"Cómprame un revólver", la violencia que arrebata la inocencia

  • "Cómprame un revólver", la violencia que arrebata la inocencia

    Foto: Internet

¿Qué significa ser mujer y ser niño en un país gobernado por el narcotráfico? Una respuesta muy cercana a la realidad es la que nos brinda el cineasta Julio Hernández Cordón con su película "Cómprame un revólver".

Inspirada en hechos reales, pero presentada como una película distópica, de lo cual, por desgracia, sólo tiene la atmósfera desoladora de un desierto a lo "Mad Max", este filme nos cuenta la historia de Huck, una niña pequeña que vive con su padre en un cámper ubicado frente a un campo de beisbol que el hombre se encarga de mantenerlo para el disfrute de los narcotraficantes. 

Las mujeres escasean, por lo que resulta un peligro ser del género femenino en este mundo controlado por los capos de la droga, por lo que Huck debe vestir como niño, usar una máscara de monstruo y un casco de besisbol para pasar desapercibida ante la jauría de machos. Su padre, a quién el mismo crimen le arrebató a su esposa e hija mayor, hace todo lo posible por mantener a salvo a su hija, incluso la tienen que encadenar porque en este lugar todo se roban, hasta las macetas, dice la pequeña. Tarea difícil en un lugar del cual es imposible escapar o esconderse.

 

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El peligro no sólo acecha a las niñas y mujeres, sino también los niños varones tienen que mantenerse fuera del radar de los criminales, pues en su caso son reclutados como sicarios y si pretenden escapar, la mutilación es el castigo más benévolo.

Como decíamos, esta realidad resultaría distópica en otro lugar del mundo que no fuera México. Con mucha vergüenza y desgracia para nosotros como nación, la cinta de Hernández Cordón se acerca más a la realidad del documental que a la ficción. Sobre todo en esas zonas del país donde, a través de las noticias, nos enteramos del control férreo del crimen organizado, rivalizando (por decirlo de algún modo) con los gobiernos de esas entidades donde tienen una presencia más que arraigada.

A la manera de "Vuelven", esta película retrata esa realidad violenta desde la mirada infantil y desde ahí logra que la piel se erice y nuestra tranquilidad desaparezca porque el miedo y el horror de lo que está pasando con Huck resulta difícil de describir, ya que es más una sensación de rechazo, de no querer estar en el lugar de la niña y su padre, que de una evocación que nos lleve a la empatía cobijados por la certeza de que se trata sólo de una ficción.

El contraste con esta realidad absurda, violenta, incomprensible es, justamente, la inocencia de Huck y de un grupo de tres niños que viven camuflados a los ojos de los criminales y que a pesar de tener ilusiones como cualquier niño, lamentablemente, el crimen les ha arrebatado su inocencia y buscan venganza o justicia, que en este caso sería lo mismo. Aún así, se dan el tiempo de soñar y sonreír y han logrado tejer un lazo, incluso con Huck para sobrevivir a la barbarie.

La película es cruda y como mexicanos nos duele mucho y nos asusta, porque nos damos cuenta que nuestra realidad violenta no disminuye, a pesar de que la esperanza de que el nuevo gobierno mitigue y acabe con esta situación se mantiene, sin embargo, las noticias van minando día tras día esa esperanza, y el reloj corre.

"Cómprame un revólver" es una película que se debe ver por mucho que nos duela, precisamente, para mantenernos alerta y seguir exigiendo que esta situación violenta se acabe de una vez. No se la pierdan.

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