"Toy Story 4", es hora de crecer

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En este espacio siempre hemos criticado la avaricia desmedida de la industria cinematográfica de los Estados Unidos. Cuando una película tiene éxito de taquilla, sea buena o mala, la regla indica que se le debe exprimir el jugo hasta la última gota con secuelas, precuelas, "spin offs" y lo que ustedes gusten y manden. Ejemplos, hay muchos.

Apenas, la semana pasada escribíamos sobre esta cuestión con "Hombres de Negro 4", una fallida secuela falta de imaginación para presentar un producto novedoso que, creyendo que repetir la fórmula que les dio resultado en la primera entrega, a un par de décadas de distancia, la gente se iría con la finta y le gustaría un filme ya visto, nada más falso que eso. El resultado está a la vista de todos.

Este mismo riesgo corrían los estudios Disney y Pixar con la tan esperada cuarta entrega de "Toy Story", pues a pesar de que ya han pasado 24 años de que esta saga sorprendiera al mundo entero y lograra colocar en el imaginario colectivo a juguetes tan entrañables como inolvidables, y de que la tentación estaba latente de repetirse así misma, total, los niños que vieron la primera ya rondan los 30 años, por lo que el el mercado nuevo de pequeños que nacieron incluso después de "Toy Story 3" (2010), no podrían decepcionarse con una fórmula repetida.

 

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Por fortuna para Pixar, esto no sucede con "Toy Story 4", cuyo director, Josh Cooley, y productores, supieron darle una nuevo giro, esos sí, a un discurso que ha permanecido latente a lo largo de la saga, uno que tiene que ver con la identidad, la inclusión y la amistad.

A pesar de que con "Toy Story 3" el ciclo de estos juguetes había terminado, con una estupenda propuesta narrativa, la presión de Disney debió ser asfixiante para que se produjera una cuarta entrega que, obviamente, redituara en los bolsillos de la compañía del ratón, ya que, en lo creativo no había mucho qué aportar.

Curiosamente, "Toy Story 4" se enfoca en el tema del cierre de ciclos y se convierte en una gran metáfora del término de esta saga exitosa con el adiós de uno de los personajes entrañables, como si nos estuvieran diciendo: niños y jóvenes que nos han acompañado desde la primer película, es hora de crecer, de madurar y encontrar nuevos derroteros, pues "algunos cambios pueden ser buenos", como dice uno de los diálogos.

Cuando vayan a la sala de cine observen y verán que la mayoría del público no es infantil; son jóvenes adultos, algunos de ellos ya con hijos pequeños, que encontraron en esta franquicia un referente de la cultura pop para sus vidas. A ellos pareciera estar dirigido este mensaje: es hora de crecer y cambiar la página.

Para este cierre de ciclo y seguir adelante, la cinta se presenta de nuevo como una gran aventura de los juguetes del pequeño Andy que ya conocíamos, más los que se agregaron con los de la pequeña Bonnie, y aún hay más, como diría un viejo conductor de la televisión mexicana, pues a la lista se agregan nuevos personajes. Uno de los más significativos es Forky, un tenedor que la niña crea con material reciclable a quien volcará toda su atención.

Woody, el vaquero favorito de Andy, empieza a entender que las cosas cambian y que si su deber siempre ha sido prodigar felicidad a su niño-dueño en turno, también es su labor cuidar a aquel que ahora hace feliz a la niña aunque haya salido de la basura. Así empieza este viaje emocional.

Pero un giro en la vida de Woody le hará replantear su futuro, pues se encuentra con su antiguo amor, Betty, aquella pastorcita de porcelana que se parecía a "Cositas", que de dulce e inocente sólo el recuerdo queda.

En este sentido, "Toy Story" también evoluciona y se sube al barco del discurso de paridad y empoderamiento de la mujer, ya que en la mayoría de las secuencias, quienes llevan la voz cantante son personajes femeninos, incluso una muñeca que la hace de antagonista.

Estos juguetes, que los discursos de género anquilosados indican que sólo son para niñas, son personajes inteligentes, audaces y sensibles y que a la par de sus compañeros masculinos, hacen la diferencia al trabajar juntos.

Forky representa lo que en su momento sucedió con Buzz Lightyear o Jessie: el autoconocimiento, saber quién soy y qué puedo hacer, para después adaptarme y formar parte de una comunidad; un asunto que si duda conecta con los niños pequeños sobre todo cuando empiezan a socializar.

Lamentablemente, para que esta historia funcionara, se tuvo que sacrificar el protagonismo de los demás personajes. Si bien Buzz tiene sus momentos, Jessy, Rex, los esposos Cara de Papa, Slinky, Jam y Tiro al Blanco, ceden su tiempo para el lucimiento de Woody y los nuevos compañeros de aventuras. Por supuesto que hicieron falta, pero si así era la única forma de no repetirse, resultó una decisión acertada.

"Toy Story 4" es emotiva y si así se queda, sin secuelas ni precuelas, pasará a la historia como una buena película de la saga, no la mejor, porque no logra superar lo hecho por la primera entrega o por la gran tercera parte, pero sí como una muy buena cinta de estos tiempos modernos.

La película funciona bien como un cierre, aunque con la número tres hayamos sentido lo mismo, pero este es otro tipo de conclusión que resulta atinada. 

Esperemos que la avaricia de Hollywood no la eche a perder y en un futuro quieran intentar algún "spin off" con la vida de Woody o algo por el estilo. Quedémonos con este buen sabor de boca. Cerremos el ciclo porque ya es hora de crecer.

 

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