Para que vean lo que se siente

Para que vean lo que se siente

Foto: Internet

25-09-2018

El fin de semana se suscitó un debate en redes sociales, debido a que Jesús Ernesto López Muller, hijo de Andrés Manuel López Obrador, sufrió un accidente y fue atendido en el hospital privado Medica Sur. Cabe mencionar que el debate no giró en torno al niño a quien, tanto simpatizantes como opositores, desearon una mejora en su salud.

Sin embargo, hace unos meses, durante la campaña, AMLO mencionó que eliminaría los seguros de gastos médicos y mandaría a los altos funcionarios al ISSSTE o al seguro popular “para que vean lo que se siente”, aludiendo así un castigo a sus privilegios.

El debate antes mencionado se mantuvo entorno a sí AMLO y su familia debían atenderse en el seguro o no, a si eran congruentes sus palabras con sus actos o si tenía derecho o no de atenderse en un hospital privado. Un debate banal y frívolo desde mi punto de vista. Y es así porque dejó de lado una realidad que afecta a miles de mexicanos y no se le ha dado la importancia debida: la calidad y las carencias de los servicios de salud en México.

México no es un país que se caracterice por tener un excelente servicio de salud, todo lo contrario. Nos encontramos lejos de países como Inglaterra o Canadá. En las noticias encontramos con demasiada frecuencia notas de que alguna mujer tuvo a su bebé en una sala de espera o de que a alguien se le negó la atención cuando ésta era una urgencia. Estas historias normalmente son protagonizadas por gente de bajos recursos, los más pobres, quienes ni en sueños se imaginan lo que es atenderse en un hospital privado con todas las comodidades y atenciones que les pueden brindar.

Los hospitales privados en México suelen ser muy caros, inalcanzables para la gente de bajos recursos. Esto es debido a que tiene una alta demanda. Cualquiera de nosotros pagaríamos todo lo que estuviera a nuestro alcance por mejorar nuestra salud o la de algún familiar cercano.

Pero la alta demanda de los hospitales privados se da, en gran medida, por la falta de opciones para obtener un servicio público de calidad. Quienes pueden pagan y son bien atendidos, pero quienes no pueden pagar deben hacer largas colas para una consulta, ponerse en lista de espera para una cirugía y, en muchos casos, empeñar sus bienes o conseguir dinero prestado debido a que los medicamentos no los provee o no los tiene en existencia el seguro.

De acuerdo con la OCDE, en México se destinaron 1,080 dólares en gastos de salud por persona en el 2016. Una cifra muy por debajo del promedio de la región que fue de 4,003 dólares por persona. O si se quiere ver de otro modo, sólo se invierte el 6.3% del PIB contra el 9.3% de la OCDE, según la Organización Mundial de la Salud. La baja inversión en el sector salud se deriva en malos servicios públicos y transfiere la carga financiera los usuarios, la cual se vuelve más pesada entre las personas de menores ingresos.

No sólo eso. La falta de inversión obliga a la sobreutilización de las personas que laboran en el sector salud. En México existen 1.8 médicos por cada 1000 habitantes, contra el promedio de 3.4 de la OCDE. En el caso de los enfermos/as hay una situación similar: en nuestro país hay 2.8 enfermeros/as por cada 1000 habitantes en comparación con 9 en promedio de la misma región. Esta sobreutilización de la fuerza laboral tiene como consecuencia que el rendimiento del personal disminuye y, por lo tanto, que no pueda dar la atención deseada.

Más allá de las limitaciones a los servicios de salud, aún existen personas que no cuentan con acceso a la atención médica. De acuerdo con el CONEVAL, en 2016 el 15.5% de la población se encuentra con carencia por accesos a servicios a la salud, es decir poco más de 19 millones de personas. Estas personas no tienen adscripción a ningún servicio de salud. Ni siquiera de mala calidad. Lo que, ante una emergencia, pone en peligro su integridad física y patrimonio familiar.

Dejemos las filias y fobias de lado y abramos el debate a lo que realmente importa: la salud pública. Es necesario invertir más en mejorar la calidad y la capacidad de los servicios de salud. Son las personas más pobres quienes lo necesitan. No busquemos que los funcionarios se atiendan en los servicios públicos como si fuera un castigo, busquemos el mecanismo para brindar una atención de calidad a todos, sobre todo a las personas de más bajos recursos para que ellos vean lo que se siente. 

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Omar Ovalle

Especialista en Economía y Finanzas