La nueva política económica

La nueva política económica

Foto: Internet

18-05-2020

Este fin de semana el presidente, AMLO, hizo público un documento que tituló “La nueva política económica en los tiempos del Coronavirus”. Un panfleto con muchas imprecisiones.

Uno de los principales argumentos es que el modelo neoliberal estaba en decadencia y el Covid-19 solo vino a acelerar una inevitable crisis. Para fortalecer su argumento nos ofreció una gráfica que presenta el índice de Gini (un indicador que mide el nivel de desigualdad en un país) el cual interpretó mal. La gráfica mostraba claramente que, aunque de manera muy lenta, la desigualdad ha venido disminuyendo durante el periodo neoliberal. AMLO es, involuntariamente, promotor del modelo que tanto critica. Y es así porque México sí es un país muy desigual: el 1% de la población concentra el 40% de la riqueza nacional y pertenecemos al 25% de los países con mayor concentración del ingreso.

Dentro de la misma gráfica, es posible observar que las crisis económicas son precedidas por aumentos en la desigualdad. Lamentablemente eso pasará durante esta crisis y para el 2021 se concentrará más riqueza en menos manos debido a la pérdida de miles de empleos. El presidente no supo interpretar la gráfica que él mismo utilizó o nadie en su equipo pudo explicársela.

Por supuesto que también omitió mencionar que, para disminuir la desigualdad, se necesita una reforma fiscal que recaude ingresos de las personas que más dinero tienen, para que el estado los redistribuya en forma de bienes, servicios y programas públicos para los de menos recursos. Y no lo menciona porque fue él quien se negó a hacerlo desde el inicio de su administración. 

En el mismo documento menciona que, gracias a los apoyos que el Gobierno Federal entrega, las familias pueden quedarse en casa ya que sus programas “les permite solventar al menos las necesidades más acuciantes” y estos llegan al 70% de las familias. Eso tampoco es cierto. Diversas organizaciones de la sociedad civil, académicos, economistas, políticos, etc., han abogado por una Renta Básica Universal que diera un incentivo a las familias para no salir. Y esta Renta Básica es necesaria debido a que los programas prioritarios del presidente no son suficientes para enfrentar esta crisis. OXFAM México mencionó que estos programas no atienden a los trabajadores más pobres y el CONEVAL hizo un análisis donde comenta que faltan políticas públicas que atiendan a la población de ingreso medio y los programas no están dirigidos explícitamente a disminuir la pobreza. Cabe mencionar que esta demanda ha sido apoyada por personajes de todos los partidos, incluyendo MORENA. Desgraciadamente no han sido escuchados en Palacio Nacional.

Hay muchas inconsistencia e imprecisiones en el documento de López Obrador. Menciona, nuevamente, que la corrupción y el influyentismo se han acabado. Seguramente personas como Alfonso Romo, Manuel Barttlet, Ricardo Salinas Pliego y muchos más, se ríen de esta afirmación. El capitalismo de cuates goza de cabal salud en este gobierno y además se beneficia de adjudicaciones directas, una práctica discrecional para asignar contratos millonarios a personajes cercanos al poder político que ha perdurado sexenios y que hoy ha aumentado.

Si quisiéramos darle sustento teórico a sus ideas, tendríamos que remontarnos hace casi 100 años, con las teorías que prevalecían previo a La Gran Depresión de 1929. Al igual que AMLO, los teóricos de la época utilizaron la austeridad gubernamental y los presupuestos balanceados como fórmula para enfrentar la crisis. Grave error.

Tampoco hay algún rastro de evidencia empírica. No menciona los más de 700 mil empleos que se han perdido en 2 meses o los 10 millones de personas que caerán en la pobreza debido a esta crisis. Mucho menos menciona la caída estrepitosa que tendrá el crecimiento económico, indicador que hoy rechaza porque no le favorece.

Cierra su documento pidiéndonos “fortalecer los valores culturales, morales y espirituales”. Sufrir en la vida terrenal, para obtener una recompensa espiritual, en otra vida, fue la justificación perfecta de muchas religiones para evitar que sus feligreses cuestionaran la riqueza y extravagancia con la que vivían la cúpula eclesiástica y sus gobernantes. Hoy, como antes, se nos pide un acto de fe ciega y resiliencia, sin ofrecer evidencia de que vamos por el camino correcto.

No hay nueva política económica. El documento presentado es una combinación de ortodoxia económica y conservadurismo religioso. El presidente vive en otra realidad y sus creencias lo alejan de quienes decía defender.

 

Twitter: @ovalle_omar

 

Notas Relacionadas

Otra perspectiva

Omar Ovalle

Especialista en Economía y Finanzas