"Dumbo", adiós a los elefantes rosas

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    Foto: Internet

Ya no sorprende la avaricia desmedida de los estudiso Walt Disney, tanto absorbiendo compañías como la reciente compra de la cadena Fox, como refriteando sus clásicos animados que ahora lleva a la pantalla grande en el formato de acción viva, como el caso de "Dumbo", en esta ocasión de la mano del excéntrico director Tim Burton.

Curiosamente, con algo o mucho de ironía, el filme reciente de este adorable elefantito de orejas grandes, podría tomarse como una alegoría del propio parque de diversiones del Ratón Miguelito, ya que en la cinta el circo entero, el de los Hermanos Medici, en el que nació Dumbo, fue absorbido por un magnate del espectáculo (muy a la P.T. Barnum) llamado V.A. Vandevere (Michael Keaton), quien tras conocer el éxito del elefante volador hace todos los arreglos para llevarlo a su parque de diversiones y espectáculos, "Dreamland". 

Esto que sucede hacia la segunda mitad del filme, por un lado nos devuelve la magia y el encanto de un espectáculo con mucha producción que, en las manos de Tim Burton, se convierte en un deleite visual lleno de color y un poco de la ya conocida oscuridad del director de "El extraño mundo de Jack", pero, al mismo tiempo, nos arroja una ligera crítica a ese capitalismo norteamericano voraz que cuando le gusta algo, más bien, cuando ve la posibilidad de plusvalía lo compra o lo arrebata.

 

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Pero, para llegar a esta idea, cabe señalar que propiamente esta película no es un "remake" de "live action", sino que es una adaptación muy libre del clásico de 1941 que, más bien, parece la continuación de aquella historia, pues en la última parte de la cinta original el pequeño elefante descubre su potencial volador, y en esta versión, Tim Burton hace que lo conozca, lo reconozca, lo explote y le dé la oportunidad de acceder a la felicidad que se le había arrebatado al separarlo de su madre.

De esta manera, personajes emblemáticos de la cinta original, como el ratón, los cuervos y las elefantas burlonas son sustituidos por nuevos personajes humanos que ayudaran en su travesía al elefante orejón.

Algo que sí es de lamentarse, es la sustitución de la psicodélica secuencia de los elefantes rosas que Dumbo ve cuando se emborracha, escena que Tim Burton recrea con un truco circense de burbujas, delicioso sí, pero no al nivel del de 1941.

A pesar de que ya casi han pasado ochenta años de que esta historia se diera a conocer en pantalla grande, practicamente la película sigue siendo familiar, cuyo mensaje de tolerancia al que es distinto sigue siendo la línea argumental, pero como algunas cosas sí han cambiado en la sociedad, Tim Burtón pudo discurrir temas alternos como el combate al maltrato animal y el circo sin animales, así como uno de confianza hacia los hijos, tanto en el sentido de darles el impulso para realizar cosas por ellos mismos, como el de valorar y respetar su opinión, así como el de apoyar sus decisiones.

En este sentido, encontramos la piedrita en el arroz respecto del estilo del director de "El gran pez", quien, en nombre de los valores familiares le quita algo de oscuridad a la trama, algo que no habría estado mal en usar, pero prefirió la zona del confort y en momentos el filme se vuelve un poco manipulador y cursi.

Esto es extraño porque el mundo circense con sus frikis y sus costumbres es un terreno en el que Tim Burton se mueve como pez en el agua, y en esta ocasión, esta vena se sintió ausente; los "fenómenos" de este circo no estuvieron a la altura de otros que ya nos ha regalado el director.

Las actuaciones anunciadas con bombo y platillo de  Colin Farrell, Eva Green, Michael Keaton y Danny DeVito nada más cumplen su cometido y no llegan al punto de volverse entrañables, quizás un poco Keaton logra ser un villano más que medianón, pero los demás sólo sirven de apoyo al pequeño Dumbo que sin duda se lleva la película.

"Dumbo" es apta para el entretenimiento familiar, enseña valores y nos regala un buen espectáculo visual, pero fuera de ahí no encontramos mayores virtudes, salvo esa que mencionamos al principio de que se hace una ligera crítica a la rapacidad de una empresa del entretenimiento como lo es Disney, pero esto es, más bien, obra de la casualidad, y no algo pensado por Tim Burton, y si lo es, sólo el tiempo nos lo dirá si ya no lo vemos trabajando para la casa del Ratón Miguelito. 

 

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