La mano que mece la fosa o estamos hundiendo a méxico

Luis Enrique Flores
18-01-2015

Con el año nuevo, el teatro cabaret de Las Reinas Chulas inicia a tambor batiente en su escenario habitual, el Teatro-bar El Vicio, con un espectáculo de cabaret-suspenso intitulado: “La mano que mece la fosa”, una sátira que habla de la difícil situación por la que atraviesa México, a través de los ojos aterrados de nuestro actual presidente, y que sirve como recordatorio que hay temas que no se deben olvidar como los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa.

UNA FOSA COMÚN LLAMADA MÉXICO

A la manera del viejo avaro, egoísta y amargado, Ebenezer Scrooge, en “Cuento de Navidad” de Charles Dickens -a quien lo visitan tres espíritus para tratar de redimir su alma-, de la misma manera, el engominado “preciso” del país de no pasa nada es visitado, no por tres espíritus chocarreros, sino, las mismas veces que el tacaño Scrooge, por la virgen Santa Rita Mártir, patrona de las causas perdidas, y no para redimir su alma (que eso está tan perdido como creer que en México la corrupción terminará algún día), sino para hacernos un milagrito, que, al final de esta reseña descubriremos.  

Con un sencillo escenario: una cama dorada de latón, digna de cualquier dictador añejo; una silla que veremos volar cual escena de exorcismo, unas cortinas enormes que emulan el lábaro patrio y un retrato de Carlos Salinas cuyos ojos evocan el viejo cliché de la mirada que espía la habitación, Enrique se dispone a hacer la meme después de una jornada ardua de trabajo sin saber que le espera la noche más aterradora de su vida.

Auxiliado por Martirio, su mucama de confianza a la que le cortó la lengua para no oírla (fiel a las enseñanzas de su padrino: ni los veo, ni los oigo), el principal funcionario del país se inviste en su pijama –que por cierto también le queda grande- y se queja con su empleada: “soy chiquito, nadie lo tiene que saber pero soy chiquito”, y tras santiguarse ante el retrato de Salinas, pide su banquito para subirse a la cama y poder dormir en “paz”.

Siendo apenas abrazado por Morfeo, el copetudo durmiente comienza a tener pesadillas: “un chingo de gaviotas revoloteando”. Se despierta asustado, al tiempo que escucha aullidos y cadenas arrastrando. Trata de calmarse y volver a dormir pero los ruidos y las imágenes de su cabeza vuelven para espantarle el sueño. 

Ya desahuciado, recurre a la súplica divina y como buen guadalupano implora el auxilio de la virgen morena, pero en lugar de esta virgen –quien todavía está ocupada por sus festejos- aparece la mencionada Santa Rita, quien tratará de “calmarlo”. 

La santa aparecida le sugiere al preciso que quizás sus pesadillas son un problema de conciencia, que tal vez sea el síndrome de las tres A: Atlacomulco, Atenco y Ayotzinapa. De repente, la santa descubre una maleta debajo de la cama de Enrique que contiene los expedientes rojos de Los Pinos: “Aquí fue un psiquiátrico femenino”, le dice la aparición. En este lugar se castigaba el pensamiento y la desobediencia de la mujer”.

Los ruidos, las pesadillas y la silla volando vuelven a hacer de las suyas para que la tranquilidad del presidente se alebreste de nuevo por lo que invoca una vez más al divino socorro. Santa Rita regresa a escena a “tranquilizar” los ánimos del mandatario. Revisan de nuevo el expediente y la virgen le dice a Enrique que los espantos pueden ser a causa de que Los Pinos fue un orfanato de niñas, donde las vendían a tratantes, las ultrajaban o asesinaban; “ahí estuvo una niña llamada Polita”, le dice ella. 

Antes de la tercera visita, el presidente recibe una llamada de su padrino para que dé un discurso porque las cosas en el país están de la patada. Así que, a las tres de la mañana y en cadena nacional, el señor presidente da su mensaje a la nación de que todo está bien: “Las reformas son para tu bienestar”, le dice al público; “ya no habrá gasolinazos, el aumento no es a la gasolina, es al impuesto de esta”; “mexicanos, conmigo pueden dormir tranquilos, están más seguros que en Francia, ya ven cómo están de violentos allá”…

Pero los fantasmas de todos los inocentes muertos o desaparecidos por el gobierno continúan rondando por la habitación presidencial, por lo que Santa Rita aparece de nuevo para “serenar” el espíritu de Enrique y le explica que, muy probablemente, lo terrorífico del asunto es porque ahí, en Los Pinos, fue un cementerio en donde reposan los restos de los mineros de Pasta de Conchos, los niños que perecieron en el incendio de la guardería ABC, entre muchos otros. 

El presidente tiene los nervios crispados y comienza a reconocer sus culpas. Para darle la estocada final, la virgen le pide al auditorio que desprenda de sus asientos los retratos de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y se los muestre al presidente, lo que termina por volverlo loco. Así, el milagro del que hablábamos al principio, se cumple: México se queda sin presidente.

“La mano que mece la fosa”, es un espectáculo dirigido por  Las Reinas Chulas, actuado por Ana Francis Mor y Cecilia Sotres. La temporada fue corta, por lo que esperamos su reestreno lo más pronto posible. Estaremos al pendiente.