“Epitafio”, una película de épica, de época y “de poca”

  • “Epitafio”, una película de épica, de época y “de poca”

    Foto: MNE

Es digno de reconocer cuando con tan pocos elementos se hace mucho y además algo bueno, como es el caso de los directores Yulene Olaizola y Rubén Imaz con su largometraje “Epitafio”.

Un acontecimiento histórico situado durante la Conquista de México, un puñado de personajes bien conformados y un escenario natural e imponente como lo es el Popocatépetl, además de la visión concreta de los realizadores fueron elementos suficientes para lograr una película épica, de época y “de poca” (en el mejor sentido de la frase).

Y es que hablar de la Conquista de México en el cine se reduce apenas a una decena de filmes (quizás menos), pues no ha habido directores y productores que se aventuren a recrear este acontecimiento histórico con la dignidad, la verosimilitud, la visión y la magnificencia del hecho.

 

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Tal vez por este último aspecto, lo hiperbólico que resultaría hacer una película que englobe siquiera la llegada de los conquistadores españoles a la ciudad de Tenochtitlan y la previsión de un presupuesto elevado ha zanjado la posibilidad de esa gran película de la Conquista.

No obstante algunos directores se han acercado al asunto a partir de anécdotas concretas que no representan mucha recreación de lugares y situaciones, como el caso de “Cabeza de Vaca” (Nicolás Ehevarría, México, 1991) o “La otra Conquista” (Salvador Carrasco, México, 1998) que hablaron de una expedición específica y de un aspecto de la evangelización católica, respectivamente.

Bajo esta premisa, “Epitafio” retoma un pasaje de la extensa crónica del conquistador Bernal Díaz del Castillo, aquel que narra la expedición que hiciera el “adelantado”, Diego de Ordaz junto con un par de soldados a la cima del volcán Popocatépetl en busca del azufre del cráter que, con gran visión, los españoles utilizaron para obtener pólvora para sus armas de fuego.

Además del texto de Bernal Díaz, los directores también se basaron en las “Cartas de Relación” del propio Hernán Cortés donde habla de este hecho, así como de un texto epistolar del propio Diego de Ordaz.

En el contexto de los años que implicó la Conquista, de 1519 a 1521, este hecho del ascenso a la cima del volcán pudiera parecer irrelevante, pero en conjunto con otros, como la alianza con los pueblos enemigos de los mexicas o la tenacidad del espíritu español resultaron cruciales para la victoria europea.

Esto es precisamente lo que vemos en la película de Olaizola e Imaz. La alianza con los Tlaxcaltecas la miramos en las primeras secuencias con la interpretación certera de que así tuvo que haber sido la relación entre estos dos pueblos que se estaban conociendo.

El punto de vista indígena está presente con el respeto que tienen hacia la naturaleza, hacia el volcán que tratan de comunicarlo a los exploradores, pero la lengua y la convicción europea no logran que estos dimitan en su propósito.

En la cinta no vemos grandes batallas entre soldados con armaduras e indígenas vestidos con pieles de animal, ni conspiraciones entre pueblos y los mismos invasores, ni escenarios majestuosos que dejen la boca abierta.

Pero en cambio vemos una historia de coraje y empeño, independientemente de la imagen que pudiera tenerse de los conquistadores españoles que tampoco es un encomio de la figura del conquistador, simplemente es la aventura de tres hombres cumpliendo una misión de la que ellos están religiosamente convencidos.

Estéticamente, esta aventura está retratada con gran tino por Emiliano Fernández, quien logra hacer del volcán ese lugar a la vez inhóspito, pero también hermoso que sin duda se convierte en un personaje más. Muy pocas veces podemos ver escenarios en México como los presenta este filme.

Y no hay mejor metáfora de la montaña como un camino al cielo que en este caso, visualmente, se hace patente; conforme se va llegando a la cima, las nubes se aparecen, bailan, envuelven y se convierten en el espacio vital e imaginamos que la muerte alcanza a los personajes, pero a la vez los anima a llegar al final.

Quizá exageremos al decir que la cinta es épica, pues no están presentes esos acontecimientos de gran poderío de ambos pueblos, pero sí es una épica del espíritu del hombre que cuando está convencido de algo y se empeña en lograrlo, pueden cambiar la historia, y eso fue lo que sucedió.

La película se estrena este fin de semana en la Cineteca Nacional y en unas cuantas salas comerciales. No puede perdérsela.

 

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