“Ya no estoy aquí”, la película que se ve a ritmo de cumbia

  • “Ya no estoy aquí”, la película que se ve a ritmo de cumbia

    Foto: Internet

En el marco de la Sexagésima Segunda entrega del Premio Ariel a lo mejor de nuestra cinematografía que otorga la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, uno de los filmes nominados a mejor película es “Ya no estoy Aquí”, del director Fernando Frías de la Parra.

Se trata de una cinta que vale mucho la pena y nos atreveríamos a pronosticar que no sería raro que se alzara con el galardón a mejor película, ya que se trata de un relato tan  crudo como poderoso acerca de la identidad, la soledad y el desarraigo.

La trama nos ubica en la periferia de Monterrey, en esos barrios tipo favelas, en donde se desarrolló el movimiento contracultural “Kolombiano” o “Cholombiano”, como dirían otros.

 

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Allí vive Ulises (Juan Daniel García Treviño, estupendo), un joven de 17 años que es líder de una pandilla de adolescentes que ante la falta de oportunidades se dedican a la vagancia, a talonear unos pesos, pero sobre todo a escuchar cumbias “rebajadas”, de esas que en el centro del país conocimos gracias a músicos como Celso Piña, Lisandro Meza o Policarpo Calle y que causaron cierto furor, pero nada comparado con el arraigo que tuvo en ese espacio del norte de México. Es más, la cumbia se vuelve otro personaje en el filme y sirve de hilo conductor para narrar la historia de este desarraigado.

Al más puro estilo de un baile tribal, Ulises era el rey de la pista callejera y un líder nato de su pequeña tribu urbana con la cual su identidad estaba segura. Pero todo cambió radicalmente cuando un incidente con unos pandilleros lo obligó a emigrar a Nueva York, en los Estados Unidos. En un abrir y cerrar de ojos, el chico perdió todo lo que tenía y todo lo que era.

Fernando Frías no pudo encontrar un escenario mejor que el multicultural “NY”, con todo ese caleidoscopio de razas, lenguas, costumbres y estilos de vida, en el que Ulises, sin saber ni una palabra de inglés tiene que sobrevivir en una ciudad que parece lo va a devorar en cualquier momento.

Aquí es donde el filme encuentra ese tono contrastante entre la vida relajada que llevaba el protagonista en su lugar de origen y  la dura y cruel realidad de no pertenecer a un lugar, en donde ni siquiera tiene la opción de adaptarse o al menos de intentarlo, simple y llanamente no encaja, y ese sentimiento es el que lo vuelve empático ante los ojos del espectador. Es una soledad,  un desamparo que más de uno hemos sentido alguna vez en nuestras vidas.

Pero no sólo es la empatía de la mala suerte, sino que se siente la impotencia y la rabia de que Ulises ha sido despojado de todo, no sólo de cosas materiales, sino de sentimientos profundos, esos que lastiman y dejan huella en el alma y nos hace pensar en la injusticia de un país violento como el nuestro que no ofrece oportunidades a sus jóvenes, a sus niños y las ventanas que llegan a abrirse son las de la delincuencia y el exilio.

También es el reproche hacia un país que se dice primer mundo, tierra de oportunidades o realizador de sueños, pero que en realidad es un espacio asfixiante, agresivo, soberbio e indolente que ante el espejismo de que todo saldrá bien, en cuestión de segundos se rompe el espejo y nos regresa a la cruel realidad de que allá tampoco quieren al diferente, ni los güeros, ni su misma raza que primero lo acogió y luego lo desechó.

Pero el “ya no estoy aquí”, no tiene que ver con la odisea de Ulises (de ahí el nombre del personaje) en los Estados Unidos, sino de su regreso a la Ítaca violenta dominada por el crimen organizado, atizado por el gobierno de Felipe Calderón y su Guerra contra el Narco, en donde ya nada es como lo era: el rap sustituye a la cumbia; las armas y las gorras suplantaron la ropa holgada y los peinados de pavorreal; el bullicio de los bailes callejeros claudicó ante los gritos de las balas y las sirenas de patrullas y todo esto, toda esta nueva realidad a la que regresa el protagonista es vista por sus ojos desde la soledad del techo de un barrio que ya no le pertenece.

“Ya no estoy aquí” puede verse en la plataforma de Netflix, así que esperamos sea usted, amable lector, uno de los afortunados en disfrutar de esta maravilla. No se la pierda.

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