"Tras la tormenta", ¿en verdad vendrá la calma?

  • "Tras la tormenta", ¿en verdad vendrá la calma?

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Como adultos, cuántas veces nos hemos preguntado si la vida que tenemos es la que realmente queríamos vivir; qué tanto hemos cumplido con los sueños y anhelos que teníamos de niños respecto de eso que se llama "ser grande", o que tanto valoramos o no las cosas y momentos que nos pueden hacer felices o de plano es demasiado tarde para darnos cuenta que lo que teníamos era suficiente.

Estos cuestionamientos son algunos de los que se plantean en la película japonesa "Tras la tormenta", del director Hirokazu Koreeda, un drama contemporáneo que no parece tal, sino que es una constante reflexión de los que significa ser padre, ser hijo, ser hermano y esposo; es una cinta que refleja una madurez de su director que contrasta con la de su protagonista.

Shinoda Ryôta (Hiroshi Abe) es un escritor con una novela exitosa, a quien la suerte del campeón lo ha abandonado y en la actualidad fílmica se "gana" la vida como detective privado, según, para inspirarse y tener material para su próxima novela que, por lo que se mira, nunca llegará.

 

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Su situación económica es complicada y esta se acentúa por la adicción a las apuestas que no lo dejan salir de la mediocridad en que vive y, suponemos, la misma que influyó en su divorcio y quizá en el derecho a seguir viendo a su hijo de once años.

Esta es la tormenta metafórica de Ryota a la que se refiere el director en el título de la cinta, porque, la real, es un tifón que se aproxima a la ciudad y que servirá como última oportunidad al personaje para recuperar lo que ha perdido.

Decíamos al principio que este no es un drama como tal, en el sentido de que no existe una tragedia que detone la historia, pero sí lo es en el sentido de que el comportamiento de su protagonista es una verdadera desventura, ya que, tras haber probado las mieles del éxito, ahora no sabe por dónde dirigir su camino.

Y esto no quiere decir que sea algo malo, por el contrario, el director nos muestra a un hombre común y corriente, en toda su transparencia, con sus defectos y virtudes, claro, destacan más los primeros, lo que lo hace, además de verosímil, cercano a cualquiera de los que están en la sala de cine y eso hace que las interrogantes que se plantearon al inicio, nos calen de verdad.

Más allá de esta insistencia, la película también toca el tema de la familia y si bien no con el protagonismo de Ryota, sí con una buena dosis de momentos que permiten que los demás personajes sobresalgan.

Principalmente el de la madre de Ryota quien representa la tradición japonesa (y de muchas culturas), pero que no se niega a los tiempos que le toca vivir y aunque quiera cambiar la situación de sus hijos, entiende que son ellos los que tienen que vivir su vida, sufrir su errores y aprender de ellos; a ella sólo le queda dar consejos llenos de sabiduría, y vaya que en una secuencia lo pudimos disfrutar.

La esposa también es una cátedra de madurez, de educación y cordialidad, pero sobre todo de dignidad, primero al separarse de Ryota y después en la manera en que educa a su hijo y la forma de comportarse durante la tormenta en casa de su ex suegra.

Reza el dicho que, tras la tormenta llega la calma, en este caso, esa quietud funciona más como una esperanza para el protagonista, pero, lo cierto es que no existe tal certeza.

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