"Maléfica: Dueña del mal", los cuernos de la vergüenza

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Aunque ya no deberían de sorprendernos todos los artilugios que hace Hollywood, a través de algunas de sus casas productoras, para explotar ad nauseam cualquier historia que les haya significado un "éxito" de taquilla, nos resulta imposible entender la desfachatez y el descaro de hacer una segunda parte de una película mala potenciando los ingredientes de la fórmula que, a manera de brebaje, le infundieron al público para que se rindieran a los "encantos" de su propuesta fílmica.

Estamos hablando de "Maléfica: Dueña del mal", cinta que vuelve a lanzar el hechizo de la grandilocuencia visual, un argumento desvirtuado y metido con calzador, con un toque de melodrama manipulador que explota el amor filial para ganarse la simpatía del respetable, además de la presencia de actrices de renombre para darle fuerza a un guion pobre e incoherente que por sí sólo no llegaría a ningún lado. 

Si ya de por sí el filme del 2014, "Maléfica", adulteraba el cuento clásico y le daba un papel preponderante a Angelina Jolie, perdón a Maléfica, en esta secuela, se continúan alterando los hechos y de aquella imagen de la Bella durmiente del bosque y la bruja sólo queda la referencia, aunque por ahí se recupera un poco la figura de la malvada madre del príncipe con quien la durmiente se casa.

 

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Aurora (Elle Fanning) se nota más dormida en sus laureles que en la entrega anterior; su personaje no tiene un peso específico más que el de pivote para el lucimiento de Jolie, perdón de nuevo, de Maléfica, y pareciera que los cinco años que han pasado en la historia en donde se quedó como reina protectora del Páramo y sus criaturas le han pasado de noche, pues es tanto el embeleso que tiene por el príncipe que no advierte el riesgo que representa su futura suegra (una cumplidora Michelle Pfeiffer como la reina malvada) y la ingenuidad se le desborda por sus mejillas rosadas creyendo que vive en un cuento de hadas. Aquí cero empoderamiento de la mujer.

Y ya que hablamos de hadas, el conflicto, precisamente, se presenta con un asunto de seres alados y cornudos. En otras palabras, Maléfica resulta no ser la única de su "especie" y, ¡oh!, mágicamente aparece una raza de hadas y hados que viven ocultos en las profundidades, muy al estilos de esos seres azules que vimos en "Avatar". 

Entonces, Maléfica, además de enfrentarse a la inmadurez de su hija "adoptiva", Aurora, quien se avergüenza de sus cuernotes, tiene que lidiar con sus orígenes, con los suyos, en medio de una guerra que está por venir entre las criaturas mágicas y los seres humanos. Claro, algo tenían que inventar los guionistas para cumplir con el encargo de una secuela que hiciera lucir a la ex de Brad Pitt, y lo primero que les vino a la mente fue crear una raza de maléficos y maléficas para que esta hada malvada (sarcasmo) se sintiera con un motivo en la vida, ya que el papel de madre le quedó grande, según se infiere.

Lo que más o menos ayuda a la historia es la participación de Michelle Pfeiffer como la madre del prometido de Aurora, quien, si bien hace un papel decente como villana de cuento, no termina por cuajar como personaje, pues sus motivaciones son débiles y poco convincentes, además de que su final es de lo más ridículo, pero eso no es culpa de Pfeiffer quien hace un gran esfuerzo ante un guión magro.

Por ahí se quiere colar un discurso de tolerancia y aceptación, pero, como el filme privilegia los escenarios y las batallas por venir, dicha intención queda blandengue y sólo se siente como una justificación a la historia de esta singular hada.

Para tapar estas fallas de argumento, la película se centra demasiado, por no decir se satura, de efectos visuales y dobla el número de criaturas fantásticas del bosque para el deleite de un público infantil, en paralelo con las muchas secuencias de acción para el entretenimiento adulto. En ambos casos se subestima la inteligencia del público.

Ningunos de los personajes logra desarrollarse más allá de la media y ninguno alcanza el adjetivo de entrañable, y esto es cosa seria si tomamos en cuenta que la película está basada, justamente, en la figura de Maléfica. Es increíble que haya más simpatía por personajes fantásticos de cuentos de hadas como los que aparecieron en "Shrek" que los que vimos en esta cinta.

"Maléfica: Dueña del mal" es un claro ejemplo de la soberbia de ciertas productoras que piensan que con la pócima mágica tendrán el éxito asegurado, y quizás en taquilla sí lo tengan, pero eso estaría hablando de que el público está hechizado y se rinde a los encantos de este tipo de propuestas. Se trata de una secuela que potencia los vicios de su predecesora y si usted se anima a tomar a la Maléfica por los cuernos, será bajo su propio riesgo.

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