La carrera por la grande

La carrera por la grande

Foto: Internet

14-12-2017

La boleta electoral va tomando forma. La carrera por la presidencia del próximo año ya tiene nombres. Aunque aún son precandidatos, es cosa de tiempo para que sean nominados por sus respectivas coaliciones. A pesar de las pugnas internas, todo salió como se esperaba. No hubo muchas sorpresas.

Por parte de la alianza PRI-Verde, se postuló a José Antonio Meade. Funcionario experimentado, sobre todo en las últimas dos administraciones, que ha pasado por diversos cargos de alto nivel. Una candidatura que se veía cantada desde la modificación de los estatutos del partido. La designación se hizo directamente desde los pinos.

Paradójicamente, el partido que es considerado el más corrupto, postula a un candidato que no tiene escándalos de corrupción. Muchos ven a Meade como una persona inteligente y capaz de conducir al país. Su experiencia en lo profesional y lo académico serán puntos a su favor durante la campaña. Su reto será convencer a la sociedad que bajo su gobierno el PRI no será corrupto, deshacerse de la sombra de Javier Duarte y los ex gobernadores que robaron millones, defender las reformas estructurales, a pesar de no haber dado los resultados prometidos, y superar el voto en contra del PRI, qué es el partido más rechazado en la sociedad con cerca de un 60% de negativos.

En MORENA ya se registró AMLO. Un personaje controvertido dentro de la política nacional. Querido y odiado por muchos, AMLO logró construir un partido alrededor de su figura. Con “la cargada” a su favor, MORENA es una opción real con probabilidades de ganar la elección del 2018.

La principal ventaja de Andrés Manuel es qué es el candidato más conocido por la sociedad, 9 de cada 10 mexicanos saben quién es. Otra ventaja es que tiene un séquito de seguidores fieles que le perdonarán cualquier comentario u ocurrencia que diga, los ha conseguido después de más de 12 años de campaña. Actualmente es el preferido por los electores, así lo muestran todas las encuestas. Sin embargo, también tiene muchos negativos. Su principal enemigo es él mismo. Se sabe que es un personaje soberbio, que no acepta críticas, y autoritario. Es él que más tiene que perder: cuando se está arriba en las encuestas, el único lugar que puede ir es abajo. Ahora también tendrá que defender la alianza con el PT y el PES. El primero ha sido muchas veces aliado del gobierno para garantizar su supervivencia, y el segundo que representa los valores más conservadores de la derecha política, contradictorio a MORENA que se hace llamar de izquierda.

Por otro lado, se encuentra la alianza “Por México, Al Frente”, integrado por los partidos PAN-PRD-MC. Se hicieron llamar un Frente Ciudadano al principio, pero se vieron obligados a renunciar al apellido cuando no pudieron (o no quisieron) integrar a los grupos de la sociedad civil. Aquí tampoco hubo sorpresas. Ricardo Anaya se impuso como candidato de los tres partidos, algo que se sabía era un acuerdo entre los tres presidentes de los partidos impulsores de la coalición.

 Anaya es un político joven y habilidoso que ha crecido de manera exponencial en la política. Muchos, sobre todo quienes no tiene ideología definida, se pueden ver identificados en El Frente, que se caracteriza por dejar las diferencias entre izquierda y derecha de lado. Hay quienes piensan que es un Frente prometedor y que será competitivo en la próxima elección. Quien le escribe piensa lo contrario. El proceso para la creación del Frente fue desgastador para los partidos integrantes y el resultado fue decepcionante para sus potenciales votantes. Renunciar a integrar a ciudadanos a las candidaturas les restó credibilidad, a los ciudadanos sólo se les requiere para el voto. Finalmente, el candidato designado no es competitivo. Ha ganado mucho sin competir en nada. Lo ha hecho traicionando a sus colaboradores más cercanos, característica que lo marcará en campaña. Otro problema importante que tendrá es convencer a las bases de los partidos integrantes de la alianza que voten por él. Anaya controla las estructuras del PAN, por eso pudo quedarse con la candidatura, pero no es un personaje que convenza a la militancia panista. En el PRD está peor, no veo a ningún militante del PRD o del MC votando por un candidato como el joven maravilla.

Finalmente se encuentran los independientes, o los sin partido. Por ahora, el más avanzado es Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco. Ya logró recopilar el número de firmas mínimo para la candidatura, pero aún le falta que sean validadas por el INE y necesita obtener dispersión en varios estados (sólo tiene 3 de 17). El haber logrado las firmas tan rápido, y antes que los demás aspirantes, puede relacionarse a qué es el único que ostenta un cargo público y, por supuesto, dinero público a su disposición.

Aunque El Bronco no tiene probabilidad real de ganar, insiste en competir en el 2018. Con su estado inconforme con su gestión, pedirá licencia para participar en la elección. Los opinólogos dicen que su candidatura restará votos a AMLO y que es una estrategia pactada con el PRI-Gobierno, un escenario que no se me hace nada descabellado. Es muy probable que esté en la boleta electoral y, una vez perdida la elección, regrese a su estado a seguir decepcionando a los neoleoneses por otros tres años de administración.

La boleta electoral del 2018 no presentará grandes sorpresas. Ante el hartazgo hacia la clase política y la búsqueda de nuevas opciones, los partidos políticos no mostrarán nada nuevo. La clase política se encuentra estancada y no entiende que no queremos ver las mismas caras. Queremos ver nuevos personajes que no representen más de lo mismo. Queremos nuevas ideas que muestren una nueva forma de relacionarse entre la política y la sociedad. La sociedad evoluciona y con ella las exigencias hacia sus gobernantes. Desafortunadamente, la clase política no evoluciona al mismo ritmo.

@ovalle_omar

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Otra perspectiva

Omar Ovalle

Especialista en Economía y Finanzas