"El complot mongol", un exquisito "noir" a la mexicana

  • "El complot mongol", un exquisito "noir" a la mexicana

    Foto: Internet

El género policiaco no ha sido muy socorrido tanto por la cinematografía como por la literatura mexicanas, salvo honrosas excepciones como las historias del detective Héctor Belascoáran Shayne, personaje literario creado por Paco Ignacio Taibo II que también fue llevado a la pantalla en "Dias de combate", por ejemplo, o el personaje creado por Rafael Bernal:  Filiberto García, un detective poco ortodoxo que demuestra toda su capacidad en la estupenda novela "El complot mongol", que ahora, de nueva cuenta, es llevada a la pantalla por Sebastián del Amo ("El mundo de Juan Orol" y "Cantinflas").

A inicios de la década de los sesenta del siglo pasado, los servicios de inteligencia soviéticos y estadounidenses descubren una intriga en la que la China comunista intentará asesinar al presidente Kennedy en su visita a la Ciudad de México, por lo que la policía nacional y un alto funcionario del gobierno se hacen de los servicios del detective-matón Filiberto García para que investigue aprovechando sus contactos entre la comunidad china que habita en la calle de Dolores, además de sus inusuales tácticas.

A diferencia de la cinta de Antonio Eceiza, de 1977, protagonizada por Pedro Armendáriz Jr., la versión de Del Amo se aleja de la solemnidad y recupera el sentido del humor de Filiberto García y la película se mueve entre un exquisito "noir" a la mexicana y una sátira arrabalera que, por un lado le da sus coscorrones a la polaca mexicana, como al mismo tiempo nos permite reír de los "pinches gringos", los "pinches soviéticos", los "pinches chales", la "pinche Mongolia exterior" y hasta de uno mismo.

 

También te puede interesar: Indignación en redes por Filtración de “Avengers Endgame”

 

En este filme, todo el peso actoral recae en un Damián Alcázar muy disfrutable que lo mismo nos incomoda cuando no le tiembla la mano al jalar el gatillo, que nos enternece cuando se pone romántico y se le cae la baba y no sabe qué hacer al tener de cerca a Martita.

El carisma de Damián Alcázar es aprovechado por Del Amo y en más de una ocasión lo pone a romper la cuarta pared y así Filiberto García externa su opinión sobre los acontecimientos hacia la cámara, lo que hace que el espectador se vuelva un cómplice de las andanzas de este detective.

Y a pesar de que la carga histriónica es de Alcazar, Del Amo supo balancear un reparto muy cuidado que, aunque tiene apariciones esporádicas, los personajes secundarios están más que aceptables. De entrada, sorprende la actuación de Barbara Mori, como la chinita Martita que lo mismo seduce al espectador que lo enternece sin llegar a empalagar; Moisés  Arizmendi como el agente soviético, con un acento delicioso; Javier López (Chabelo) como un general sobrio que hace olvidar al eterno amigo de los niños; Eugenio Derbez que se redime en el personaje del político siniestro Del Valle y Roberto Sosa como un divertido abogado alcohólico que ayuda en sus asuntos a Filiberto García.

Aunque no queramos, la comparación con el filme de 1977 nos sirve para resaltar algunas de las virtudes de la versión de Del Amo, en donde, además de lo ya dicho, hay que destacar el gran trabajo en el diseño de arte, pues si en la primera versión apenas si se deja entrever el Barrio Chino de la capital, donde el tono burocrático abonó a esa solemnidad ya mencionada, en este caso, el también director de "Cantinflas" logra hacer una recreación de época y nos lleva de verdad a los años en que se desarrolla la trama, incluso podría decirse que nos transporta unos veinte años más atrás; los tonos ocres ayudan a ese ambiente arrabalero que nos conecta con buena parte de nuestra cinematografía añeja. 

El vestuario es otro de los elementos que abonan al artificio y basta comparar los atuendos tanto de Pedro Armendáriz como de Damián Alcázar, así como de los personajes secundarios; ese vestido rojo de Martita-Mori, simplemente embelesa.

"El complot mongol", de Sebastián del Amo es una película que sólo podría hacerse en México y en ese pecado lleva la penitencia, pues el fondo y la forma, que están bien logrados, conectan más con el imaginario político y el sentido del humor nuestro, aún así, no dudamos que dentro de las características del género pueda conectar con otras latitudes.

El crítico cinematográfico, Luis Tovar, ha mencionado que el cine mexicano tiene una deuda con nuestra literatura y, a pesar de que tenemos grandes ejemplos de adaptaciones sobresalientes, todavía hay muchas novelas e historias de nuestras letras que siguen a la espera de ser llevadas a la pantalla grande. Por lo pronto, aquí tenemos una muestra de que no necesitamos copiar historias ajenas, pues en México tenemos muchas que valen la pena convertirse en películas.

No se la pierdan.

Notas Relacionadas