El empoderamiento de las mujeres y las niñas es esencial para garantizar la seguridad alimentaria

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El hambre y las hambrunas persistirán, y la recuperación de las repercusiones de la pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) será desigual, a no ser que más mujeres de zonas rurales y urbanas ocupen puestos directivos acompañados de un mayor poder de decisión, afirman los responsables de los tres organismos de las Naciones Unidas dedicados a la alimentación con anterioridad al acto que celebrarán el 8 de marzo con ocasión del Día Internacional de la Mujer.

El acto, organizado conjuntamente por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), dirigirá la atención mundial al papel esencial que corresponde a las agricultoras, empresarias y líderes empoderadas para que las mujeres puedan contribuir en igualdad de condiciones a la recuperación de la pandemia de la COVID-19 y a la creación de un entorno favorable a la eliminación de la pobreza, el aumento de la productividad y la mejora de la seguridad alimentaria y la nutrición.

 

 

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"En el mundo viven más de 1 100 millones de chicas menores de 18 años con potencial para convertirse en la mayor generación que se haya conocido jamás de mujeres líderes, empresarias y agentes del cambio en aras de un futuro mejor. Sin embargo, las mujeres y las niñas siguen enfrentándose a limitaciones estructurales persistentes que les impiden desarrollar su pleno potencial y obstaculizan sus esfuerzos por mejorar su vida y la de sus hogares y comunidades", afirmó QU Dongyu, Director General de la FAO. "Las mujeres y las niñas pueden cumplir un papel crucial en la respuesta a la pandemia de la COVID-19, en particular por lo que se refiere a la transformación de nuestros sistemas agroalimentarios. Todos debemos aunar fuerzas para propiciar los cambios necesarios a fin de empoderar a las mujeres y las niñas, en particular las de las zonas rurales", añadió.

"Es esencial no solo que las mujeres ocupen más puestos de liderazgo, sino también que sean consultadas y escuchadas, así como integradas en todos los ámbitos y etapas de la respuesta a la pandemia y la consiguiente recuperación", afirmó Gilbert F. Houngbo, Presidente del FIDA. "La inversión en el liderazgo de las mujeres de entornos rurales y su mayor participación en la creación de nuestro futuro posterior a la COVID-19 son esenciales para que se tengan debidamente en cuenta sus perspectivas y necesidades y, con ello, podamos reconstruir sistemas alimentarios mejores basados en la igualdad de acceso a alimentos nutritivos y medios de vida dignos".

"Las mujeres y niñas conforman la mitad de nuestra comunidad mundial, y ha llegado el momento de que ello quede reflejado en los puestos de liderazgo en todos los niveles", afirmó David Beasley, Director Ejecutivo del PMA. "Gracias a nuestra labor en todo el mundo hemos aprendido que, cuando las mujeres y niñas disponen de un acceso mejor a información, recursos y oportunidades económicas y gozan de libertad para adoptar decisiones propias, descienden los índices de hambre y mejora la nutrición, no solo la suya propia sino también la de su familia, su comunidad y su país".

El liderazgo de las mujeres reviste especial importancia en las zonas rurales de los países en desarrollo, donde suele pasarse por alto la voz de los 1 700 millones de mujeres y niñas que viven en ellas. El 60 % de las mujeres de Asia meridional y África subsahariana se dedican a la agricultura, pero gozan de menor acceso que los hombres a recursos y servicios, en particular a tierras, finanzas, capacitación, insumos y equipo. Aparte de su labor agrícola, las mujeres soportan una sobrecarga de tareas domésticas y de cuidados de su familia, labores que han aumentado durante la pandemia de la COVID-19. A la vez, las mujeres se ven afectadas de forma más negativa por las repercusiones sociales y económicas de la pandemia de la COVID-19, en particular por pérdidas de medios de vida y disminuciones de sus ingresos personales.

La mayor presencia de mujeres no se reduce sin más a una cuestión de igualdad de género. Las dirigentes femeninas pueden promover el mejor acceso y control por parte de las mujeres con respecto a los bienes y los insumos productivos, lo cual impulsa su productividad y sus ingresos, redunda en seguridad alimentaria y eleva sus oportunidades de empleo y sus salarios reales.

Según varias investigaciones, si las agricultoras tuvieran el mismo acceso a los recursos productivos que los hombres, los rendimientos podrían aumentar del 20 % al 30 % y la producción agrícola total del 2,5 % al 4 %, con lo cual saldrían de la pobreza entre 100 y 150 millones de personas.

La FAO se afana por fortalecer la participación y el liderazgo de las mujeres rurales en los sistemas agroalimentarios. También está en contacto con organizaciones de agricultores para velar por que se escuche la voz de las mujeres rurales y promueve enfoques transformadores de género para poner en cuestión las normas socioculturales injustas que imperan en las comunidades rurales. Además, la FAO ayuda a los gobiernos a adoptar políticas y estrategias que aborden las necesidades y aspiraciones de las mujeres y niñas del medio rural al permitirles participar en la adopción de decisiones y asumir puestos de liderazgo. Ello supone también potenciar las aptitudes de liderazgo y la autoconfianza de las mujeres y crear conciencia en materia de género en las instituciones nacionales y locales. Dentro de la Organización, la FAO ha establecido un Comité de las mujeres, que ofrece un espacio inclusivo y seguro dimanante del carácter diverso y enérgico de la fuerza laboral femenina de la FAO. La Organización también creó incentivos en relación con las perspectivas de carrera de sus funcionarias a fin de lograr la paridad de género en todos los niveles y en todas las categorías de trabajos.

El FIDA viene aplicando desde 2009 un enfoque de "metodologías basadas en los hogares" para reforzar la igualdad de papeles y la capacidad decisoria de las mujeres dentro de los hogares, grupos y comunidades. Datos relativos a Uganda, Rwanda, Kirguistán y otros países han mostrado que las mujeres que toman parte en el programa asumen funciones de liderazgo en sus organizaciones y comunidades y ejercen mayor influencia en la adopción de decisiones en sus hogares. A raíz de ello ha aumentado la productividad agrícola.

La seguridad alimentaria y la desigualdad de género están íntimamente ligadas a desventajas que comienzan a una edad temprana. En muchos países, la niñez de que gozan los varones y las hembras presenta grandes variaciones. Los varones comen primero y reciben más alimentos que sus hermanas, se encargan de menos tareas domésticas y contraen matrimonio a una edad más tardía. En el caso de las niñas, puede que su niñez esté dominada por el matrimonio y no por la actividad escolar. La labor del PMA dirigida a lograr la igualdad de género comienza en la escuela, donde se apoyan o ejecutan programas de alimentación escolar en más de 70 países, lo cual contribuye a elevar la asistencia a la escuela de las niñas. Ello les facilita un mayor acceso a la educación, reduce el riesgo de matrimonio infantil y otras formas de violencia de género y aumenta las futuras oportunidades de las niñas en cuanto a medios de vida y liderazgo.

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