"Rascacielos: rescate en las alturas", la testosterona al servicio de la pantalla

  • "Rascacielos: rescate en las alturas", la testosterona al servicio de la pantalla

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Dicta la sentencia que entre más alto llegues, la caída será peor, y en el caso de la película reciente del otrora conocido como "La Roca", el musculoso actor Dwayne Johnson, "Rascacielos: rescate en las alturas", queda a la perfección, pues se nota que la producción pretende llegar al top de las ganancias económicas con su estrella exclusiva, pero de tanto llevar el cántaro al agua con este tipo de filmes, en el algún momento tiene que romperse, sobre todo si cae desde lo alto.

En otras palabras: ya "chole" con "La Roca" y sus películas de acción extrema donde él es el "héroe de la película, papá" que siempre sale al rescate de su familia, misión de la que saldrá airoso a pesar de ser un "mortal común" al que (maldita suerte) el infortunio llama a su puerta.

Amable lectora, lector, se preguntarán por qué reseñamos una película que ya lleva una semana en cartelera, bueno, en primer lugar porque resulta que en esta temporada veraniega de blockbusters esta cinta es una de las apuestas de Hollywood para penetrar en los mercados internacionales y dejar grandes ganancias, cosa en la que hasta el momento no se han equivocado, pues en su primera semana de exhibición la película de Johnson lleva un acumulado en nuestro país de 109.02  millones de pesos, de acuerdo con cifras de la Canacine, ocupando el segundo lugar, sólo por debajo de "Hotel Transylvania 3: Monstruos de vacaciones".

 

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En segundo lugar, recurrimos a este filme porque los estrenos comerciales de esta cuarta semana de julio no son para nada atractivos, pensando en el bodrio "Te atrapé" y la ya no tan interesante "12 horas para morir: el inicio", así que preferimos revisar con qué "aventura" nos llegaría "La Roca".

Si usted ha visto las películas recientes de Dwayne Johnson:  "Terremoto: La falla de San Andrés"(2015),  "Jumanji: En la selva"(2017), "Rampage: Devastación"(2018), no se perderá gran cosa con "Rascacielos: rescate en las alturas", pues es el mismo poder de la testosterona al servicio de la pantalla, ya que, más que la inteligencia, astucia, sentido del humor y no se diga un inexistente desparpajo o rebeldía, los personajes de Johnson se apoyan en un noventa por ciento en su fuerza física para salir avante de las dificultades del camino, mismas que, como decíamos, le caen por obra y gracia de la casualidad; haciendo honor al dicho: "cuando te toca, aunque te quites", y a este hombre siempre le toca sufrir un poquito para triunfar al final.

Bajo esta premisa, la película se hace predecible desde los primeros minutos: en la secuencia inicial cuando nos muestran el antecedente del personaje y la desgracia que le ocurre, la que lo llevará a su futuro en la historia, se adivina, casi al instante, que algo habrá de pasar, y así es.

Pasada la elipsis, encontramos al protagonista con su familia ocupando un apartamento en el piso 98 de la torre más grande del mundo de más de 200 pisos, construida en Honk Kong (por fortuna ya no en Nueva York), en donde Johnson es una especia de consultor encargado de la seguridad del edificio, por lo que, se nos dice, conoce de "pe" a "pa", las instalaciones, como si él hubiera sido el arquitecto del proyecto o el mismo dueño, quienes, se nos da a entender, conocen menos la estructura babilónica.

Hablando de la soberbia de Babel, cuyo objetivo era tocar el cielo, aquí también vemos una especie de castigo a la arrogancia humana de querer alcanzar a Dios, por lo que, de inmediato también, aparecen los malosos, casi terroristas, que de una manera muy fácil logran penetrar al edificio que se supone debe ser toda una fortaleza, pero no lo es. Así que logran hacerse del control de la seguridad y operación del rascacielos con la pequeña ayuda de una persona cercana, a la que también, durante su breve aparición, descubrimos pronto que está involucrada en el atentado.

Lo que hacen estos "malosos" es comenzar un incendio en uno de los pisos medianos de la torre y que en breve se encargarán de propagar para darle en la idem al "odiado" rival, dueño de esta construcción. El conflicto se agudiza cuando la familia del protagonista está en el edificio a la hora del atentado, por lo que hará  todo por rescatarla.

Lo demás lo pueden adivinar: el hombre musculoso tiene que enfrentar ciertos obstáculos para lograr su cometido. Ah, claro, para que el asunto no sea tan obvio, a alguien de la producción se le ocurrió ponerle las cosas más difíciles al héroe: una discapacidad que hará todavía más complicada la hazaña.

Lo malo es que por mucho que le pongan al protagonista los obstáculos más absurdos con algo de verosimilitud para que nos traguemos el argumento y, en algunos casos, nos pongan en alerta, la idea de que el hombre habrá de salir airoso, pase lo que pase, nos quita todo el sabor que la acción y los efectos especiales que la hacen más dramática puedan darnos. En otras palabras, de nada sirve que nos emocionemos con las dificultades y peripecias de los personajes si de entrada sabemos que el músculo habrá de imponerse y logrará salvar la vida y la de los suyos.

Bien podría decirse que si ya sabemos que habrá final feliz, por qué carambas entramos a ver una película así. En ocasiones es, precisamente, para ver cómo se resuelve la trama, si lo hace desde un guión decente al menos, o desde una propuesta narrativa que evite los convencionalismos. Por desgracia para todos, ninguna de estas premisas existen en este filme. 

Como ejemplo de las incongruencias sólo mencionaremos una para no echarles a perder la experiencia: cuando la esposa del protagonista se ve en dificultades, lo que implica luchar contra su agresor, curiosamente lleva una tijeras en la bolsa de su pantalón y con ellas logra librarse momentáneamente al usarlas como arma. O una de dos: o era costurera de tiempo completo o admiraba a "Cositas" (personaje infantil de la televisión mexicana que hacía manualidades).

Si bien es cierto que hay películas que sólo sirven para el entretenimiento, cosa que está bien, pues son parte de este negocio, también es verdad que el nivel de estas no debería apelar a la idea de que el público es tonto y se conforma solamente con peleas, persecuciones, destrucción, y aunque exista quien sí consume cine por estas razones, debería al menos hacerse un esfuerzo por no trabajar de una forma chambona.

Por supuesto, el asunto está en no ver este tipo de películas, pero cabe decir que si nos las ofertan como lo mejor del verano y nos bombardean con tanta publicidad, y las exhibidoras nos las ponen en hartos horarios y una temporada más larga que otras, lo justo es decir que no, no son la neta del planeta. 

 

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