Miguel Ríos lanza su nuevo álbum de estudio

  • Miguel Ríos lanza su nuevo álbum de estudio

    Foto: Cortesia | MNE 

Más de 12 años de espera son el equivalente a “Un largo tiempo”, el nuevo álbum de estudio de Miguel Ríos. En realidad, el artista granadino nunca se ha despedido del todo de su público y, en un año de pandemia mundial y 11 años después de anunciar su retirada, grabar 10 canciones nuevas es una de las mejores noticias que se les podría ofrecer a los seguidores del artista.

"Un largo tiempo" es como esos discos clásicos plenos de pasajes sonoros, de contrastes canción a canción que nos invitan a detener el tiempo y a dejarnos llevar por el poder de sus textos, la voz pletórica de Miguel y sus potentes melodías que destacan al desnudo. Un disco en acústico, por primera vez en su carrera musical, que nos devuelven a la esencia del más puro rock and roll, abriendo paso a las guitarras, el piano, el violín, más detalles de mandolina, steel guitar y algún delicioso arreglo de cuerda. Un LP en el que se apuesta por lo esencial, tal y como describe el periodista musical Juan Puchades

Siempre inquieto y tratando de no andar sobre lo ya pisado, de no repetir lo hecho, (Miguel Ríos) esta vez ha ido a la esencia, al encuentro de aquellos sonidos que están en el ADN que definieron el rock and roll. Así que no se extrañen de escucharlo «blusear», que esa era la idea: captar al natural aquel espíritu primigenio, prácticamente rural, previo al desfogue rítmico que en Memphis y otras ciudades estadounidenses prendieron la llama de lo que sería un nuevo género musical.

 

 

 

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Aquel rockero que abrazó durante décadas el credo de la electricidad descubrió hace tiempo que energía no es sinónimo de velocidad, y que la potencia puede hallarse también en la sinuosidad, en el matiz. En lo acústico. Porque, sí, este es un disco acústico. Algo inédito en su extensa discografía, pero ya decíamos que una obsesión durante toda su carrera ha sido ponerse nuevos retos, no repetir fórmulas. Y en ello sigue.

El título del álbum, “Un largo tiempo”, responde a un fragmento extraído del poema de “Para que yo me llame Ángel González”, al que el propio Miguel pone voz y música en uno de los temas del disco. Toda una aventura musical bajo la producción de confianza de José Nortes, su mano derecha en este viaje y quien compone la parte instrumental de los temas y también forma parte de The Black Betty Trio, banda que integran él mismo junto a Luis Prado y Edu Ortega y,  que acompaña a Miguel en este nuevo proyecto especial. 

José Nortes es el brazo derecho de Miguel Ríos de los últimos tiempos, el músico, compositor y productor que sabe entenderlo y al que le debemos que Miguel mantenga viva la ilusión y, por fin, se haya atrevido con una nueva obra. Juntos han ideado un disco tan acústico que incluso se ha renunciado a la batería en favor de las guitarras, el piano, el violín, más detalles de mandolina, steel guitar y algún delicioso arreglo de cuerda. Poco más. Todo se apuesta a lo esencial y, por supuesto, a esa voz pletórica que ha ganado en profundidad con el paso del tiempo, y a unas canciones en las que Miguel ha dejado algunas de las mejores letras de su trayectoria.

Videoclip "Que salgan los clowns", último adelanto del disco "Un largo tiempo". Dirigido por AfterliVe Films.

El disco, formado por 10 pistas, cuenta con 8 canciones inéditas con que nacen de la necesidad de reflejar, sin pelos en la lengua, la realidad de una generación ("El Blues de la tercera Edad") y una época ("La Estirpe de Caín") pero también de cantar a sus inquietudes y anhelos; además de ese material inédito cuenta con dos versiones especiales de dos grandes temas de la música: “Que salgan los clowns”, como adaptación del clásico de Stephen Sodheim, que supuso el último single adelanto de este LP y cuyo videoclip cuenta con la participación del gran actor Juan Echanove, y “Viene y luego va”, versión de “Come then goes” de Eddie Vedder (Pearl Jam).
 

