“Nuevo orden”, filme que navega entre la conciencia social y el miedo

  • “Nuevo orden”, filme que navega entre la conciencia social y el miedo

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Ganadora del Gran Premio del Jurado en la edición reciente del Festival de Venecia, “Nuevo orden”, película de Michel Franco, es una ficción que intenta navegar entre la conciencia social por diferencias de clase y raciales y el miedo al totalitarismo que puede representar un régimen de orden militar.

La cinta se divide en dos partes: la primera se encaminaba hacia el ya eterno cuestionamiento de la lucha de clases en México, en donde no sólo se trata de relaciones entre ricos y pobres, sino que, por las características de nuestra sociedad, se adereza con el ingrediente racial; lo indígena contra lo anglosajón.

En este sentido, la trama nos presenta a una familia acomodada que celebra la boda de su hija con toda la pompa y lujos a la vista de los invitados, a la cual irrumpe para pedir ayuda un ex trabajador de esa familia, ya que su esposa necesita una operación costosa.

 

 

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Como es de esperarse, los patrones sólo lo auxilian con una limosna, dejando al sujeto a su suerte, al igual que su esposa enferma, a pesar de que, cuando trabajaban en la casa, se les consideraba como de la familia, incluso. Sólo un miembro de estos acaudalados tiene la empatía suficiente, incluso el arrojo, para ayudar a esta mujer.

Hasta aquí el planteamiento y la primera parte del filme. El segundo momento de la cinta tiene que ver con el contexto social que envuelve a la trama, del que se dice se ubica en lo distópico, pues nos habla de una revuelta social en un tiempo indeterminado que, en apariencia, fue incitada por las clases bajas en contra de las clases privilegiadas, exponenciando el microcosmos de la casa rica, los amos y la servidumbre del planteamiento a niveles nacionales; una cuarta, quinta, sexta (no se sabe) transformación, llevada a cabo no por la vía democrática, sino por el caos y la violencia, así como la consecuente represión armada para instaurar el “nuevo” (viejo) orden.

Si nos ceñimos a esta característica distópica del filme, podría pasar como una buena propuesta que nos habla de los riesgos de que en cualquier nación se instaure un gobierno militar, así como una cierta crítica a las injusticias sociales que se cometen con las clases pobres, además, nos advierte también que la polarización de ambos bandos, por lo regular, provoca tragedias para las dos partes, claro, se lleva la mejor parte quien detenta o está a lado del poder.

Sin embargo, si vemos más allá de la ficción y el halo distópico y consideramos que se está tomando como modelo un México que poco tiene de ficticio, la película de Michel Franco puede llegar a ser, hasta cierto punto, maniquea, porque si bien nos habla de que ni todos los ricos son egoístas e indolentes, ni todos los pobres son rencorosos y salvajes, al final se mantienen las diferencias e injusticias que han generado el conflicto y de nueva cuenta, quien está más a la mano del poder, es el que sale ganando.

Ese poder es el militar que, a diferencia de la dicotomía anterior que no tiene empacho en mostrar todos sus dientes, el ejército se mueve entre las sombras de las apariencias que, como buen sicario, se vende al mejor postor.

Y como sombra que amenaza y que acecha a su presa, su actuar provoca miedo, pero no sólo como intimidación, sino como ejercicio de gobierno llegando a los actos de barbarie, quisiéramos decir insospechados, pero en un país que ha sufrido la mano dura del ejército, los podemos calificar de ya conocidos.

Así podemos decir que la propuesta de Franco es una franca inoculación de temor ante una fuerza armada que, si bien puede morder un poco a las élites, se ensaña y devora al grueso de la población. Entonces la película nos deja esa sensación de que debemos tener cuidado y pensarlo muy bien si queremos rebelarnos como pueblo, porque siempre habrá un poder armado dispuesto a reprimir cualquier esbozo de rebeldía social que afecte los intereses de las clases dominantes.

Al final, la instauración de un nuevo orden sólo sirve para mantener al viejo orden económico, porque el dinero lo compra todo, como un asiento junto a los militares en una ejecución sumaria de gente que solo tuvo la culpa de ser pobre. Éste, el principal delito de los mexicanos desde hace mucho tiempo.

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