"Avengers: Endgame", un acto de fe necesario

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La franquicia de super héroes creada por los estudios Marvel hace once años, presentada de manera eufemística como el Universo Cinemático (¿?) de Marvel (MCU, por sus siglas en inglés), es un Fenómeno de una Mercadotecnia Monstruosa (FMM, por sus siglas en español) que utiliza el formato audiovisual para llenar las arcas de los productores, pero no se le puede considerar un fenómeno fílmico per se.

Conscientes del vacío mitológico de la humanidad y la necesidad de creer en otra cosa que no sea el poder del hombre común, sobre todo después del fracaso como especie que significaron dos guerras mundiales devastadoras, algunos visionarios crearon seres poderosos modernos, humanos, extraterrestres o quimeras que hacían su aparición para defender a la gente de todo tipo de amenazas, colectivas y globales y lo hicieron a través de las historietas, conquistando un mercado hasta cierto punto respetable.

Una segunda ola de visionarios, más capitalistas que los primeros, aprovecharon la semilla sembrada durante la primera mitad del siglo XX para masificar lo que los cómics había hecho a menor escala: conquistar el gusto (y en algunos casos extremos hasta la voluntad) de las personas ávidas de creer en algo que no oliera ni a hombre común, por muy carismático que fuera, ni a religiones negadas a evolucionar. Y lo harían a través de uno de los medios más poderosos para la propagación de ideas: el cine

 

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A pesar de que las películas de super héroes han existido casi desde que aparecieron los cómics, éstas se revelaban hasta cierto punto modestas, visualmente hablando, pero conectadas más con la humanidad, o al menos con el vecindario que veía nacer a estos seres. 

Todo cambió con las herramientas que las nuevas tecnologías ofrecieron para poder llevar a la pantalla todo lo que el hombre pudiera imaginar con el realismo con el que colocamos la mano frente a nuestros ojos para poder contar los dedos. 

A cambio, se sacrificó el vínculo humano, ese que les daba razón de su existencia. Al menos en lo visual y argumental eso fue lo que sucedió.

Otro factor que contribuyó a esta masificación fue la aldea global que se creó en torno a internet, sin la cual no se entendería un fenómeno como el que estamos presenciando con "Avengers", un verdadero acto de fe que congrega a millones de feligreses que acuden cual jubileo al llamado de sus pastores de capa y máscara.

Y, precisamente, eso es lo que sucede con el cierre de un ciclo de este llamado MCU y su película apoteósica "Avengers: Endgame": es un acto de fe donde lo menos importante es el relato que se nos cuenta, porque éste ya lo conocemos, hemos leído (visto) los libros sagrados (las películas) y sabemos hacía dónde va la historia e intuimos el final; lo que importa es todo lo que se genera alrededor del Canon: los rituales, el ambiente, los símbolos místicos, la iconografía sagrada, la majestuosidad del templo y, por supuesto, el ministro que oficia la celebración y la forma en que lo hace.

Se nos dice que Jesucristo resucitó y que es hijo de un Dios todopoderoso, y a pesar de lo irracional que pueda sonar la afirmación, creemos, y lo hacemos porque queremos o necesitamos hacerlo y damos por cierto todos los actos milagrosos de este profeta.

De cierta manera, lo mismo sucede con los super héroes y sus relatos que Marvel (y DC Comics, aunque ese es otro asunto) nos ha venido inoculando con el tiempo aprovechando el artificio de los efectos visuales, la estridencia, el discurso apocalíptico y un sermón tan grandilocuente como absurdo. Y a pesar de ello, creemos con devoción.

En este espacio, con cada película de "Avengers", decíamos que la franquicia se estaba convirtiendo en un monstruo que entre más comía y crecía, terminaría por abarcarlo todo devorándose a sí mismo y que aquello que era la razón de su existencia (defender a la humanidad) terminaría por quedar de lado y sólo se daría prioridad a la ilusión de que la existencia del planeta llegaría a su fin.

Al hacer esto, la inverosimilitud se convirtió en argumento; la incongruencia en un recurso utilizado cuando la imaginación no podía explicar ciertos aspectos; los efectos visuales catastróficos y la acción continua, en una fórmula repetida como una oración para alcanzar el éxtasis del público.

Así, "Avengers: Endgame" hace una síntesis de todas las películas del universo de Marvel y funciona como un compilado de relatos de la mayoría de los super héroes, ya sea con un fin nostálgico, ya sea para rellenar los 180 minutos que dura el metraje, pero no para aportar algo novedoso.

Por su puesto que el filme resuelve el conflicto generado por Thanos en "Infinity war", aunque de una manera que en lo personal no nos convence, porque, al igual que otros nudos argumentales en otras cintas, se apela a una treta "científica" a medio explicar o, peor, a la salida fácil que brinda lo mágico y lo fantástico.

Los cabos sueltos y las incongruencias tampoco faltaron en esta película y tendríamos que dar spoilers para argumentar esto. Simplemente diremos que, como cintas anteriores de este MCU , la lógica se retuerce a placer con tal de salir adelante en la trama.

Nos preguntamos, entonces, si era necesario resolver el desastre creado por el super villano "Titan loco" o dejarlo como estaba, pero, como dice el propio personaje, la soberbia de los vengadores (y de sus productores) no soportaron la derrota y buscaron a toda costa la revancha. En el caso de la franquicia, el interés es exprimir hasta el último aliento una historia que se sabe redituable; así es la lógica del mercado.

Con el tamaño de producción que representó este filme y todo el talento actoral involucrado, apenas pudieron medio lucirse algunos de los personajes que han desfilado en este universo a la largo de once años. Unos más, unos menos, otros tantos aprovechados y más de uno desperdiciados o innecesariamente ridiculizados como el caso de Hulk y Thor, ya verán ustedes por qué.

La película sirve para despedir a algunos actores que encarnaron a los super héroes y tal vez esta sea la parte más emotiva de la cinta, porque, a pesar de todo, creemos en ellos. Es un acto de fe.

No les vamos a decir que vean o dejen de ver "Avengers: Endgame" y no porque sea mala o buena película (todo lo contrario), sino porque, para bien o para mal, es un fenómeno de mercado del que difícilmente podemos huir. 

Es más, buscamos ser parte de ello porque lo que necesitamos son actos de fe; creer en alguien o algo supremo que nos haga sentir seguros en un mundo como el que vivimos, a pesar de que estos dioses se alejen cada vez más de los mortales, como antes, como siempre, aunque digan que han salvado al mundo y al universo de la maldad.

Lo que sí es cierto es que tanto dioses como super héroes necesitan de los seres humanos para existir...

 

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