El Patio del olvido o la vida nocturna que se nos fue

  • El Patio del olvido o la vida nocturna que se nos fue

    Foto: Luis Enrique Flores

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"A El Patio iban los mejores cantantes (Nat King Cole, Josephine Baker, Judy Garland, Marlene Dietrich), y había que bregar arduamente para conseguir un sitio las noches de estreno y ponerse, para volver anacrónico el vocabulario, una borrachera de catego, un pinche homenaje al sediento dios Baco, un cuete de órdago".

Carlos Monsiváis

Una marquesina, otrora blanca, que comienza a oxidarse y derruirse; unos plafones que se caen poco a poco dejando chimuela la estructura; una fachada de falso morisco, como diría Monsiváis, que pierde el esplendor tras los grafitis; un portón central de madera que se carcome desde abajo, cuyo marco arqueado sirve para que un indigente que pasa por ahí se orine; y unas letras metálicas sin brillo que en lo alto anuncian "El Patio", son los restos del que fuera el principal centro nocturno de espectáculos de la Ciudad de México por más de medio siglo.

Inaugurado en octubre de 1938 por Vicente Miranda y Conchita Vélez, El Patio, a lo largo de 56 años, fue cita obligada de la crema y nata de la capital que asistía a ver los mejores espectáculos y a los mejores artistas musicales, principalmente como José José (quien debutó ahí), Juan Gabriel, Lola Beltrán, Rocío Durcal, Raphael, incluso el mismo Tin Tan tuvo sus temporadas en este lugar.

 

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Este espacio, ubicado en la calle de Atenas en la colonia Juárez, que en 1969 fue comprado por Francisco Aguirre, fundador de Grupo Radiocentro, no sólo sirvió para presentaciones artísticas, pues ahí, en 1947, se realizó la primera entrega del Ariel a lo mejor de la cinematografía nacional cuando todavía la época de oro del cine mexicano lucía con esplendor.

En entrevista para México Nueva Era el periodista Alberto Barranco, autor del libro "Ciudad de historias",  se refirió al Patio como un lugar extinto para el entretenimiento, "porque físicamente ahí están sus ruinas", el cual es fundamental mantenerlo vivo en la memoria (aunque sea), ya que mantener la memoria de una ciudad es vivirla, es integrarse a ella, amarla y gozarla más.

Recordó que por El Patio pasaron grandes personalidades de talla mundial como Edith Piaf o la diva alemana, Marlene Dietrich, "quien no permitía ni un solo click de fotos, si no se iba; tantos y tantos artistas que desfilaron ahí".

La cronista de la Ciudad de México, Ángeles González Gamio comentó a este medio que El Patio era un lugar fantástico. "Yo era muy jovencita en sus buenos tiempos. Fui a ver a Rocío Durcal, tendría yo como 16 años. Era un lugar de mucho caché. Esa vida nocturna se nos fue, ahora son los antros".

El periodista Humberto Musacchio, en charla con México Nueva Era, recordó que El Patio fue el cabaret más elegante de la ciudad, por mucho. "Ahí se iba a hacer presente todo el quien es quién de la cultura mexicana y de la política. En México estuvo el asilado y destronado rey de  Rumania y hay fotos en las que aparece en varias ocasiones ahí departiendo con guapas damitas".

Aseguró que este centro nocturno fue un lugar de mucha tradición que lamentablemente también desapareció, porque no lo supimos defender.

El Patio cerró definitivamente hace quince años, en 1994, y con ello no sólo dejó de funcionar un espacio para el divertimento noctámbulo, sino que también concluyó una época de la vida nocturna en la Ciudad de México que empezó a desmoronarse desde el sismo de 1985 cuando otros centros nocturnos muy demandados desaparecieron por esta causa: el "Capri", ubicado en el hotel Regis y el salón Belvedere del hotel Continental donde se presentaba con éxito Olga Breeskin.

El ocaso de una vida nocturna

En su libro "El día que cambió la noche. Memorias de un noctámbulo en la Ciudad de México", el periodista José Luis Martínez, sostiene esta tesis de que el terremoto del 19 de septiembre no sólo devastó varias zonas de la Ciudad de México, sino que arrasó también con la intensa vida nocturna que hasta entonces prevalecía, entre otras causas derivadas, porque la gente tuvo miedo de salir a divertirse, los centros nocturnos y cabarets no pudieron sostener su oferta por la crisis económica y porque cada día la inseguridad iba ganándole terreno a la noche.

Del Patio, recuerda José Luis Martínez una de las presentaciones del llamado "Príncipe de la canción" en 1984 (un año antes del terremoto):

"Esa noche la estrella era José José y su arreglista y director de orquesta, Chilo Morán, uno de los precursores del jazz en México. A pesar de sus caídas, el cantante estaba en plenitud y sus éxitos se sucedían ante un público entregado. El clímax llegó cuando comenzó a cantar 'Sabor a mi', de Álvaro Carrillo".

