Administrando la decepción

Administrando la decepción

Foto: Internet

18-09-2018

Este fin de semana, al iniciar su gira de agradecimiento, el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, declaró que México se encuentra en bancarrota, por lo que será imposible cumplir con todas las demandas de la población, no así con las promesas de campaña.

Coincido en que la situación económica del país no es la mejor y que existen grandes retos por superar. Es por ello que busqué información para tratar de entender sus palabras y su significado.

Pensé que, al hablar de bancarrota, se refería a que recibirá un país con 53.4 millones de personas en situación de pobreza (CONEVAL), a los $4,307 de ingresos mensuales que en promedio recibe cada mexicano (INEGI), o tal vez a los $85,902 que todos y cada uno de nosotros debemos por concepto de deuda pública (México Evalúa), herencia de la actual administración. Pero no, no encontré referencia alguna en las declaraciones de AMLO.

Después imaginé que seguramente se refería a algo más, tal vez a que el gasto público en México es insuficiente, pues sólo representa 24.5% del PIB, mientras que en los países de la OCDE el promedio es de 40.9%. Supuse también que hablaba de los bajos ingresos públicos, ya que en México los ingresos fiscales (impuestos y derechos) constituyen el 17.2% de PIB, contra el 34.3% de la misma región (OCDE). Pero no, tampoco encontré estas referencias, ni de AMLO o de alguno de sus colaboradores.

De haber contextualizado sus palabras, AMLO hubiera dado sentido a sus declaraciones y pudiera haber abierto la puerta a la discusión de soluciones, principalmente a sus ambiciosas promesas de campaña.

Más allá de eso, también declaró: “hicimos el compromiso y lo vamos a cumplir de que vamos a respetar la autonomía del Banco de México (BANXICO), para que haya equilibrios macroeconómicos, que no haya inflación, y que si se dan esos fenómenos no es por culpa del presidente de la República, sino por circunstancias externas o por mal manejo de la política financiera que haga el Banco de México, no el gobierno de la República”.

Sus palabras, más que tranquilizar, preocupan. Si tiene la intención de respetar la autonomía de BANXICO, ¿por qué la necesidad de aclararlo reiteradamente? Los bancos centrales han sido un pilar importante ante los deseos famélicos de gobiernos por aumentar el gasto público de manera desmedida.

El Gobierno Federal es el encargo del manejo de las finanzas públicas, no BANXICO. El mal manejo del gasto público ha sido uno de los principales generadores de desequilibrios macroeconómicos en el pasado que han terminado en crisis.

Es de suponerse que AMLO lo sabe. Y de ser así, parece estar buscando justificaciones a hechos que aún no pasan. No es lo mismo estar en campaña que gobernar, y parece ser que Andrés Manuel y su equipo se están enfrentando a una dura realidad ahora que la transición está en marcha.

Es cierto que la nueva administración se enfrentará a restricciones presupuestarias debido al poco margen fiscal que le heredará el gobierno de Enrique Peña Nieto. Para superar este problema, AMLO debería ofrecer soluciones más profundas, como una reforma fiscal que aumente ingresos y mejore la calidad del gasto público, pero eso está descartado por ahora.

Las declaraciones de Andrés Manuel parecen tener un tono más político. Él y su equipo se están dando cuenta que no podrán solucionar los grandes problemas de México y es necesario modificar la retórica. Están tratando de administrar la decepción que generarán a sus simpatizantes al no poder cumplir sus altas expectativas.

Esperemos que el cambio de discurso este dirigido a modificar sus fantasiosas promesas, y no sea una anticipación de lo que puede venir: un desequilibrio macroeconómico en las finanzas públicas y una pelea con BANXICO por sanear las cuentas del gobierno. En verdad, esperemos que así sea.

@ovalle_omar

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Omar Ovalle

Especialista en Economía y Finanzas