Además del cáncer, a la mujer la acompaña la violencia, la discriminación y el estigma

Además del cáncer, a la mujer la acompaña la violencia, la discriminación y el estigma

Foto: EFE

09-03-2021

 

Nunca como hoy la conmemoración del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), cuya lucha tiene como objetivo primordial el lograr una equidad entre hombres y mujeres, en todos los ámbitos del quehacer humano, así como la erradicación de la violencia y la discriminación hacia la mujer cobra tanta relevancia por todo lo que ello implica.

Violencia y discriminación que parece no tener ninguna relación con el tema de la salud, y menos con algunos tipos de cáncer que presentan las mujeres; específicamente con el de pulmón, mama y cervicouterino; desgraciadamente no es así.

La discriminación hacía las mujeres en general empieza desde que no todas tienen acceso a los servicios de salud –pese a ser un derecho constitucional- sobre todo las que viven en zonas marginadas o de extrema pobreza; y si de cáncer se trata, el panorama se torna más complejo luego de que tampoco se ven beneficiadas con las campañas de prevención y atención oportuna, lo que da como resultado que cuando son diagnosticadas con alguna neoplasia, la enfermedad ya se encuentra en una etapa avanzada, que se traduce en miles de muertes al año en nuestro país por cáncer de mama y cervicouterino, principalmente.

Discriminación y violencia que viven todas aquellas mujeres con cáncer de mama que carecen de seguridad social, que estaban siendo atendidas a través del Seguro Popular, y que ahora con su desaparición –al inicio de la presente administración se han quedado- han tenido que interrumpir su tratamiento e incluso muchas ya han muerto, luego de que hasta el momento el Insabi (Instituto Nacional para la Salud y el Bienestar) sigue sin dar a conocer sus reglas de operación, por lo que no se sabe, en el caso de las personas con cáncer –en cualquiera de sus modalidades- cómo y de qué forma podrán verse beneficiadas. Pero por lo pronto, ya se les está cobrando la consulta y tienen que pagar sus medicamentos, muchos de los cuales no siquiera se tienen, so pretexto de que supuestamente el desabasto de medicamento oncológico que se tiene es a nivel mundial y no sólo exclusivo de nuestro país, según declaraciones de autoridades del sector Salud.

Y digo, violencia, porque si las pacientes con algún tumor maligno no tienen seguridad social, ni dinero para atenderse en forma privada, menos van a tener para costearse los medicamentos; lo que se traduce en varios miles de pesos mensuales, y que a la larga resulta incosteable no sólo por el hecho de que los tratamientos oncológicos, en la mayoría de los casos duran años, sino porqué no sólo se trata de los fármacos, sino también de estudios de gabinete (análisis) y/ o procedimientos como las quimios o las radioterapias, que representan un costo adicional. Ello, sin tomar en cuenta lo que tienen que desembolsar en comidas y traslados, tanto del paciente como del acompañante, en muchos de los casos; no por nada el cáncer está catalogada como una enfermedad catastrófica en muchos sentidos: económico, social, laboral, familiar y hasta gubernamental, por todo el presupuesto que se tiene que destinar tanto para la atención como para la prevención; el cual resulta insuficiente tanto por el número de casos (en general) cuya tendencias seguirá a la alza, como por la disminución de recursos que se destinan para este rubro, por parte de la presente administración.

En suma, el hecho de no tener dinero ni para atenderse, ni para comprar medicamentos en las mujeres que padecen cáncer se traducen en violencia; no sólo económica, sino también psicológica, al experimentar miedo, incertidumbre y depresión, no sólo por no tener los recursos, sino por no saber qué va a pasar con su vida y su futuro.

Si a ello se le agrega, el hecho que en muchos de los casos las mujeres con cáncer son abandonadas por sus parejas sentimentales –en caso de tenerlas- por el sólo hecho de haber sido diagnosticadas con la enfermedad; cuando por el contrario es cuando más deben tener el apoyo moral y económico por parte de la familia, en especial se supone) del esposo, de aquel que ante el altar juro estar a su lado, “en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad”, lo cual en la realidad no es así, ya que en muchos de los casos son los primeros en abandonar el barco. Lo cual, a reserva de lo que muchos creen, nada tiene que ver con la formación profesional ni con la posición económica, sino más bien con la falta de compromiso, porque no cualquiera quiere lidiar con una mujer enferma, sea su esposa, suegra, hija y hasta mamá. Si la mujer es sola, joven o no, tiene que librar sola su batalla contra el cáncer; de ahí que el abandono también  se traduce en violencia.

