¿Hasta cuándo señor Presidente?

¿Hasta cuándo señor Presidente?

Foto: Internet

11-03-2020

Por Agustín Vargas 

El desplome de los precios petroleros parece no preocupar tanto al Gobierno de México, porque previsoramente contrató coberturas para garantizar este año un precio de 49 dólares por barril y protegerse así de las fluctuaciones de los precios internacionales del crudo.

Menos aún hay temor por los vaivenes económicos mundiales, porque desde Palacio Nacional se ha dicho que la economía mexicana está blindada. Y qué bueno que así sea. Sin embargo, los mercados suelen ser implacables con el optimismo y buenas voluntades.

El pasado 9 de marzo, lunes negro para los mercados financieros, arrastrados por el desplome en el precio del petróleo, el dólar se vendió en 22 pesos por unidad y  la cotización de la mezcla mexicana fue de 24.43 dólares, una caída de 31 por ciento en un solo día, además de ser el precio más bajo desde 2017.

Al inicio del 2020,  el precio del petróleo mexicano se ubicaba en 56.67 dólares por barril. Eso significa que en este año, los petroprecios han registrado una caída, al pasado 9 de marzo, de 57 por ciento.

El programa de coberturas petroleras que se ha contratado por varios años tiene como objetivo garantizar que el gobierno contará con los recursos establecidos en el programa presupuestal.

Insistimos, todo eso está muy bien, pero el asunto aquí es que desde el año pasado la economía mexicana no muestra signos  de reactivarse, por el contrario, se registró una caída de menos 0.01 por ciento en el PIB, las inversiones fueron frenadas por completo, tanto públicas como privadas, y la confianza de los inversionistas nacionales se perdió.

Todo esto provocado por malas decisiones gubernamentales que nada tuvieron que ver con los acontecimientos económicos del exterior. Para este 2020, la situación no se muestra nada halagüeña.

En el contexto económico actual es necesario que el gobierno acelere el gasto gubernamental y que éste funcione como un estímulo y no pensar por ahora en recortes presupuestales.

La preocupación, expresada por especialistas, consiste en el impacto fiscal por el petróleo, además de todo el impacto en el crecimiento del PIB, porque la economía no creció en 2019 y se esperaba una recuperación este año. La pregunta es si el gobierno dará los pasos para reanimar la confianza domestica del sector privado, ante estos shocks que deprimirán la tasa crecimiento.

¿Hasta cuándo señor Presidente se adoptarán medidas efectivas para contrarrestar los efectos negativos de los vaivenes económicos mundiales?, pero sobre todo, ¿hasta cuándo asumirá con seriedad el desplome de la economía nacional y su reactivación?

Al interior de la Secretaría de Hacienda, que comanda Arturo Herrera, parece haber un poco de sensatez sobre la gravedad de la crisis económica que enfrenta actualmente México, pero como ocurre con el resto del gabinete, nadie se mueve ni hace ni dice nada para no contradecir ni molestar al señor Presidente. Así que esperemos que el mandatario despierte pronto y actúe en consecuencia para evitar mayores daños.

Banca ávida de prestar

Este jueves dará inicio en Acapulco la 83 Convención Bancaria, titulada “Prosperidad para todos en la era digital”, con la asistencia de cientos de empresarios de todo el país y autoridades federales del sector financiero. Está programada la asistencia del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

En estos momentos en que la economía muestras signos de enorme deterioro, la Convención Bancaria se presenta como el foro idóneo para analizar el futuro inmediato del país en materia económica y financiera. Aquí cabe destacar que la banca ha manifestado estar lista para apuntalar el crecimiento.

Y es que como nunca antes visto, al menos en los últimos 20 años, la banca mexicana se muestra ávida de prestar;  prueba de ello es que su oferta crediticia ha crecido, aun en estos tiempos difíciles de crisis y de que la economía está prácticamente estancada.

De acuerdo con las recientes cifras proporcionadas por la Asociación de Bancos de México (ABM), que preside Luis Niño de Rivera, la banca  tiene en caja 620 mil millones de pesos para prestar a quien se le acerque con proyectos de negocios viables y bien estructurados. Incluso están buscando a pequeñas y medianas empresas,  que necesiten capital.

El tema es que la banca mexicana busca más clientes para prestarles dinero y si bien en el último año las instituciones crediticias reportaron cifras positivas en sus indicadores, pese a que la economía no crece, se nota todavía cierta reticencia de aquéllos a solicitar créditos.

Modestos números

Tan es así que los números revelados por la ABM no son tan espectaculares  como en anteriores años, cuando el crecimiento del crédito y otros indicadores era de doble dígito. En 2019, el financiamiento de todo el sistema bancario apenas tuvo un incremento de 2.1 por ciento en términos reales. La captación, es decir el dinero de los clientes, creció 5.3 por ciento el año pasado.

Aun así, con ese incremento en la captación, la banca tiene bajo su custodia más de seis billones de pesos, recursos que, según nos comentó Niño de Rivera, da liquidez a los bancos para estimular el crecimiento del país. “La banca está puesta y dispuesta a financiar el crecimiento de la economía”, afirmó el líder de los banqueros.

El detalle es que el crecimiento de la economía, de acuerdo con los economistas y funcionarios expertos en estas lides, se da a través del impulso a las actividades económicas de gran calado, como las obras de infraestructura, la construcción de caminos, carreteras, hospitales, escuelas, proyectos de energía, telecomunicaciones, etc., etc., algo que no está ocurriendo todavía, o va demasiado lento.

Si bien explican los banqueros, financiar un proyecto de infraestructura requiere tiempo de maduración, pues hay que armar, dicen, el proyecto ejecutivo y financiero para saber su viabilidad y rentabilidad, lo cierto aquí es que todavía prevalece la incertidumbre para invertir, pues no se tienen reglas claras y menos aún, los nuevos en el gobierno no terminan de sentarse en sus sillas y siguen en la curva del aprendizaje.

En tanto, los banqueros esperan ávidos por colocar capital en la economía y detonar el crecimiento de ésta, además, por supuesto, de hacer más negocios.

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