TPP que Obama había cuidadosamente negociado con 11 países,  perdiendo un punto de apoyo estratégico en Asia ante la competencia China con su propuesta alternativa de una Ruta de la Seda. Lo increíble es que ante China no tiene una oferta más allá de amenazar con una guerra comercial y de la elevación de tarifas sobre productos importados de ese país. El método de Trump es aventar la racionalidad económica por la borda a cambio de una ganancia política con su “base social”. Es decir, le es más importante el aplauso personal que la obtención de réditos económicos para su país.

Fidel Castro operaba con los mismos métodos que Trump, a la hora de sopesar decisiones sobre la racionalidad económica para su país versus el aplauso del público por su tenacidad revolucionaria ante el enemigo externo. En el caso de Fidel, siempre ganaba el aplauso personal sobre la racionalidad económica. Fidel ponían en primer lugar el “qué dirán de mi cuando ya no esté aquí”, por su legado político. Con relación a México, rechazó un acuerdo de refinanciamiento de la deuda cubana con México porque el Canciller mexicano se burló de él públicamente. Lo mismo sucedió cuando México le ofreció abasto de petróleo con créditos y precios preferenciales: ante un comentario público, lo rechazó para recibir el aplauso del Comité Central por su actitud abnegadamente revolucionaria ante los acechos del mundo moderno. También logró que el Comité Central del Partido Comunista de Cuba humillara y reprobara a su hermano por su negociación con Obama que le habría ayudado a la isla solventar algunas de sus carencias materiales, sin ofrecerle al pueblo cubano una alternativa más allá de seguir aguantando heroicamente hasta el fin de la historia. Acto seguido murió.

La historia de la humanidad está construida sobre hechos concretos, personajes y sus debilidades y carencias, sus egoísmos y necesidades. Los dos personajes-Castro y Trump-comparten la obsesión por su legado, por encima de cualquier otra cosa. Por ello, saben que su legado es una secuencia de hechos y actos que los recordarán siempre. En el caso de Fidel, destruyó un Estado y construyó otro. Bien o mal, esa es su hazaña de vida. Trump también quiere ser recordado por lo que destruye y construye. Hasta ahora todo es destrucción. Por ello, sería lógico que destruyera el Tratado de Libre Comercio, como ya hizo con el TPP, y México debiera estar preparado para esa eventualidad. Trump cree que será recordado y aplaudido por esos actos.               

@rpascoep

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Ricardo Pascoe