"Mentada de padre", un noble intento por hacer comedia distinta

  • "Mentada de padre", un noble intento por hacer comedia distinta

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Como un noble, pero inocente o hasta quizás soberbio ejercicio de película de época, con un toque de crítica social, podríamos calificar la cinta "Mentada de padre", codirigida por Mark Alazraki y Fernando Rovzar, en donde las buenas intenciones no fueron suficientes para lograr una comedia trascendente.

Ubicada en algún poblado de la provincia mexicana a los inicios de la década de los 40 (al principio pensamos en un San Garabato), el cacique o magnate del principal medio de comunicación de esos años y de la región: la radio, Don Lauro Márquez (Héctor Suárez, estupendo), se encuentra en el lecho de muerte y manda traer a sus cuatro hijos varones para que lo vean morir y para que, entre ellos, compitan (literal) por la herencia.

En un tono de farsa, el padre estipula en su testamento que, ante la decepción que sus hijos buenos para nada le han causado, los muchachos deberán participar en un reality radiofónico; sí, así como se escucha. 

 

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A la manera de esos realities morbosos de la televisión que dejan mucho rating, los posibles herederos de Don Lauro tendrán que participar en este show que, en lugar de llenar la hacienda con infinidad de cámaras, lo hace con micrófonos antiguos, de esos que conocemos por las imágenes que la afamada XEW y que son puestos por cada rincón de la casa para que los radioescuchas no pierdan ni un detalle. La competencia consiste en 4 retos durante cuatro días, lo que sin duda, con la avaricia de por medio, hará que los hermanos se hagan pedazos entre ellos.

Esta es, tal vez, la parte más original de la película, y al mismo tiempo la más locochona, simplemente, amable lectora, lector, pregúntese cómo carajos sería un espectáculo mediático de este tipo, pero transmitido a través de la radio.

Obviamente, esto apela a la nostalgia de cuando las familias se reunían en torno al aparato receptor de ondas hertzianas para escuchara a sus cantantes favoritos como a esos locutores de voz super engolada anunciando cualquier cantidad de productos inútiles (en eso la publicidad no ha cambiado) con estribillos y frasecillas rimbombantes y versadas.

Pero más aún, la referencia principal es a la radionovela, esa que después sería sustituida por la telenovela y que arrancaba lágrimas y risas que, sin duda, estimulaba la imaginación y desbordaba las pasiones de los escuchas.

Pues, toda esta grandilocuencia es retratada en la cinta con un diseño de producción más que certero que, en la mayor parte del filme, nos traslada y nos hace sentir que estamos en ese México enmarcado en la Segunda Guerra Mundial, cuyo cine se vio beneficiado por ello y logró (al no tener encima al cine gringo) desarrollarse como industria y alcanzar lo que se conoce como su época de oro, con sus temas del rancho, las canciones que desgarran el alma, amores imposibles o cuentos de hadas, machismo, violencia y borracheras.

Efectivamente, todos estos clichés del cine mexicano son utilizados por los directores de "Mentada de padre", con la intención de hacer mofa de ellos y criticarlos, sin embargo, esto se queda en un intento un tanto forzado, ya que la trama se centra demasiado, por no decir totalmente, en la competencia fraterna durante la mayor parte de la película, por lo que que terminan siendo parte de la misma, lo que provoca que no funcione como un juicio a esas maneras de abordar los temas y sólo al final intenta la reivindicación, demasiado tarde, porque ahora sí, se siente forzado el asunto.

Una película parecida en las intenciones, pero que no sólo abarca una temática, sino que logra crear un microcosmos es "Calzonzin Inspector", de Alfosnso Arau, en donde el absurdo y la sátira están manejados de una manera certera que hacen que, a través de este tipo de comedia, el mensaje de la crítica se mezcle con las carcajadas que provoca y se vuelva memorable; la cinta de Mark Alazraki y Fernando Rovzar se queda temerosa de explotar más estos elementos fársicos y opta, al final de cuentas, por el mismo melodrama que en la intención quiere criticar.

Como decíamos, el diseño de producción está muy bien logrado y vale la pena deleitarse con los ambientes y escenarios. En cuanto a las actuaciones, aunque sólo haya aparecido durante los primeros diez minutos, la interpretación de Héctor Suárez como Don Lauro es lo mejor de la propuesta. Una secuencia de apenas 5 minutos, bastó para que nos arrancara las risas más honestas de la película, lo que demuestra el gran actor que es Suaréz, más en el género de comedia.

Osvaldo Benavides, Antonio Gaona, Mauricio Isaac y Mauricio Barrientos ("El Diablito"), son los cuatro hijos de Don Lauro, cada uno con una personalidad fracasada y sí, estereotipada, que el guión no supo hacerles justicia, los personajes no se desarrollan, sólo cumplen un rol en función del concurso en el que participan, por lo que la personalidad de cada histrión tuvo que salir a flote y eso se ve en la cinta, lo que demuestra que la dirección actoral estuvo floja.

Aún así, destaca "El Diablito" porque, limitando su lenguaje florido que lo caracteriza en la televisión, logró un personaje cumplidor que no incomoda; Antonio Gaona está acartonado y se nota que nunca supo si colocarse como un galán aventurero y arriesgado o quedarse en un explorador que no sabe qué explorar y mejor se queda contenido; Osvaldo Benavides sorprende por salir de su zona de confort donjuanesca e interpretar un homosexual que a ratos nos recordaba a Mauricio Garcés, claro, sin en encanto de éste, sino con cierta petulancia que se le ha visto en otros personajes y, finalmente, hablando de Mauricios, Mauricio Isaac es quien más creíble estuvo en su papel, aunque en un principio parecía un pelele, no sólo como hermano, sino como personaje, al final logró darle decoro a la actuación que, insistimos, el guión no favoreció a ninguno de ellos; la idea creativa siempre estuvo en el reality radiofónico.

"Mentada de padre" no será la gran comedia del año, pero se agradece, y mucho, que intente explorar por otros caminos del género en lugar de ceñirse a la fórmula de la comedia romántica y los refritos del mismo género de los que la cartelera de películas nacionales está llena

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