¡Así no, señor Presidente!

¡Así no, señor Presidente!

Foto: Internet

La creciente ola de inseguridad que vive México no disminuirá con amenazas ni regaños, ni tampoco haciéndole gestos de “fuchi” o “guácala”. No, a la delincuencia se le combate con estrategia y eso es lo que espera la mayor parte de nuestra sociedad de sus autoridades de gobierno.

Y es que el pasado domingo, en gira de trabajo por Tamaulipas, el presidente Andrés Manuel López Obrador reiteró su llamado a la delincuencia para que se “porten bien”, que piensen en sus madres y dejen ya las actividades ilícitas.

“Que se vaya al carajo la delincuencia. ¡Fuchi!, ¡guácala! Es como la corrupción: ¡fuchi! ¡guácala!”, señaló en el discurso que ofreció en el patio del Hospital Rural Soto la Marina, del IMSS.

Al grupo delincuencial que mantiene amenazados a los dueños de gasolineras de Nuevo Laredo para que no surtan de combustible a los elementos de seguridad (locales, estatales y federales), los “conminó” a que recapaciten, pues lo que hacen está mal. “Así no es la cosa. Yo los llamó a que recapaciten que piensen en ellos, pero sobre todo que piensen en sus familias, que piensen en sus madres, sus mamacitas, saben cuánto sufren las mamás por el amor sublime que se le tienen a los hijos y ellos tienen que pensar en eso”.

López Obrador remató su mensaje -cuasi cuasi pastoral-, al afirmar categóricamente que su gobierno ha avanzado en el combate a la inseguridad. “No estoy diciendo que no hay problema, claro que hay, pero estaba peor, o sea, estaba muy difícil, ustedes lo saben. Entonces, ha ido bajando, se ha ido serenando la situación social, hay menos inseguridad”.

NO CEDE LA INSEGURIDAD EN MÉXICO

Tal aseveración, sin embargo, contrasta notablemente con la información que ofrece de manera permanente el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), instancia del gobierno federal que dio a conocer recientemente que, en promedio, uno de cada 10 mexicanos fueron víctimas de un hecho violento durante los primeros siete meses de 2019, lo que refleja una de las tendencias más altas de las últimas dos décadas de las que se tienen registros oficiales.

De acuerdo con las cifras oficiales, de enero a junio se registraron un total de 17 mil 608 víctimas de homicidio y feminicidio, es decir, una tasa de casi 14 asesinatos por cada 100 mil habitantes, una cifra récord en al menos 22 años.

Por su parte, el vigésimo cuarto levantamiento de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), realizada por el INEGI en la primera quincena de junio de 2019, precisa que el 73.9% de la población de 18 años y más consideró que vivir en su ciudad es totalmente inseguro.

YA SON 11 MILITARES ASESINADOS EN LO QUE VA DEL AÑO

Si esta realidad no concuerda con “los otros datos”, habrá que recordar que de enero a agosto de este año fueron asesinados 11 militares de distintos grados en todo el país, misma cantidad de soldados que murieron durante todo 2018.

Se trató de un coronel de infantería, un teniente coronel, dos tenientes, cuatro cabos y tres soldados, quienes cayeron en cumplimiento de su deber en Tamaulipas, Michoacán, Sinaloa, Nuevo León y Guanajuato, según el conteo del personal fallecido en acciones antinarco de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

Como se puede observar, con el número de asesinatos se ha incrementado también el grado de los militares, pues el año pasado el mayor grabo de un militar que murió en servicio fue un capitán segundo, mientras que ahora el de mayor rango fue un teniente coronel.

Pese a la cruenta y desigual batalla, López Obrador ha dicho -una y otra vez-, que el Ejército no se utilizará para reprimir al pueblo. Incluso, por esa declaración fue cuestionado por la prensa en el sentido de si los integrantes del narco también son pueblo, a lo que, sin tapujos, respondió: “Sí, es pueblo, todos son seres humanos”.

