Lagos regulaban clima de la capital mexicana

  • Lagos regulaban clima de la capital mexicana

    Foto: MNE 

Hace dos siglos, en el Valle de México existía un sistema de lagos que regulaban la temperatura y moderaban la precipitación y los vientos, afirmó Erika Danaé López Espinoza, investigadora del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de la UNAM.

Aunque la incipiente urbanización, que en la época independentista alojaba en la Ciudad de México a aproximadamente 100 mil habitantes, había reducido el antiguo y extenso sistema de lagos que existía 500 años atrás en México Tenochtitlan. Éste aún permanecía y era fundamental para mantener el clima templado y el funcionamiento hidrológico del Valle de México, reveló la investigadora a partir de los resultados de modelaciones numéricas de las condiciones climáticas de entonces.

La cuenca lacustre estaba formada por los lagos de Zumpango, Xaltocan, Texcoco, Xochimilco y Chalco, que juntos formaban además un sistema de abastecimiento de agua potable.

 

 

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En el siglo XVII, durante el Virreinato, la Nueva España fue objeto de incontables inundaciones que motivaron la construcción de obras de drenaje que, continuadas por los sucesivos gobiernos en la época del México independiente, han llevado a la desaparición casi total de los cinco lagos que componían el sistema.

Esas transformaciones están ligadas al incremento de la población, principalmente en la Ciudad de México. “Los lagos son un recurso natural bondadoso que regula las condiciones atmosféricas y el tiempo meteorológico de la región donde está establecido. Esto se debe a las propiedades físicas de estos cuerpos de agua urbanos”, afirmó López Espinoza.

Los lagos afectaban directamente los vientos y la baja nubosidad, en comparación con estas edificaciones que tenemos actualmente, y participaban en la presencia de cobertura vegetal de bosques. También había un menor albedo (porcentaje de radiación que cualquier superficie refleja respecto a la radiación que incide sobre ella).

La especialista aclaró que los lagos son una fuente importante de humedad, que resulta fundamental para regular las fluctuaciones extremas de la temperatura (máxima y mínima) que se presenta durante el día.

Al comparar en sus modelaciones numéricas la temperatura con lago y con un sistema urbanizado como el que existe hoy, López Espinoza concluyó que con la urbanización hay días más calientes y noches más frías, es decir, hoy tenemos condiciones más extremas en el clima.

La académica del CCA señaló que en general se observa incremento en la precipitación con la presencia del sistema de lagos. “Comparaciones puntuales en siete sitios muestran un corrimiento en la ocurrencia del máximo de precipitación diaria en una hora, así como un aumento de la precipitación en las primeras horas del día”. En contraste, con la ausencia del sistema de lagos la precipitación acumulada se reduce en promedio 4.24 milímetros al día.

Siempre con base en sus simulaciones numéricas, la académica encontró que la magnitud de los vientos se incrementa con la presencia del sistema de lagos hasta 4.5 metros por segundo. Con éstos, la dirección del viento también se modifica, desarrollando una zona de convergencia hacia el sur y la parte central del lago.

La especialista concluyó que la degradación del clima regional en el Valle de México está ocurriendo, en parte, por el acelerado y descontrolado crecimiento de las áreas urbanas sobre la cuenca lacustre desde al menos los últimos 700 años.

Detalló que el sistema de lagos simulado acumula el calor durante el día y lo libera durante la noche, además de que regula las fluctuaciones externas de la temperatura durante el día, logrando días menos cálidos y noches menos frías.

Con tres variantes analizadas, el sistema de lagos logró un incremento en la precipitación sobre y alrededor del lago, además de que se observa un aumento en la precipitación en las primeras horas del día. La circulación regional de los vientos también se modifica y se desarrolla una zona de convergencia hacia el sur y la parte central del lago.

Como recomendación, López Espinoza propuso crear algunos cuerpos de agua artificiales, como el lago Nabor Carrillo que se ubica actualmente en Texcoco, Estado de México.

Emergencia actual

“El cambio climático que vivimos hoy en día es antropogénico”, revelan el sexto reporte del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), y estudios hechos por la UNAM, confirmó Francisco Estrada Porrúa, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático (PINCC) e investigador del CCA.

Afirmó que, en nuestros días, la temperatura promedio de México está aumentando a una tasa más alta que el promedio global del planeta. “Mientras que la temperatura global para el 2020 llegó a alrededor de 1.2 grados centígrados por arriba del promedio preindustrial, la de México está más alta, en promedio en 1.7 grados. Esto nos lleva ya a alcanzar estos límites, aunque sea de manera temporal, de los dos grados centígrados”, comentó.

La tendencia al alza del calentamiento es variable en distintas zonas del territorio nacional. “Hay regiones en el centro del país que tienen un calentamiento de entre uno y 1.5 grados por siglo; el norte se está calentando a una tasa mucho mayor, entre cuatro y cinco grados por década. Es algo que ya estamos viendo en los datos, no son modelos ni simulaciones”, aclaró.

Abundó que en un escenario de inacción, el norte del país estaría rebasando 1.5 grados en promedio en la década de 2030, mientras que el centro y el sur lo alcanzarían en 2040 y 2050. Es un patrón que ocurre en la parte continental del planeta.

Superar el 1.5 grados en varias regiones del mundo significaría perder de nueve a 31 por ciento de las especies que están trayectoria de extinción. “Un cambio de 2.5 grados significaría que se perderían en México los corales y los bosques donde habitan las mariposas monarca”, señaló.

Si las políticas para revertir el calentamiento global se cumplen de manera estricta, estaríamos ganando de 10 a 20 años para adaptarnos a estos cambios.

Entre las medidas que se pueden aplicar, Estrada Porrúa propuso reducir emisiones de gases de efecto invernadero (con el uso intensivo de transporte) y la creación de alternativas como techos verdes, así como cambiar el pavimento oscuro por claro en las ciudades.

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