Los cambios en el turismo con la nueva normalidad

Los cambios en el turismo con la nueva normalidad

Foto: Afp

 

NUEVA NORMALIDAD fue la frase inyectada a la humanidad muchos días antes que las vacunas contra la Covid-19. El término acuñado y de uso corriente afecta a todos los ámbitos de la vida pública y privada. Nadie puede cuestionar que el futuro inmediato cambió nuestras formas de pensar, convivir, explorar y trazar la vida personal con nuestras familias y conocidos.

Todo cambió en el turismo, la industria, los centros de trabajo, los mercados, el transporte y las relaciones personales. Tardaremos muchos años en regresar a la vida normal que todos teníamos antes del terrible 2020.

En el turismo la situación es muy dramática, porque ahora en los aviones, trenes, autobuses, hoteles, restaurantes, agencias de viaje, aeropuertos, centros comerciales y muchos negocios más, será difícil abandonar esa radiografía que nos obliga a usar cubrebocas, caretas, sanitizantes, gel antibacterial, termómetros, oxímetros, pruebas rápidas, etc.

Todos esos productos y más formarán parte de nuestras maletas de viaje, al igual que los botiquines personales con las medicinas que transportamos con nosotros, con el único objetivo de salvaguardar la salud.

El impacto económico ha sido global y en todos los sectores; sin embargo, el turismo ha sido uno de los más afectados, porque el Barómetro de Turismo de la Organización Mundial del Turismo (OMT) nos revela que las pérdidas registradas en ingresos de exportación en 2020 rebasaron 1.3 billones de dólares, derivado de la baja en llegadas internacionales del -74%, que equivale a 11 veces las pérdidas calculadas en la crisis económica global de 2009.

Para ayudar a revertir esa desgracia, muchos prestadores de servicios ya pusieron manos a la obra, como los hoteles, donde su modelo de negocio se ha reconfigurado de forma gradual, y donde los huéspedes han adoptado nuevos motivadores en su decisión de reserva. Unos y otros mantienen el diálogo constante para encontrar nuevas formas de capitalizar las habitaciones que antes estaban destinadas a viajes de placer o negocios, y que ahora también se han convertido en un refugio por la pandemia.

Otros asuntos que también está de moda, como consecuencia de la crisis sanitaria es el tema de la bioseguridad, sustantivo que nos indica el valor de los protocolos de seguridad, y que nos determina el conjunto de medidas preventivas destinadas a mantener el control de factores de riesgo de agentes biológicos, físicos y químicos.

Hay hoteles que ofrecen un completo manual de bioseguridad, en el cual se relatan las medidas recomendadas por autoridades mundiales, federales y locales, y que están alineados con los protocolos de la Organización Mundial de la Salud.

Lo anterior significa mayor confianza del huésped en el hotel y el cumplimiento de todos los procesos de limpieza y desinfección en sus instalaciones, que los materiales usados son biodegradable y en línea con el compromiso de cuidado al medioambiente de la cadena.

Como si se tratara del desayuno incluido, muchos hoteles ya ofrecen, sin costo, cubrebocas, geles, sanitizantes y caretas, además de otros productos para extender el clima de confianza y seguridad que exige un cliente, un viajero, un huésped.

Los mismo tendrán que hacer los restaurantes, las aerolíneas, los trenes para pasajeros, los centros y plazas comerciales, e incluso el transporte público, si quieren ir acorde con las exigencias de la nueva normalidad.

Hoteles City Express nos ofrece una experiencia: Hasta febrero de 2020, el journey de un huésped en un hotel era bien conocido y estandarizado internacionalmente. Ya fuera por negocios o placer, los clientes solían cruzar la puerta principal de la propiedad para dirigirse directamente al mostrador y hacer check-in. La limpieza del lugar era esperada intrínsecamente dentro de la experiencia, y por los pasillos se observaba a gente dirigiéndose a las diferentes áreas comunes como alberca, gimnasios, salas de junta, lobby, entre otros. Los elevadores soportaban la capacidad máxima de personas que los abordaban, y presionaban con naturalidad el número del piso de su habitación. Una vez terminada la estancia, el huésped se dirigía a realizar el check-out para continuar con su travesía.

Todo es diferente ahora. Los viajeros han tenido que adaptarse a las reglas de la nueva normalidad. Hoy en día, el cubrebocas es tan importante como las llaves, el celular o la cartera; hay incluso quienes llevan uno para cada atuendo. El mostrador fue sustituido como la primera parada, por un filtro sanitario que exige una desinfección de manos (con gel antibacterial) y del equipaje (con un producto químico), seguido de la toma de temperatura y de un breve cuestionario de síntomas.

Posterior a este proceso, es posible hacer check-in, interactuando con el personal con la mayor sana distancia posible y siempre usando el cubrebocas. La limpieza de cada punto de contacto es mucho más   meticulosa. Las personas ya no oprimen el botón del elevador con la confianza de antes, hay algunos que lo hacen con objetos que sirven como barrera entre su piel y las superficies, o bien que aplican gel antibacterial antes y después.

El ajetreo de un hotel a su máxima capacidad parece un lejano recuerdo y ahora el huésped que camina por los pasillos bien podría pensar que es parte de un exclusivo y reducido grupo en el lugar. Los buffets cambiaron a ser asistidos y los comensales deben esperar a que la mesa sea desinfectada antes de ocupar su sitio. Las escenas podrían parecer sacadas de una película de Hollywood o una serie; sin embargo, se han convertido en nuestra realidad.

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AUNQUE PASARÁN dos o tres años antes de que los aeropuertos recuperen la normalidad en el flujo de turistas o aforo de pasajeros que teníamos hasta 2019, está muy bien que el gobierno federal se aboque a trabajar en el avance del proceso de digitalización de los servicios migratorios en aeropuertos.

En la reunión sobre el tema, el secretario de Turismo, Miguel Torruco, afirmó que la digitalización de los servicios migratorios tiene como objetivo terminar con los cuellos de botella en los aeropuertos y hacer más expedita la entrada de los turistas internacionales que nos visitan.

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EN EL último trimestre del 2020, el sector terciario (donde se localiza al turismo), registró una pérdida de 1.7 millones de personas respecto al periodo octubre-diciembre de 2019.

Restaurantes y servicios de alojamiento (hoteles y casas de huéspedes) fueron los principales afectados. En sus filas hubo pérdida de empleo de tiempo completo y un aumento de la desocupación y la subocupación.

El dirigente de la Concanaco Servytur, José Manuel López, explicó que el sector de restaurantes perdió 769 mil fuentes de trabajo, mientras que en los servicios se cerraron 489 mil plazas y en el comercio 383 mil personas se quedaron sin trabajo. Todo eso ocurrió en los últimos 3 meses del año pasado.

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@AlejandraBernal

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