En entrevista, Marisol Gasé, integrante de la compañía de Teatro-Cabaret, Las Reinas Chulas, lamentó que muchos de estos espacios nocturnos hayan cerrado, cosa que atribuye en gran parte a la censura y la corrupción, como siempre cosa de dineros, "en el sentido de inversión, porque no es fácil sostener un lugar así". En su caso, el Teatro-Bar El Vicio ubicado en Coyoacán.

Advirtió que la corrupción ha sido una constante para estos giros comerciales, pues siempre llega el de delegación (hoy alcaldía) a pedir su moche o llega el de protección civil a pedirte tu carta braile de alimentos y bebidas.

"Hace un par de años llegaron a pedir carta en braile y yo se la hice de jamón al de protección civil cuando (Miguel Ángel) Mancera era el Jefe de Gobierno, y yo le dije: a ver, déjame investigar si todos los Bisquets de Obregón tienen su carta en braile. Esa fue la única manera en que el cuate nos dejó en paz", aseguró.

A pesar de ello, recuerda la reina chula con irónica nostalgia que les clausuraron el teatro-bar durante un fin de semana por una mostaza caduca, ingrediente que ni siquiera estaba en el menú.

Reconoció que si no se tiene una estructura fuerte es difícil que un centro de espectáculos tipo cabaret se mantenga, aunado a una programación atractiva para el público que, en su caso, si no son Las reinas Chulas o Regina Orozco, es difícil que la agente acuda al bar.

"Tiene que ver con eso: con la programación, con la corrupción, con la inversión de tiempo, dinero y esfuerzo que tienes que hacer; no es un negocio como tal. La gente nos dice 'no manches, las discotecas que abren de lunes a domingo y venden chelas ya son millonarios'. ¡Claro!, pero nosotras hacemos teatro, somos un teatro que abre a las 8 de la noche y cierra a las 2:30 de la mañana, y no lo abrimos toda la semana", subrayó la actriz.

Marisol Gasé aceptó que uno de los motivos por los que la vida nocturna de la ciudad ha desaparecido es la inseguridad.

"Claro, se pone muy peligroso, ya no confías ni en el Uber; hasta ahí te pueden asaltar, pero se trata de tomar otra vez las calles y decir no, no me va a ganar el miedo, yo estoy en mi calle y puedo transitar, y con los cuidados pertinentes sigue siendo una ciudad divertida que tiene mucha noche, mucha fiesta, mucha pachanga y hay que seguir trabajando en eso", sugirió.

Humberto Musacchio coincidió en que la vida en la Ciudad de México ha cambiado en muchos sentidos, "pero lo más terrible es que en los últimos años ha cambiado por la inseguridad. Esta es una ciudad en donde ya no puedes salir por la noche sin jugarte la vida y el resultado es ese: se ha acabado la vida nocturna".

Admitió no saber hasta cuándo seguirá esta situación en el país, "pero espero que el nuevo gobierno sea capaz de darnos seguridad y de levantar la vida nocturna que es parte de la vida, así de simple".

Alberto Barranco recordó que hace algunos años, cuando la Diputada, Dolores Padierna, fungió como Jefa Delegacional de Cuauhtémoc intentó revivir las viejas glorias de las noches de arrabal y las marquesinas de neón, pero sin lograr resultados positivos. "Lamentablemente la inseguridad está matando la vida nocturna".

Otro aspecto a considerar en este ocaso de los centros nocturnos y cabarets es que en la década de los 80, principalmente, durante la segunda mitad (coincide con el terremoto del 85), comenzaron a realizarse los conciertos masivos en la Ciudad de México, vetados hasta entonces con férrea decisión por la paranoia que desató el concierto de Avándaro entre las autoridades.

En esos años el Auditorio Nacional brillaba por su ausencia, sería hasta la década de los 90 cuando el coloso de Reforma comenzaría a albergar a las grandes estrellas de la música; el Metropolitan funcionaba como cine (que también después sufriría la crisis y desaparición de estos recintos); el Estadio Azteca y la Plaza México fueron pioneros en la organización de conciertos masivos, se recuerda el de Menudo en el Azteca allá por 1983 o los llenos de Emmanuel y Vicente Fernández en la Plaza México en esa misma década.

El Palacio de los Deportes, construido para los Juegos Olímpicos del 68 poco a poco fue utilizado para conciertos a finales de los 80 y principios de los 90; el Foro Sol se adaptaría después.

Ante estas nuevas prácticas del entretenimiento que, sin duda, respondieron a una taquilla más redituable que la que podría dejar El Patio, incluso un Premier construido para un aforo mayor, el resultado es que la experiencia intima, cercana, la cena, la copa y el baile que se vivía en los centros nocturnos, se cambió por el estruendo, la pirotecnia y la adrenalina de los conciertos masivos.

Las estrellas olvidadas

Sin duda, la desaparición de los cabarets y los centros nocturnos que, principalmente se alojaban en grandes hoteles, afectó a un gran número de artistas, sobre todo músicos y cantantes que, de acuerdo con José Luis Martínez, hasta antes del sismo del 85 tenían excelentes fuentes de empleo (hasta tres tocadas en una noche), poco a poco se fueron quedando sin opciones laborales, sobre todo porque la música electrónica, los reproductores y sintetizadores sustituyeron los costos y el gusto por la música en vivo.