Lo mismo sucede en la familia, ya que si algún niño o adolescente es diagnosticado con algún tipo de cáncer infantil, se culpa a la mama por “no haberse cuidado en el embarazo (no cual nada tiene que ver) o por “no haber sabido cuidarlo”, lo cual tampoco tiene nada que ver; pero resulta el pretexto perfecto para que el jefe de familia salga huyendo, ante la falta de compromiso para enfrentar en familia el problema de salud de alguno de sus miembros, y eso señores, también es una forma de ejercer violencia.  

Si la mujer está embazada y se le diagnostica cáncer de ovario o cervicouterino principalmente, y se ve en la necesidad de interrumpir la gestación, ya sea porque está en riesgo el producto o su propia vida, también es culpabilizada por la pareja y hasta por la suegra del embarazo fallido, argumentando que “no sirve, ni para tener hijos”. Aquí la violencia y la discriminación es peor, porque viene de una igual, es decir, de otra mujer, cuando el objetivo debiera ser, el ser solidarias con nuestras congéneres.            

Ahora que si de cáncer cervicouterino (CaCu) se trata, la situación es peor, ya que en automático se responsabiliza a la mujer por presentarlo, cuando está comprobado que este tipo de carcinoma guarda una estrecha relación con el Virus del Papiloma Humano (VPH) que es trasmitido del hombre a la mujer vía sexual. De nueva cuenta señala y estigmatiza en forma general a la mujer por ejercer su sexualidad libremente, incluidas aquellas que sólo tienen sexo con su pareja y son contagiadas por éste, por lo que de un momento a otro pasan de ser afectadas a ser responsables del contagio; por quiénes, por la propia pareja.

De ahí la importancia de vacunar a niños y niñas desde la infancia, a fin de prevenir este tipo de padecimientos, superando ideas retrogradas algunos padres que se niegan a que sus hijos sean inmunizados, argumentando que ello les abre el camino para empezar a tener relaciones sexuales, cuando no visualizan que lo importante es protegerlos de una probable infección, que de progresar a un cáncer cervicouterino y no ser atendido a tiempo les puede costar la vida.

Está comprobado que el 90 por ciento de los casos de CaCu son ocasionados por el (VPH), que es considerada la forma de trasmisión sexual más común, por lo que se estima que la mayoría de los hombres y mujeres sexualmente activos se infectarán en algún momento de su vida. Virus que se puede contraer al tener relaciones sexuales vaginales, orales y anales; e incluso puede trasmitirse si la persona infectada no presenta síntomas.  

La mayoría de las veces las infecciones por VPH desaparecen completamente sin causar ningún problema de salud. Sin embargo, actualmente se conocen otras enfermedades que pueden ser asociadas a este virus como el 90 por ciento de los cánceres de ano, 70 por ciento de los cánceres de vagina y vulva y 60 por ciento de los cánceres de pene y entre el 60 y 70 por ciento de los cánceres orofaríngeos, además de las verrugas genitales.

El Centro de Prevención y Control de Enfermedades en Estados Unidos (CDC por sus siglas en inglés) recomienda la prevención del VPH en personas con sistema inmunológico deprimido como hombres y mujeres que viven con Virus de Inmunodeficiencia  Adquirida (VIH).

El problema de salud pública que representa la infección por VPH al ser de los principales factores de riesgo para carcinomas como el cervicouterino; que es la segunda causa de muerte por cáncer en las mujeres en América Latina y el Caribe.

Otro ejemplo en que la mujer es claramente estigmatizada es cuando presenta cáncer de pulmón, dando por hecho que desarrollo la enfermedad por fumar, cuando en muchos de los casos son fumadoras pasivas, cuando han pasado mucho tiempo inhalando el humo de leña (principalmente en las zonas rurales) o inhalando químicos al laborar en estéticas (por los tintes) o en tintorerías desarrollando con los años este tipo de neoplasia.

Por último, el panorama de la mujer indígena en cuanto al acceso a la salud y en específico para prevenir un cáncer es todavía más desolador, no sólo porque es sus comunidades no cuentan con la infraestructura para hacerles chequeos de rutina que permitan diagnosticar una anomalía a tiempo, sino porque no tienen “permiso” de los maridos para ir al médico, y que en el caso de zonas de alta migración hacia Estados Unidos se refleja en el aumento de casos de cáncer cervicouterino, al ser contagiadas por sus “fieles” parejas.

El atraso y la marginación en el medio rural es tal en algunos puntos, que llega al grado de que los representantes de las comunidades (por lo regular hombres) son los que autorizan las campañas de información y prevención del cáncer, anulando con ello toda posibilidad de que puedan ser diagnosticadas y tratadas en forma oportuna.

Así las cosas, nos falta mucho camino por recorrer en materia de educación, para lograr que las mujeres en México sean quienes decidan libremente sobre su vida y su salud.

                                                

   

 

 

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