Ministerio de Cultura italiano anuncia abolición de la censura al cine

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    Foto: EPA

Afp
07-04-2021

Roma. El Ministerio de Cultura italiano anunció la abolición de la censura al cine, decisión histórica que rompe con la herencia dejada por el fascismo y revisa la perspectiva con que se juzgaban las películas con sus fanatismos morales y religiosos.

“Con esa determinación se supera de forma definitiva el sistema de controles que permitía al Estado intervenir en la libertad de los artistas”, anunció Dario Franceschini, ministro de Cultura, en un comunicado.

Con la nueva ley se introduce el sistema de clasificación y se excluye definitivamente la posibilidad de censurar obras cinematográficas.

 

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El ministro instituyó una comisión con la tarea de verificar la correcta clasificación de las obras cinematográficas por los operadores, entre ellos productores y distribuidores.

De hecho deja de existir la posibilidad de pedir recortes o modificaciones y se introduce un sistema de autorregulación, ya que los productores o distribuidores clasificarán la propia obra.

“Es una forma de responsabilidad. Estamos maduros”, aseguró el cineasta Pupi Avati, quien sufrió la censura en 1975 por su filme satírico Bordella.

“Se pone en marcha una especie de autorreglamentación”, resumió Nicola Borrelli, responsable de la Dirección General de Cine y Audiovisual del Ministerio de Cultura.

La nueva comisión para verificar la propia reglamentación estará compuesta por 49 miembros que han sido elegidos entre expertos con probada profesionalidad y competencia en el sector.

“Nos queda la autocensura”, comentó con tono satírico el diario Il Manifesto.

Se trata de “un paso importante e histórico para el cine italiano. Era hora”, señaló, por su parte, Elena Boero, asesora cinematográfica, entre las encargadas de presentar la documentación necesaria a la extinguida comisión para evitar la censura.

Han sido muchas las películas y directores que han sufrido notables censuras en el curso de más de un siglo.

Entre los casos más célebres figuran casi todos los filmes de Pier Paolo Pasolini, además del legendario filme El último tango en París (1972), de Bernardo Bertolucci, cuyas copias fueron destruidas, con la excepción de tres que fueron archivadas en la Cineteca Nazionale como “prueba del crimen”.

Otros casos llamativos fueron La playa (1954), de Alberto Lattuada; Totò y Carolina (1955), de Mario Monicelli; Rocco y sus hermanos (1960), de Luchino Visconti.

Según el censo realizado con motivo de la exposición permanente virtual del Ministerio de Cultura, Cinecensura, 274 películas italianas, 130 estadunidenses y 321 de otros países fueron censuradas desde 1944.

Mientras las admitidas después de haber sufrido modificaciones fueron más de 10 mil.

“Era también un instrumento para que las películas fueran más seductoras, despertaban la curiosidad del público, sobre todo con el tema erótico. No censuraban películas por la violencia, como ocurre con las actuales series de televisión”, sostuvo Avati.

Control político, moral…

La censura cinematográfica en Italia tiene una historia antigua: nació casi simultáneamente con la difusión del cine en mayo de 1914.

A lo largo de más de un siglo las razones de la censura han cambiado, de control político, moral y religioso llegó a ser también una suerte de oportunismo para poder acceder a las subvenciones estatales sin correr el riesgo de censura.

Algunos autores independientes, como Fellini y Lattuada, fueron castigados en varias ocasiones con una negativa parcial o total de las comisiones de censura, recuerda la exposición Cinecensura.

El último caso importante de censura fue en 1998 con el filme Totò che visse due volte (Tottó que vivió dos veces, de Ciprí y Maresco, atacado por los ultracatólicos.

Ya hace más de un siglo, en 1898, una secuencia de 18 segundos del filme El beso, de Thomas Edison, fue censurada por haber escandalizado a la sociedad puritana del momento.

El cine fue desde sus inicios un poderoso transmisor de ideas y por ello los grupos de presión políticos, religiosos, funcionarios de los gobiernos, denunciaban y pedían la supresión de películas, cortes y hasta realizaban manifestaciones contra las salas que proyectaban ciertas obras.

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