"La libertad del diablo", cuando la violencia anda suelta

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    Foto: Internet

Después de su exitosa participación en los festivales de Berlín y Guadalajara, el documental "La libertad del diablo", de Everardo González ("La canción del pulque"), llega a la Cineteca Nacional, en el marco del 37 Foro Internacional, para después itinerar en el circuito cultural por algunos estados de la República, en espera de que llegue a la cartelera comercial (lo más pronto posible, sería nuestro deseo).

Esta ansia responde a que este filme es de esos que cuando uno acaba de verlo quiere que todas las personas allegadas lo conozcan también, porque es catártico; es como esa cosquilla que sentimos cuando nos sucede algo extraordinario o muy trágico y necesitamos contárselo a alguien, bien sea para compartir la emoción, bien, para que nos abracen y reconforten.

Justamente, estas dos emociones, en apariencia ambiguas, son las que nos quedan al salir de la sala de cine y haber presenciado los testimonios de víctimas y victimarios de esa ola de violencia interminable perpetrada por el crimen organizado, padecida por miles de familias inocentes, azuzada por el gobierno del ex presidente Felipe Calderón, desdeñada por las autoridades de esta administración e indiferente para muchas de nuestras conciencias (mientras a nosotros no nos pase...).

 

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"La libertad del diablo" es, exactamente, eso, un ejercicio de libertad de expresión, un acto de contrición ante la cámara paciente y ecuánime de Everardo González que permite a los involucrados desnudar su alma mediante un recurso tan simple a la vez, como poderoso: una máscara, la cual, además de permitir el anonimato, los libera para entablar un soliloquio de dolor, en unos casos, de arrepentimiento, en otros.

Explicaba el propio Everardo que, de esta manera, al quitar el rostro de la pantalla, el público miraría a los ojos a las víctimas, lo que provoca que, al estar frente a frente, se crea una  empatía más que necesaria, pues, parte del problema de la violencia es que el dolor del otro nos es ajeno porque lo sentimos lejano al verlo, simplemente en la noticia del día. 

Así, podemos ver y escuchar la voz de una jovencita, cuya madre se dejó "levantar" por los delincuentes para protegerla; podemos sentir las lágrimas de una madre que vio cómo la policía se llevó a sus hijos y que después de un calvario de burocracia, reconoció los zapatos de estos enterrados en esos parajes de la ignominia; o, podemos sentir el miedo de un hombre que buscó la forma de llegar a los cabecillas de la delincuencia para obtener algo de información del paradero de su hermano desaparecido.

Y en contraste, escuchamos los testimonios de un par de sicarios quienes cuentan el proceso de deshumanización que vivieron desde su primer homicidio hasta su último "muertito", y que por 50 o 60 mil pesos podían ejecutar una persona a sangre fría.

De la misma manera un ex policia federal y un ex militar relatan cómo llega a ser, en muchos casos, la dinámica de las autoridades con el crimen organizado, ya sea para ejecutar a delincuentes, "así no seguirán asesinando", como para entregar gente a estos; la corrupción y la impunidad son el pan de cada día: "... es un asco pertenecer al ejército", dice el ex militar.

Al igual que "Tempestad", de Tatiana Huezo, "La libertad del diablo", es una propuesta excepcional que denuncia la violencia actual en nuestro país, con un gran toque del sentido artístico, ya que, a través del arte, la gente logre sensibilizarse y, sobre todo, empatice con las victimas, porque, con gran pesar, sabemos que el diablo anda suelto, anda libre, y en cualquier momento y en cualquier lugar se nos puede aparecer.

Por eso, amable lector, lo invitamos a que no deje de ver este desgarrador relato. Por lo pronto, búsquelo en la Cineteca Nacional y espérelo en su ciudad en el marco del Foro Internacional de la Cineteca y, ojalá, muy pronto en la cartelera comercial de todo el país.

 

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