“Ana, sin título” o ¡Ana somos todas!

  • “Ana, sin título” o ¡Ana somos todas!

    Foto: Cortesia | MNE 

¿Quién es Ana? ¿Acaso es esa chica brasileña de la que hemos oído hablar? ¿Es esa mujer negra con talento para las artes? ¿Será aquella compañera de lucha? ¿Es esa mujer sin rostro y sin patria, pero que pertenece a todo el mundo? ¿Será esa chica lesbiana que vive adelantada a su tiempo?

Ana es Ana. Ana es todas las mujeres de Latinoamérica que padecieron los estragos de las dictaduras de los años sesenta y setenta. Ana es el espíritu libre de todas las féminas que caminan a contracorriente, en contra del machismo, la misógina, los prejuicios y los estereotipos de sociedades cambiantes, sí, pero con una férrea y sistemática resistencia para otorgarles plenamente todos sus derechos que, poco a poco, han ido conquistando, a base de lucha en las calles, en las aulas, en sus trabajos, aun, a costa de su propia vida.

Esta es la reflexión que nos deja el largometraje de la directora brasileña, Lúcia Murat, “Ana, sin título” (Brasil-Cuba-Argentina-México-Chile), película que forma parte del 40 Foro Internacional de Cine de la Cineteca.

 

 

Tambien te puede interesar: El exorcista' tendrá una nueva trilogía de películas

 

 

Inspirada en la obra teatral, “Hay más futuro que pasado”, esta cinta nos narra el viaje que Stela decide emprender por cinco países latinoamericanos: Cuba, Argentina, México, Chile y el propio Brasil, en busca de Ana, una artista brasileña con mucho talento, pero de quien se tienen pocas noticias; sólo algunas cartas que intercambiaron diversas mujeres del arte son las únicas pistas para dar con el paradero de Ana.

Con ese material epistolar como única guía, Stela, poco a poco, va descubriendo a Ana, una negra muy conversadora y talentosa, según las testigos que la conocieron o escucharon hablar de ella.

Así, desde Cuba, pasando por Argentina, México y Chile, y terminando donde comenzó todo, en Brasil, no sólo vamos conociendo a Ana, de la cual es difícil no enamorarse, sino que vamos decubriendo los movimientos artísticos que emergían en una Latinoamérica convulsa por la política y los regímenes militares que dominaban esos años.

De esta manera, Lúcia Murat nos lleva por estas tres líneas narrativas para que no olvidemos los años difíciles de nuestra América: las dictaduras en Brasil y Argentina; la “dictadura perfecta” en México que, con la masacre de Tlatelolco, encuentra su más doloroso ejemplo; y, por supuesto, el asenso al poder del monstruoso Pinochet y la ola de represión hacia el pueblo andino.  

En contraste y en paralelo, vemos cómo el arte y los movimientos femeninos dan luz y esperanza en estos años difíciles; vemos y escuchamos a las Madres de la Plaza de Mayo con su eterna y tenaz lucha; escuchamos a artistas plásticas, audiovisuales y de las letras latinoamericanas como Lourdes Grobet, Lita Stantic, Lotty Rosenfeld, Elena Poniatowska, entre otras, hablar del papel de la mujer en el arte y de cómo, a través de éste, las mujeres presentaron cara a la violencia ejercida por el Estado.

Pero lo más conmovedor del filme es la propia búsqueda que Stela hace de Ana. Una búsqueda llena de curiosidad y empatía, una búsqueda como si fuera una madre indagando por una hija, un hijo desaparecidos. Lo de menos, en este caso, es si al final encuentra o no a Ana, porque, para estas alturas, ya decidimos que Ana es cualquiera, Ana es una chica de México, de Colombia, Perú, Chile o Argentina. Ana es la esposa, la madre, la hija, la hermana. Ana es esa mujer que quiere vivir libre. Ana es esa mujer que lucha y trabaja por sus ideales. Ana es esa compañera que todos debemos tener y que nos hace mucha falta para guiarnos en nuestro camino.

¡Ana somos todas!

Notas Relacionadas