Para muchos de los mexicanos, la autodenominada “Cuarta Transformación” es un enigma

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Para muchos de los mexicanos, la autodenominada “Cuarta Transformación” es un enigma. Hasta ahora no hay alguien que pueda explicar de manera sensata qué es lo que de manera concreta pretende esta entelequia. 

Nadie entiende que es lo que va a ocurrir al día siguiente, que ocurrencia nueva saldrá en cada uno de los pronunciamientos hechos por el Presidente. 

En las conferencias mañaneras lo único nuevo es el blanco de ataque y de infundio que escoge quien encabeza el gobierno federal. 

 

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El Presidente vive en una realidad alterna, su realidad y no acepta ninguna distinta, no escucha a nadie y no reconoce cuestionamientos, eso genera una gran incertidumbre entre quienes podrían invertir en nuestro país, pero también en quienes pretenden solicitar un apoyo de los programas públicos. 

Su popularidad como opositor se construyó, tabique a tabique, en 18 años de campaña electoral, gracias a cuestionar, criticar, desacreditar y denunciar lo malo que hacían los anteriores gobiernos, creando el caldo de cultivo ideal en una buena parte de la población, para lograr sacar del gobierno a sus contrincantes. Todos sus argumentos fueron y siguen siendo para destruir, no para construir alternativas viables y posibles. 

Ahora que tiene la responsabilidad de dirigir el país, esas prácticas se le han ido agotando y ya no le son suficientes para mantener a flote la economía, el crecimiento, el empleo y la inversión pública y privada, por eso los resultados evidentes del estancamiento, el cero crecimiento y la gran incertidumbre qué hay en muchos.

Ideas sueltas no articuladas, sin crear sinergia y concurrencia en las instituciones, divagaciones de tinte moral y no técnico para alcanzar objetivos concretos en el largo plazo, fueron plasmadas en el Plan Nacional de Desarrollo, lo que no genera certidumbre y da un sabor a más de lo mismo. 

La parálisis y el colapso que ha generado en las instituciones públicas con los despidos masivos, los recortes con machete al presupuesto, los forzados subejercicios del gasto y la inversión pública, la no ejecución de sus proyectos emblemáticos, el no respeto al estado de derecho, son graves características de este gobierno, pero grave también es no tener rumbo, no saber qué hacer y cómo implementar sus propias ideas. 

Qué sucederá con un gobierno auto infligido y disminuido?
Qué va hacer en esa condición?
Qué podemos esperar?

Las respuestas que necesitamos los mexicanos aún no se han puesto sobre la mesa, hasta ahora, en el mejor de los casos, son solo ideas sueltas y buenos propósitos.

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