“Esto no es Berlín”, un ejercicio de la memoria colectiva

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    Foto: Internet

Instalados en el emblemático año de 1986 en el ya ido Distrito Federal y su zona conurbada, el director de este filme, Hari Sama, nos presenta (en apariencia) la historia de un trío de jóvenes clasemedieros-altos que están en busca de su identidad, explorando por veredas que los llevan lo mismo por las sendas de la música rock-punk que por el consumo de drogas y la iniciación sexual.

Subrayamos en apariencia, porque, al igual que en “Y tú mamá también”, la trama de estos jóvenes que transitan a la madurez sólo es el gancho para mostrarnos el contexto de una realidad que, sin duda, afectó o afecta a los protagonistas y, en consecuencia, como espectadores nos invita a la introspección de cómo el medio en el que nos desenvolvemos puede llegar a definirnos.

En este sentido, Hari Sama nos presenta una juventud que se está soltando de las ataduras del conservadurismo añejo y la represión gubernamental heredada del 68, sobre todo en aspectos como el arte y la cultura, por encima de lo político, al menos ese es el punto que el cineasta quiere que conozcamos.

 

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A través de estos chicos, Carlos (Xabiani Ponce de León), Gera (José Antonio Toledano) y Rita (Ximena Romo), descubrimos una ciudad que se refugia en la oscuridad de la noche y desciende a los hoyos fonky para explora una creatividad artístico-musical propia que si bien tenía sus bases en lo anglosajón y eurocentrista (de ahí el título de la cinta), a todas luces quería alcanzar la originalidad y autenticidad local, aun en contra del sistema establecido.

Se trata de la contracultura vislumbrada por José Agustín, si tomamos en cuenta que para este autor la contracultura “abarca toda una serie de movimientos y expresiones culturales, usualmente juveniles, colectivos que rebasan, rechazan, se marginan, se enfrentan o trascienden la cultura institucional”. Y en parte es lo que nos encontramos en la cinta.

Pero el filme no sólo se centra en este aspecto que, en algún momento podría parecer pretencioso, sino que también es un ejemplo de la pérdida de la inocencia, no sólo de estos chavos, también lo es de la pérdida de la inocencia de una sociedad mexicana que hasta antes del sismo del 85 se sentía segura y amparada en y por el sistema. Por eso es que el lugar común de que hay un México antes y otro después de dicho siniestro, pude reflejarse a través de esta anécdota que nos cuenta Hari Sama.

Esa orfandad social de un gobierno paralizado, es la misma que experimentan los protagonistas, sobre todo Carlos, cuya madre (Marina de Tavira) se la pasa dopada todo el día y le hace caso mínimo.

Sin embrago, y en contraste, el director nos hace una gambeta cuando, en paralelo, muestra la efervescencia de la mayoría de los mexicanos con el mundial de futbol celebrado en nuestro país; es como si nos dijera: mientras ustedes están idiotizados por el futbol, hay otros mexicanos experimentando otros placeres diferentes al balompié. En ambos casos, queda el hedonismo como el objetivo primordial y refuerza la idea de que un cambio viene, y si no, al menos las formas establecidas están en decadencia a punto del colapso.

Como lo ha comentado el propio Hari Sama, este filme responde a sus memorias, a la época que lo marcó en su adolescencia y en este aspecto logra una muy buena recreación de la época que está retratando, la cual se refuerza con un sountrack de antología.

Algo que no quiso dejar pasar de largo el director y que, en lo personal agradezco y, al mismo tiempo, lamento es que, a pesar de que se centra en una clase social específica en relación con otras, la secuencia en donde este grupo de chavos “fresas” que experimentan con el rock, se atreven a meterse a una “tocada” en Ecatepec con chavos punk y como público pura banda gruesa y pesada, “¿qué huevos”, dice uno de los diálogos. Esto se agradece, porque nos muestra que en lo musical y por extensión en lo social, la marginación, la segregación y la censura han sido una constante en nuestro país, quizás ahora menos, pero, quién sabe.

“Esto no es Berlín” es un interesante ejercicio de la memoria colectiva de una sociedad mexicana que constantemente está en transformación. No se la pierda.


 

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