Los síntomas de la improvisación

Los síntomas de la improvisación

Foto: Presidencia de la República

28-01-2020

Era el mejor de los tiempos.
Era el peor de los tiempos....

Así inicia el libro “Historia de dos ciudades” de Charles Dickens, la frase es útil para retratar el momento en el que estamos ahora.

Para muchos mexicanos los cambios que se han presentado en nuestro país, a partir de la alternancia en el gobierno federal, resultan ser los mejores; para otros significan los peores que se han planteado e implementado en varias administraciones.

Hay también, un segmento que considera cómo buenas las intenciones anunciadas pero malas o muy malas las formas de implementarlas o qué hay una evidente ausencia de estrategias para llevarlas a cabo.

Los hechos señalan que este gobierno ha venido a cambiar muchas cosas, sin que eso implique mejoría. El problema se da en qué muchas de las decisiones emprendidas están basadas en las obsesiones del Presidente, que por lo general suenan bien pero están hechas por ideas vagas, con una visión simplista del problema a resolver, con una preocupante falta del más mínimo análisis y lamentablemente, impregnadas de elementos que segmentan y dividen a los mexicanos.

Es emblemático de este gobierno la improvisación, y para demostrarlo hay varios ejemplos. El Plan Nacional de Desarrollo; el plan de inversión de PEMEX; la estrategia de combate al Guachicol; la compra de las pipas en el desabasto de gasolina; la construcción del aeropuerto de Santa Lucía; la Guardia Nacional; los anuncios de brazos abiertos para las caravanas de migrantes centroamericanos; el diseño de os programas sociales; el Programa de Fertilizantes en Guerrero; la cancelación de las guarderías infantiles; la construcción de la refinería de Dos Bocas; el programa de precios de garantía; el programa de becas de empleo para jóvenes; la fallida política de seguridad de abrazos no balazos; la captura del Chapito; los cambios impuestos en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y otros órganos autónomos; el INSABI, entre otras y últimamente la incapacidad para vender el avión presidencial. Todos ejemplos de improvisaciones, ineptitud y caprichos del Titular del Ejecutivo.

Para sus seguidores, hacer estos señalamientos pueden ser percibidos como un listado lapidario de fracasos de algo que es una obra en construcción; sin embargo no hay que perder de vista dos elementos muy importantes: El primero, hace mucho que no teníamos a un presidente con tantas ganas de cambiar al régimen. El segundo, tantos ciudadanos esperanzados en que ésta sea la buena.

Las expectativas son altísimas; y las oportunidades para ejecutar cambios, numerosas. Es por ello que el presidente debe cumplir el compromiso hecho, pero a la vez, se debe medir su desempeño basándose en resultados concretos, no solo en “sus datos”.

Resultados en lo que a las personas les importa: ingreso, empleo, seguridad, justicia, servicios públicos de calidad. Cumplir con esto es su obligación.

Dada la importancia de lo que está en juego, hacer un balance de la ejecución e implementación de la política pública es también una obligación de todos los mexicanos.

Ante este estilo de gobierno, la sociedad civil debe estar a la altura, debemos también expresar nuestros argumentos clara y enérgicamente frente al gobierno.

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