"Godzilla 2: El rey de los monstruos", la arrogancia monstruosa del ser humano

  •  "Godzilla 2: El rey de los monstruos", la arrogancia monstruosa del ser humano

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Si en el "Godzilla" de Gareth Edwards (2014) agradecimos que Hollywood haya retomado el mito japonés de este kaiju (bestia gigante) y su regreso a este mundo a causa de la acción humana respecto del uso de la energía nuclear como arma de destrucción masiva y el consecuente discurso ambientalista de que el hombre, en su arrogancia, piensa que tiene control sobre la naturaleza, cuando es lo contrarío, diría el científico Ishiro Serizawa (Ken Watanabe).

Ahora, en la secuela de este filme, "Godzilla 2: el rey de los monstruos" (Michael Dougherty, EUA, 2019), se hace a un lado cualquier contrapunto ecológico y se privilegia la arrogancia del ser humano, tanto en la pantalla como fuera de ella, ya que esta segunda parte tiene el tufo de que la intención de seguir con una historia ya terminada es solamente el de agenciarse más dinero, como siempre.

Esta soberbia humana, la de la película, nos muestra que, tras los desastres causados y la pérdida de vidas por la batalla de Godzilla y los Muto (animales mosntruosos) en la historia anterior, se sigue creyendo que el hombre, además de controlar la naturaleza, ahora también puede manipular a estos seres, al grado de pensar de manera ingenua que, por el bien de la humanidad, lo mejor es despertar a tooooodos los que existen en la tierra que, increiblemente, no se sabía nada de ellos. ¿De qué otra manera podría haber una segunda parte?

 

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Esta postura engreída sobrepasa los límites de la cinta anterior de dejar en las manos de dios, perdón, de Godzilla, la destrucción de estos otros seres que se alimentan de radiación y ahora los humanos se ponen a la par del rey de los monstruos para ayudarlo a combatir los demonios que ellos mismos invocaron.

El suspenso fue uno de los aciertos de la propuesta de Gareth Edwards que, a pesar de ser un blockbuster, manejó este elemento de tal forma que hubo momentos en los que nos tenía agarrados de la butaca y con el "kaijús" en la boca. 

Sin  embargo, a Michael Dougherty le valió un pepino conceptos como expectación y asombro y privilegió para su película lo evidente, la grandilocuencia, la acción sin sentido, al grado de no conformarse con lo obvio al tener que explicar en voz de sus personajes humanos cosas que no necesitaban aclararse.

En algunos momentos, entre tanta batalla hiperbólica, nos dio la sensación de vacuidad de cualquier filme de "Transformes" y extrañamos la sutileza de un Guillermo del Toro y sus kaijus en relación con los humanos en "Titanes del pacífico", que, para variar, Hollywood les dice así, titanes, a estos seres con la clara intención de desligarse del folclor japonés.

La participación humana en esta segunda parte de "Godzilla" es casi nula, hasta el personaje de Ken Watanabe se siente distinto, arrogante también, aunque al final buscan reivindicarlo. Su compañera de andanzas desde la primera cinta, que interpreta Sally Hawkins, tiene un destino indecoroso para el tamaño de su presencia, curiosamente, Guillermo del Toro le sacó mucho jugo al relacionarla con otro tipo de criatura fantástica en "La forma del agua".

Tan deshumanizada se siente esta cinta que en la trama hay pérdidas importantes, pero las ansias de pasar a la siguiente batalla de monstruos, no le dan la importancia y el peso que deberían. Y justamente ese es el tono del filme: una prisa por mostrar acción, batallas y destrucción, como si les hubieran dicho que en el tiempo asignado tendrían que entrar tal número de escenas de lucha épica y destructiva.

Lo entretenido, para nosotros los mexicanos, fue ver la ficticia isla mexicana de Mara y toda su destrucción cuando uno de estos kaijus o titanes, llamado Rodan, emerge de un volcán bajo un concepto entre ave fénix y águila real prehispánica. Para quienes conocemos el Centro Histórico de la Ciudad de México, es inevitable reconocer algunas de sus calles y la plaza de Santo Domingo, precisamente tropicalizada y fusionada en lo visual con este volcán; se ve muy curiosa la secuencia.

Quizás para nosotros este aspecto sea uno de los atractivos para ver la película, pero "Godzilla 2: rey de los monstruos" quedó mucho a deber en relación con su precuela y el interés que había generado. Lástima. Pero no se preocupen, durante la proyección y al final, se deja ver la intención y confirmación de que la próxima cinta de Godzilla será en batalla contra King Kong, así la ambición hollywoodense.
 

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