"Una familia peculiar", la voluntad del papá soltero

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El tema de los padres solteros ha sido tratado en el cine si no de manera recurrente, sí al menos de forma significativa en algunos casos en géneros como el drama y la comedia; de bote pronto nos vienen a la memoria papás que han dejado huella como Chris Gardner (Will Smith) en "En busca de la felicidad" (2006); Ben Cash (Viggo Mortensen) en "Capitán Fantástico" (2016) y Royal Tenenbaum (Gene Hackman) en "Los excéntricos Tenenbaum" (2001).

Precisamente estos dos últimos sobresalen por su excentricidad o rebeldía en el trato y educación de sus hijos, que navegan a contracorriente contra el statu quo y las normas pedagógicas que para ellos resultan inconvenientes. 

Algo por el estilo es lo que sucede con Denis Patar (Gustave Kervern) en la cinta francesa "Una Familia Peculiar" que hace unos meses formó parte de la programación del 21 Tour de Cine Francés y que esta semana llega a la cartelera comercial para refrescar la temporada veraniega que, en nuestro caso, está compuesta de casi pura película gringa.

 

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A grandes rasgos el filme versa sobre un hombre medio activista que conoce a su pareja en una protesta callejera en el París de los años Ochenta, a quien acompañará en su vida y claro, en las marchas venideras, y que con el tiempo sus dos hijas pequeñas también habrán de entrar a la dinámica del activismo. Bueno, esto se sobre entiende, porque a los pocos minutos nos enteramos que la madre ha muerto y que ahora aquel joven ochentero se queda a cargo de sus pequeñas.

Lo peculiar de esta familias es, justamente, que no tienen nada de peculiar, pues el espíritu de libertad de decisión es la filosofía que impera en la casa; si tienes ganas de hacerlo, hazlo, si no, no lo hagas lo que por supuesto acarrea (sin afán de criticar) una ligera anarquía en el hogar que se ve controlada y matizada por la "buena" relación afectiva entre lo tres. 

Y entrecomillamos "buena" porque ninguna familia es perfecta por mucha que se la rigidez o flexibilidad en la educación y formas de relacionarse, cosa que sucede aquí cuando un evento, consecuencia de la responsabilidad del padre al tener dos empleos, uno de día y otro de noche para mantener más a menos a sus hijas, lo que a su vez le genera la imposibilidad de cuidarlas al cien, provoca que el Estado intervenga para ver la conveniencia de que el padre sea apto o no para encargarse de ellas.

En torno a este conflicto gira la gran parte de la película y el tono de comedia dramática da la pausa para tener una película entretenida, sí predecible en algunas cuestiones, pero con sorpresas en otras, sobre todo en la forma de contarnos la historia que para nada cae en las cursilerías y exageraciones de "No se aceptan devoluciones", aunque la tentación esté latente.

De hecho, el filme logra cierto equilibrio entre el drama y la comedia; lo mismo reímos que sufrimos, sobre todo si somos padres, pero nunca se nos manipula para arrancar la lágrima fácil, ni se nos trata como tarados que con cualquier chiste pastelero quieran hacernos reír.

De la misma forma, cuando creemos que la cinta se encamina al final feliz donde una tercera (cuarta, mejor dicho) en cuestión llega a mover el tapete de este papá soltero, resulta que la directora del filme, Sophie Reine (su ópera prima), dice, no, no, no, el final feliz no va por ese camino. Tampoco decimos que termina de manera triste, simplemente sucede lo que sucedería en la mayoría de los casos similares en la vida real; no hay héroes ni villanos.

Y aunque Gustave Kervern logra dibujar un personaje emotivo, nos seguimos quedando con Viggo Mortensen y Gene Hackman en sus papeles de padres ya mencionados. La película es buena para pasar un rato agradable en familia, donde lo mejor es la banda sonora que incluye temas ni más ni menos que de David Bowie, inspiración de estos padres activistas del filme y de sus hijas también. 

 

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