‘Culturas’ animales, claves para la conservación de especies

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Europa Press
26-02-2019

El conocimiento 'cultural' de los animales salvajes debe ser tenido en cuenta al planificar los esfuerzos internacionales de conservación.

Un artículo publicado este martes en la revista Science presenta un caso convincente de que la creciente evidencia científica sobre el aprendizaje social en una amplia gama de especies, que puede conducir a culturas animales únicas, es importante tanto para la práctica de la conservación como para la política de conservación.

Los conocimientos sobre las culturas de los animales pueden proporcionar información valiosa sobre los grupos de animales que deben conservarse y sobre la mejor forma de conservarlos.

 

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Por ejemplo, comprender cómo las abuelas de las ballenas asesinas transmiten información valiosa a sus descendientes, o por qué algunos grupos de chimpancés tienen la cultura de partir nueces nutritivas con herramientas de piedra, mientras que otros no, pueden ser clave para evaluar los desafíos de conservación de dichas especies.

En muchas especies animales, los jóvenes inexpertos aprenden habilidades de supervivencia clave al observar a los ancianos conocedores en su grupo social. Esto incluye aprender sobre cómo comunicarse, cómo recoger alimentos de manera eficiente y hacia dónde migrar cuando las condiciones se vuelven menos hospitalarias.

Por ejemplo, la transmisión de conocimientos sobre las rutas de migración en grullas ferina y borregos cimarrones puede proporcionar información crítica para el éxito de las generaciones futuras.

A diferencia de la transmisión genética, el conocimiento social puede pasarse de generación en generación, por lo que se puede compartir el conocimiento sobre las nuevas fuentes de alimentos, lo que podría proporcionar resistencia en entornos cambiantes.

Sin embargo, los autores informan de que los procesos de aprendizaje social también pueden dar lugar a la aparición de subgrupos culturales con perfiles de comportamiento distintivos, que pueden erigir barreras sociales, como se observa, por ejemplo, en los clanes vocales distintivos de los cachalotes en el Pacífico oriental tropical.

Dicha segregación cultural puede tener importantes implicaciones para la conservación, especialmente cuando los diferentes grupos presentan distintas estrategias de alimentación y varían en su capacidad para hacer frente al cambio ambiental.

Conservar individuos que son como “depósitos” de conocimiento social

Para proteger el "capital social", algunas poblaciones pueden delinearse mejor por su comportamiento cultural, en lugar de utilizar el enfoque tradicional de evaluar la diversidad genética o el grado de aislamiento geográfico.

Además, para algunas especies, proteger a los individuos que actúan como "depósitos" de conocimiento social, como las matriarcas de elefantes con experiencia, puede ser tan importante como conservar un hábitat crítico.

"Más allá de los genes, el conocimiento también es una moneda importante para la vida silvestre. Además de conservar la diversidad genética, debemos trabajar para mantener la diversidad cultural dentro de las poblaciones animales, como un reservorio para la resiliencia y la adaptación. Este es un importante replanteamiento de nuestra comprensión de lo natural y el mundo, que requerirá cambios en el derecho internacional de vida silvestre", dice en un comunicado el autor principal del artículo, Philippa Brakes, de la Universidad de Exeter, en Reino Unido.

La Convención sobre la conservación de las especies migratorias de animales silvestres (CMS, por sus siglas en inglés), ampliamente conocida como la Convención de Bonn, que opera bajo el paraguas del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), ha sido pionera en este campo, encabezando los esfuerzos para utilizar el conocimiento científico sobre las culturas animales con el fin de mejorar la conservación de las especies migratorias.

El documento de Science fue el resultado de un taller seminal celebrado en Parma, Italia, organizado por la CMS, donde los expertos reunieron décadas de experiencia para diseñar recomendaciones concretas sobre cómo mejorar las estrategias de conservación.

Destacaron que es crítico catalogar la amplia diversidad de comportamientos culturales dentro del reino animal y desarrollar métodos para identificar a los individuos que mantienen un importante conocimiento social dentro de sus comunidades y requieren protección especial.

El autor principal del artículo, el profesor Christian Rutz, de la Universidad de St. Andrews, Reino Unido, anunció la publicación de las recomendaciones del grupo este martes en un taller sobre culturas animales en Konstanz, Alemania, coorganizado por el Instituto Max Planck de Ornitología Radolfzell y la Sociedad Nacional de Geografía.

Rutz señala que este es un "desarrollo increíblemente importante".

"En la ciencia de la conservación y la formulación de políticas se está haciendo ahora un buen uso de décadas de investigación en culturas de los animales y tenemos una idea mucho mejor de qué lagunas de conocimiento aún deben llenarse", añade.

El año 2020 es el último del Decenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica. Los autores de los artículos enfatizan que este trabajo, en la interfaz entre la ciencia y la formulación de políticas, es oportuno, ya que los gobiernos consideran la mejor manera de conservar la biodiversidad en un mundo en constante cambio.

Instan a que se incluyan las culturas de los animales en estas discusiones, dado su profundo impacto en las perspectivas de supervivencia de las unidades sociales, y sus puntos de vista.

"El CMS está abriendo nuevos caminos al analizar el tema de la cultura animal, la complejidad social, el aprendizaje social y el papel de los individuos y los grupos de animales individuales como depositarios del conocimiento social.

“Este trabajo pionero podría tener repercusiones fundamentales en la forma en que abordamos la conservación", observó el fallecido doctor Bradnee Chambers, ex secretario ejecutivo de CMS. El doctor Chambers fue un firme defensor de esta iniciativa, pero falleció a principios de este año.

El doctor Fernando Spina, presidente del Consejo Científico de la CMS, apunta que "esta nueva frontera de la cultura animal y la complejidad social abre una perspectiva fascinante e innovadora sobre cómo consideramos a los animales; desde componentes individuales de modelos de población hasta individuos que ofrecen contribuciones específicas al resto del grupo social".

Y añade: "Al pensar en estrategias para conservar a los animales migratorios, que es la principal misión de la CMS a nivel mundial, con animales individuales que visitan diferentes países a lo largo de su ciclo anual, la transmisión cultural del conocimiento sobre cómo realizar sus increíbles viajes migratorios es un nuevo componente que se debe tener en cuenta en las políticas ambientales".

Este nuevo enfoque abre oportunidades para formas innovadoras de proteger y comunicar sobre el mundo natural: comprender que otras especies tienen una vida social rica y que comparten información importante entre sí, proporciona una perspectiva nueva e invaluable.

Con el aumento de la degradación del hábitat en todo el mundo, estos conocimientos pueden ser vitales para la conservación eficiente de los animales.

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