Bajo tal premisa, todos hemos sido testigos, a través de noticieros y videos en redes sociales, de las constantes y vergonzosas humillaciones que grupos civiles coludidos con el crimen organizado han propinado a militares, sobre todo en operativos contra el narco y el huachicoleo, sin que éstos pudieran contrarrestar las ofensas, empellones y amenazas, pues tienen la consigna de no repeler nada que venga del “pueblo bueno”.

CUÁNTOS DETENIDOS HAY POR EL ATENTADO EN COATZACOALCOS

Otro caso patético se registró a finales de agosto, en el atentado contra un table dance de Coatzacoalcos, que costó la vida de más de 30 personas, ya que los gobiernos federal y estatal se enfrascaron en una estúpida refriega de dimes y diretes en contra del ahora ex fiscal de Veracruz, por haber puesto en libertad al supuesto brazo ejecutor de la masacre, cuando la realidad apuntó finalmente a la Fiscalía General de la República, mientras que el presunto agresor se deslindó de los hechos a través de un video difundido en redes sociales.

A la fecha, las investigaciones -supongo-, están en curso y a todo lo que dan, pero sin que la sociedad tenga claridad sobre quién o quiénes fueron los ejecutores de tan terrible crimen.

Lo lamentable fue el argumento que utilizó el Jefe del Ejecutivo Federal para referirse a los nefastos hechos delictivos de Coatzacoalcos: “Es lamentable que la delincuencia organizada actúe de esta manera, es lo más inhumano que puede haber”.

Señor Presidente, con todo respeto, pero la delincuencia organizada viene actuando así no solo en ese hecho en particular, sino desde hace poco más de dos décadas. Son delincuentes y su modus operandi es totalmente inhumano y fuera de todo orden y ley.

Pedirles que no dañen al prójimo, como lo ha hecho, no subsanará las deficiencias que prevalecen en el combate a la delincuencia. La sociedad demanda resultados concretos y éstos solo surgirán de acciones coordinadas en un plan maestro y una estrategia nacional.

Ya basta de palabras “aleccionadoras de conductas”. Es falso que ahora hay una nueva conciencia y mentalidad entre la sociedad, como lo aseguró el 2 de julio, con el argumento de que “ya no son bien vistos los que se portan mal”. Con todo respeto, señor Presidente, pero los que se portan así siempre han sido mal vistos y mal catalogados por el grueso de la sociedad, pues está claro que a los delincuentes no les importa el sufrimiento de sus mamacitas, como usted lo asegura.

ES OBLIGACIÓN DEL GOBIERNO GARANTIZAR LA PAZ SOCIAL

Aquí no se trata de aplicar la Ley del Talión contra quienes delinquen, sino de hacer que se respete la ley y que ésta se aplique como tal. La procuración y administración de justicia debe ser pareja y no dejar cabos sueltos a diestra y siniestra. Solo eso.

Nadie en su sano juicio puede contradecir la gravedad que padece nuestro país y que, en efecto, es histórica: la creciente inseguridad y la crisis en la procuración y administración de justicia.

Actuar contra la delincuencia y el crimen organizado no es ni será instrumentar la represión. Es, simple y llanamente, garantizar la paz social y aplicar el Estado de Derecho en una sociedad democrática.

Actuar contra la delincuencia no es aplicar el “ojo por ojo y diente por diente”, es responder con acciones al mandato que le fue conferido por el voto mayoritario de la ciudadanía.

Señor Presidente, no se equivoque más, por favor, el crimen organizado y la delincuencia en general no van a regresar al buen camino solo porque usted los llame a “portarse bien” y para que así ya no le den más dolores de cabeza y sufrimiento a sus mamacitas.

La delincuencia no se va a ir al carajo solo porque usted les haga “fuchi” y “guácala”. Entiéndalo, por favor.

 

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Expresión de Hoy

Antonio Gutiérrez