Abolir antropocentrismo, clave para mejorar el planeta

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Los problemas actuales están marcados irremediablemente por la pandemia, con el riesgo de que la especie humana sufra graves consecuencias si no se toman acciones lo antes posible, alertó Samuel Ponce de León, coordinador del Programa Universitario de Investigación en Salud (PUIS), razón por la cual se requiere una educación ética más amplia. 

Durante el III Congreso de Bioética “Tormentas y Tormentas: Pandemia y Calentamiento Global”, indicó: la humanidad vive en el centro de una pandemia que difícilmente se pudo imaginar antes; la noción de un virus da cuenta de la fragilidad de la especie humana, por lo que la perspectiva antropocéntrica es relevante. 

A su vez, Arnoldo Kraus, profesor de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM, refirió: “el antropocentrismo implica que las actividades desatadas por la humanidad desde hace décadas han modificado la relación del ser humano con el planeta de forma negativa”.  

 

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El también miembro fundador del Colegio de Bioética agregó que si se analizan los cambios registrados en las praderas marinas, glaciares o la contaminación ambiental, se debe aceptar que la actividad humana produjo una enorme cantidad de daños importantes en nuestro hábitat.  

Cambio climático y urbes 

Al participar con la ponencia “Hacia una integración urbano-ambiental. Desarrollo sustentable y cambio climático”, Elena Tudela, profesora en la Facultad de Arquitectura de esta casa de estudios, explicó que la urbanización se expande y genera una ruptura metabólica por la falta de reconocimiento de los ciudadanos acerca de dónde provienen los recursos que se utilizan y hacen viable la ciudad. 

Las urbes, añadió, son responsables del 75 por ciento de las emisiones globales de CO2 y consumen dos terceras partes de la energía mundial producida. Las consecuencias del cambio climático en las ciudades son: incremento de inundaciones y sequías, migraciones y enfermedades sensibles (por ejemplo dengue y Zika), entre otros, los cuales generan problemas económicos, políticos, sociales y ambientales. 

Cambio climático y actividades antropogénicas 

En su oportunidad, Alejandro Herrera, investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, aseguró que es importante reducir el consumo de carne, casi por completo, por razones de salud, ecológicas y éticas.  

Lo anterior, argumentó en su ponencia “Deberes humanos en el S. XXI”, por el incremento de enfermedades cardiovasculares, ya que en México las personas son hipertensas por el exceso de ingesta de grasas, azúcares y sales. Además, el ganado produce 23 veces más calentamiento global que el CO2.  

Para María de los Ángeles Cancino, académica y profesora de la Facultad de Ciencias de la UNAM, la carne se ofrece como una fuente importante de aminoácidos. Si bien una ingesta moderada representa una estrategia, también es injusta para la mayoría de la población que no puede comprarla, pero tiene que pagar los costos ambientales. 

“La población contemporánea representa un cálculo ecológico moral que no existía hace 60 años, ahora tenemos la noción de que algunas decisiones, algunos estilos de vida o ciertos consumos humanos tienen consecuencias medioambientales. De esta forma el humano actual tiene que vivir en un conflicto constante de conciencia en el que ya estamos relacionando un impacto antropogénico”, expresó. 

 

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