Además de esto, el paso del tiempo ha cobrado factura a varios artistas que en décadas pasadas, solitos llenaban cualquiera de estos recintos pequeños y que ahora para sobrevivir y poder llenar un Auditorio Nacional, por ejemplo, tienen que unir sus talentos y sus nombres para presentarse en grupo, a ver si así tienen mejor suerte como podría ser el caso de los rocanroleros Enrique Guazmán, Angélica María, Alberto Vázquez y César Costa.

Dice Marisol Gasé: "Es terrible que estas grandes estrellas que les llega la vejez están buscando desesperadamente presentaciones. Me parece muy injusto para los artistas del país, y ellos son los famosos, imagínate los no famosos, los que estuvieron en teatro toda la vida, los que no salieron en la tele, que no tienen un seguro básico mínimo, un seguro de gastos médicos, pensión".

Para Alberto Barranco la situación tienen que ver con el fenómeno de la muerte anunciada de las radiodifusoras o, sin ser tan trágicos, las nuevas formas de escuchar radio.

"Lo que pasa es que poco a poco se van perdiendo cosas, sobre todo las radiodifusoras comerciales, ya no les interesa ese tipo de música, ya no tienen el rating de antaño y en consecuencia se va perdiendo el interés paulatinamente. Ya los discos son cada vez más escasos en relación con ese tipo de música", indicó.

No todo está perdido

Llámenle nostalgia, espíritu viejo, necedad o idea del eterno retorno, lo cierto es que la vida nocturna en la Ciudad de México, esa que damos por muerta, no lo está del todo. Como el ave fénix, intenta resurgir de sus cenizas, si no de la misma forma de la época dorada, sí con algunos elementos similares que más que copiar lo añejo, lo que busca es adaptarse a las nuevas formas del divertimento, honrando las viejas fórmulas que, sin ser mágicas, lograron conquistar el gusto del público.

Es el caso del ya mencionado Teatro-Bar el Vicio, ubicado en Madrid 13, en Coyoacán, donde se puede vivir la experiencia del cabaret con bebida y comida en la mesa mientras se disfruta de un espectáculo irreverente y políticamente incorrecto a cargo de las Reinas Chulas u "otres cabareteres" que llegan a presentarse. Qué placer es disfrutar unas buenas tapas con un vinillo tinto o una cervecita mientras hacen mofa o le mientan la madre al político en turno.

"Creo -afirma Marisol Gasé- que sí hay ganas de abrir espacios nuevos; todo el tiempo se están cerrando ventanas, entonces sí hay ganas de hacerlo. Acaban de abrir 'Un Teatro', que así se llama, pero no sé de otro cabaret como tal. Está La Bodega, en la Condesa, pero un teatro bar en donde te puedas echar un tequilita mientras estás viendo un espectáculo no sé de otros y es muy lamentable que no existan lugares así en la Ciudad de México".

Para Alberto Barranco existe la esperanza de que esa vida noctámbula renazca de alguna forma. "La gente estaría deseosa de volver a un espectáculo de revista, a un espectáculo donde se revivan aquellas coreografías, aquel  ballet que se presentaba en los lugares nocturnos".

Mencionó que uno de los espacios que rescata el espíritu de la bohemia es la Cueva de Rodrigo de la Cadena, un lugar donde se puede recrear la nostalgia del bolero y de los grandes tríos, además de que también ofrece servicio de alimentos y bebidas.

Humberto Musacchio va más allá al afirmar que, además de recuperar la vida nocturna en la ciudad, lo que debemos hacer es defender los espacios de tradición que aún perduran.

"Si un lugar de tanta tradición, no lo frecuentamos, los cafés, por ejemplo, tu me puedes decir El Patio era muy caro y sí, lo era, pero hay cafés que han desparecido, cafés de mucha tradición, porque la gente deja de ir. El Café La Habana es uno por donde pasó Fidel Castro, el Ché Guevara, medio mundo. Hay que ir, hay que consumir por lo menos un cafecito. Convertirlo en centro de reunión, de conversación, esa es la manera de defender nuestros espacios. De otro modo desparecen, se transforman", afirmó.

Como dice Musacchio es tarea de todos: autoridades, ciudadanos y hasta de empresarios rescatar la vida nocturna que se nos fue, sobre todo en materia de seguridad para que la gente vuelva a disfrutar su ciudad de noche, porque el noctambulismo también es un estilo de vida, pregúntenle a Juan Ibáñez y sus "Caifanes", además de que de esta forma se crearían fuentes de empleo, y se fomentaría el talento artístico nacional. Disculpando el lugar común, de lo que se trata es de sumar y no al revés.

Aquí hacemos un llamado de atención para que el Teatro Blanquita no se quede en el olvido y el abandono que, al igual que El Patio, la plaga de la indigencia y la herrumbre lo han empezado a carcomer.

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