Villa y Zapata le Abrieron el Camino a Madero

01-12-2015

Porfirio Díaz tenía ya 80 años de edad, sufría una severa infección en las encías, padecía sordera y dolor de rodillas al caminar; pero lo que más lo atosigaba era el malestar social de un país cansado que ya no lo soportaba.

No puede negarse que había logrado apaciguar al país, y saneó las finanzas nacionales, pero él y su familia se aprovecharon del cambio y se enriquecieron con negocios millonarios; él, en uno sólo con un banco obtuvo 70 millones de pesos, enorme cantidad en ésta y más en aquella época; en tanto, la población vivía en la más escandalosa pobreza; los ricos eran los dueños de los pobres..

Así, alentaba a sus colaboradores, para sucederlo, por un lado, a José Ives Limantour, sagaz secretario de Hacienda y por el otro a Bernardo Reyes, un gran militar que callado, siempre esperó la oportunidad.

En este periodo se acrecentaron los problemas políticos debido a la testaruda persistencia de Díaz en el poder concentrado en su persona. También ocurrieron lo más graves conflictos sociales al sacrificar la justicia social en aras del progreso material.

Los grupos oponentes, que habían sido apagados por el poder, revivieron, como el Magonismo y la recia figura de Francisco Ignacio Madero, al frente del partido Antireeleccionista que había sufrido hasta encarcelamiento en Monterrey para frenar sus ímpetus, comenzó a nutrirse de adeptos contra el porfirismo y el porfiriato.

Se prendió la mecha y La Toma de Ciudad Juárez fue un enfrentamiento encabezo por Francisco Villa decisivo en el apoyo a Francisco Ignacio Madero, del 8 al 10 de mayo de 1911, en Ciudad Juárez, Chihuahua.

Y el El 10 de marzo de 1911, Emiliano Zapata se sublevó y se unió al movimiento Maderista en Morelos y se lanzó a la lucha revolucionaria, al frente de unas decenas de campesinos, con quienes comenzó la batalla en la región sur del país para convertirse en el famoso Caudillo del Sur.

Fueron los dos hechos decisivos que provocaron la renuncia del dictador, Porfirio Díaz y abrió las puertas para el triunfo de Madero, como nueva esperanza de México que aún no llega y que parece cada día está más lejos. Del trabajo de Valente Molina.

Gota de Historia

Arturo Rios