"Eso" regresa para sangrar los bolsillos del público

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Resulta divertidamente horroroso cómo la industria de Hollywood hace todo por ganarse unos cuantos millones de pesos a costa de la nostalgia de los amantes de algún género en específico (porque para todos los gustos siempre habrá un refrito, eufemística y anglosajonamente llamado "remake") al revivir una película o serie que los mismos aficionados han elevado al nivel de "clásico" o de "culto", algunos filmes merecen tales honores; la mayoría, no.

Esto a colación del estreno del multi publicitado filme "Eso", una nueva versión de la novela de Stephen King, cuyo antecedente audiovisual es la miniserie producida en 1990, cuyo objetivo no es otro mas que llegar a un público potencialmente rentable que tiene a esta película como uno de sus "bellos" recuerdos de infancia: haber visto dicha película.

Como mencionamos en la entrega pasada, donde también abordamos un "remake" ("El seductor"), cuando existe un filme previo es inevitable hacer comparaciones, pero, hay que señalar que en esta ocasión nos resulta un tanto ocioso hacer el parangón sobre todo porque el fenómeno "Eso", es ampliamente conocido y difundido, tanto en su formato audiovisual como literario, y no dudamos que mucha gente ya haya ido a ver la versión dirigida por Andy Muschietti o esté próxima a hacerlo, por lo que, sólo, en algunos puntos mencionaremos las diferencias entre las dos cintas.

 

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De entrada, el "Eso" del 2017 omite la parte donde los siete protagonistas son adultos y sólo a través de flash-backs conocemos su infancia, que es el punto detonante y significativo de la historia, por lo que ahora las poco más de dos horas que dura esta película está centrada en la infancia de los pequeños que luchan contra la entidad horrorosa que ellos llaman "Eso", la cual, a pesar de adquirir la forma física que le plazca, opta por ser un payaso.

La parte donde estos muchachos son adultos y se reencuentran en Derry, el pueblo de su infancia, para volver a enfrentar al payaso tenebroso, quedará para una segunda entrega, teniendo así que, de una versión noventera de 3 horas y nueve minutos de duración, ahora, en la segunda década del siglo XXI, tendremos dos películas de más de dos horas y no sin malos resultados de taquilla, para que notemos que detrás de el producto final en la pantalla, existe una investigación de mercado acuiciosa.

Esta decisión de los productores de dividir la historia en dos entregas (además de generar doble ganancia), permite que esta primera parte sea más detallista con la historia de los niños protagonistas, así como un mayor apego al libro de King y, hasta cierto punto, una mayor claridad de su director para contarnos la historia.

Por ejemplo, puede ser un acierto que en esta ocasión se enfatice más la problemática social y familiar de estos niños, como en el caso de Beverly Marsh (Sophia Lillis ), a quien vemos sufrir por un padre abusador, y así en los demás casos que van desde la culpa por la muerte de un hermano hasta la discriminación por racismo o apariencia física, pasando por la sobreprotección materna y la orfandad.

Todas estas características nos dejan ver los miedos naturales de estos pequeños, mismos que se hiperbolizan en las visiones terroríficas de "Eso" y las formas que adquiere con base en los temores de los niños.

Sobra decir que el acoso escolar que padecen los siete chicos es el ambiente que refuerza la hostilidad en sus vidas, lo que los hace presas atractivas a los depredadores, los cuales, si forzamos el juicio, puede ser cualquier ser humano con la suficiente maldad de hacer daño, lo que lo convierte en un monstruo quizás más aterrador que el que vemos en la pantalla, y vaya que de esos tenemos muchos en nuestro país, por desgracia.

En este sentido, la película opta por no engancharse en estas cuestiones y decide por seguir la ruta del terror, máxime si veintisiete años de su antecesora, la tecnología le permite hacer uso de efectos especiales (visuales y sonoros) con mayor realidad, por lo que estos forman parte indisoluble de la cinta. La experiencia se acentúa si la ven en una sala de cine, pues el diseño de audio se explota al máximo en aras de provocar miedo, o al menos incertidumbre.

En otras palabras, se privilegia el susto sorpresivo que hace saltar al espectador de su butaca que la exploración psicológica de los personajes involucrados, algo que sí tiene un poco más la versión de 1990.

Para redondear el "asusto", perdón, el asunto, el filme está pensado, planeado y ejecutado para un cierto tipo de público como ya lo habíamos inferido líneas arriba. Se trata este de la generación Millenial, la cual, en su adolescencia, conoció al payaso "Pennywise". 

Por lo cual, el director y la producción decidieron trasladar los hechos a la "gloriosa" década de los 80, en lugar de los años 50 como se establece en la novela y la miniserie y así anclar cierta nostalgia con un publico que ronda entre los 20 y 50 años; grupos de música pop, juegos de video y vestimenta de la época, son los guiños para engancharlos. 

"Eso", es solamente eso: un "remake" de una historia que ya conocíamos que, con la ventaja de la tecnología y una forma más fresca de narrar los acontecimientos, busca seducir nuevos públicos, pero, principalmente, llevarse, ahora sí a las profundidades de las cloacas a esos otrora niños que ya tenía enganchado; Eso vuelve por su globo que hace 27 años les regaló. Y tú, ¿aceptaste ese globo?

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