Pobreza, un fenómeno que no cede en México

Pobreza, un fenómeno que no cede en México

Foto: Internet

LA POBREZA es una especie de alergia que afecta todos los sentidos y deja a las personas en una situación de indefensión e incapacidad para actuar.

La pobreza es una enfermedad que provoca que el sistema de salud de las personas que la padecen pierda todo su nivel inmunológico y los deja a merced de males que pueden acabar con su existencia.

La pobreza es una crisis emocional que impide pensar en escenarios de réplica y sumerge al individuo en el estrés cotidiano de no saber qué llevarse mañana a la boca, junto con sus descendientes y familiares.

La pobreza, a escala personal, aniquila a la persona por la falta de oportunidades para crecer y desarrollarse y, desde el punto de vista gubernamental, es sinónimo de fracaso en políticas públicas y ausencia contundente de un plan de Estado por el bien común.

Por eso, es alarmante quedar pasmados cuando en el informe del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) se nos subraya que en 10 años de medición y resultados hubo una mejoría en la situación de pobreza de millones de mexicanos, pero la mitad de la población vive esa angustia.

Nada se tiene que festejar cuando dicho nos dice que entre 2014 y 2018, el número de personas en situación de pobreza se redujo en 2.9 millones, al pasar de 55.3 a 52.4 millones y de 46.2% a 41.9% como proporción de la población total, porque siguen siendo muchos compatriotas que no han resuelto sus necesidades más ingentes

Nada podemos alardear de los gobiernos que, pese a sus cientos de programas clientelares de ayuda y subsidio, arrastran la vergüenza de heredar una población que no tiene lo necesario para comer, vivir, medicarse y educarse.

Para nadie es presumible hablar de un país mejor, si la mitad de su población raya en condiciones de pauperismo y cuando en pobreza extrema resaltan 2.1 millones de personas.

Los mexicanos debemos replantearnos los mecanismos de ayuda y solidaridad para revertir esa condición de miseria que se vive en la República, aunque se nos diga que la población con al menos tres carencias disminuyó en 3.3 millones de personas entre 2014 y 2018, para ubicarse en 23.5 millones de personas o que como porcentaje de la población pasó de 22.1% a 18.7%.

Las cifras son tronantes, porque todavía rondan los 50 millones de mexicanos los que tienen un ingreso inferior a la línea de bienestar o que no cuentan con un ingreso capaz de generarles una canasta alimentaria digna.

Los discursos oficiales salen sobrando cuando no hay claridad en los programas sociales y cuando miles de millones de pesos se desperdician en ofrecer a la población programas de subsistencia, sin oportunidades para salir del hoyo.

Las palabras están de más cuando contunde que hay 52.4 millones de pobres. Son muchos mexicanos demandantes de un cambio en su condición de miseria y carencias.

El informe del Coneval debe servirnos como un punto de reflexión y de cambio, pero para progresar, para redefinir el rumbo como nación y para saber qué es lo que debemos hacer. Otros ya han trazado el camino y son naciones que han dado el ejemplo. Nada hay que descubrir, hay países con pleno empleo, cero pobrezas, y que le han provocado a su población las condiciones para tener casa propia, un auto, una cuenta bancaria, un ingreso seguro, y, sobre todo, cero ignorancia y nulo analfabetismo.

Urge un ya basta para quitarle el mote de los estados más fregados a los mismos de siempre: Chiapas, Guerrero, Tabasco y Veracruz, así como frenar los síntomas que ya presenta la Ciudad de México que cada día presenta más diversidad en su población, sin crecimiento parejo y con más pobres.

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