"Un largo tiempo", canción a canción


“Memphis-Granada” es el tema que inicia la escucha de este álbum: un blues sanguíneo con el que Miguel recuerda aquel shock (o electroshock, sería más correcto) que le provocó la escucha de los primeros temas de rock and roll y que fueron una invitación a abandonar Granada y buscarse la vida en Madrid, cuando todo en el rock español estaba por hacer. ¡Cuando en Inglaterra todavía no habían grabado ni los Beatles ni los Rolling Stones!
 
El blues sustenta la divertida “Cruce de caminos” —que recrea la famosa leyenda urbana que asegura que Robert Johnson vendió su alma al diablo por tocar la guitarra mejor que nadie— y, con mucho swing, balancea también “El blues de la tercera edad”. Un tema combativo en el que Miguel canta a su generación, la que ahora anda en la jubilación y las pensiones mínimas, con protagonista femenina (y feminista), Ana. Y a pesar de que este blues suena a «un sutil aguijón / de nostalgia / llamado soledad», Ana da gracias a la vida porque «hasta el final de la partida / le quedan sueños por soñar». Sí, Miguel Ríos asume su edad (siempre lo hizo) y da forma a una canción desoladora, pero también cargada de ternura y esperanza.
 
Pero para crudeza, la de “La estirpe de Caín”. Nadie ha escrito con tanta aspereza y con tanta sensibilidad de la pandemia, del confinamiento de 2020. Un fresco devastador, sin concesiones, de nuestra sociedad, prácticamente escrito en directo, mientras los hechos tenían lugar. La estampa sonora es como una cuchillada, en absoluto optimista, pero el mundo no lo es. Una composición hija de la canción protesta, de aquel folk estadounidense de Pete Segeer o Woody Guthrie. Y uno de los mejores textos que Miguel Ríos ha escrito jamás.
 
Pero Un largo tiempo es como esos discos clásicos plenos de pasajes sonoros, de contrastes canción a canción. Y el color explota en “Por San Juan”, sinuosa, vibrante, mediterránea, lúdica; y en “Esplendor en la hierba”, una hermosísima mirada atrás. Dos piezas inconmensurables, la segunda pespunteada por unos magníficos arreglos de cuerda. Ambas —con el regusto de las grandes baladas de Miguel— pueden conformar un díptico (de hecho van seguidas en la secuencia del álbum) en el que revuelan esas ilusiones por vivir que mantiene la Ana de “El blues de la tercera edad”.
 
También hay lugar para un ejercicio de estilo y un capricho. Ejercicio de estilo es “A contra ley (Breve historia de Jesse James)”, un country rock que parece explicarnos de qué va musicalmente este disco, de dónde han bebido Nortes y Ríos. Y el capricho, el gran capricho, es “Para que yo me llame Ángel González”, donde, mano a mano, musicalizan uno de los poemas más reconocidos de Ángel González. Aparentemente complejo de trasladar al formato de canción, han salido airosos de un empeño que tiene mucho de homenaje a uno de los grandes de nuestra poesía reciente.
 
Pero Un largo tiempo todavía nos depara dos sorpresas más. Dos versiones de compositores absolutamente disímiles: “Que salgan los clowns” y “Viene y luego va”. La primera es un tema de Stephen Sondheim compuesto para el musical de 1973 A little night music, pero recordado sobre todo por la versión de Frank Sinatra, y que aquí, bellamente frágil, contribuye a subrayar ese tono crepuscular que tiñe parte del álbum. En el otro extremo hay que situar “Viene y luego va”, versión de “Comes then goes”, de Eddie Vedder, o lo que es lo mismo: el líder de Pearl Jam, una de las bandas icónicas del grunge. Adaptada al castellano por el propio Miguel, y tratada musicalmente con aire de bluegrass, parece remitirnos a una de sus letras clásicas, aquellas que giraban sobre la soledad, la incomunicación. Es el cierre perfecto, e incluye unos versos con los que, tal vez, Miguel Ríos ha querido dejarnos un mensaje antes de que el disco deje de girar:
 
Podría salvarnos
en un gesto de humanidad
volver hacia atrás?
¿

Quién sabe, quizá no nos salvemos, pero aquí tenemos uno de esos álbumes que contribuyen a hacernos la vida más feliz. Un mapa del tesoro y diez canciones que son, en cierto modo, un atisbo de esperanza.

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